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Política

Las razones de la guerra comercial entre EEUU y China

La agudización del conflicto entre ambas potencias amenaza con frenar la economía mundial.

Madrid
Los presidentes Donald Trump y Xi Jinping.
Los presidentes Donald Trump y Xi Jinping. (Nicolas Asfouri/AFP

"Le digo abiertamente al presidente Xi y a todos mis amigos en China que China quedará muy perjudicada si no llega a un acuerdo" con Estados Unidos", tuiteó este lunes el mandatario estadounidense Donald Trump.

Una hora y media después, el Gobierno chino elevó los aranceles de un 10% al 25% para un monto de 60.000 millones de dólares de importaciones estadounidenses. 

La medida, ignorando el aviso de Trump, se activaba como represalia a la aplicación tres días antes, por parte de Washington, de un gravamen impositivo del 25% a una lista de productos chinos por valor de 250.000 millones de dólares, que representan prácticamente la mitad de las importaciones procedentes del país asiático.

De este modo, se reanuda la guerra comercial iniciada en marzo del año pasado entre las dos principales potencias económicas del planeta, pese a la tregua pactada por Donald Trump y Xi Jinping en una reunión bilateral al margen de la cumbre del G20 en Buenos Aires a principios de diciembre.

Claves del conflicto

Estados Unidos acusa a China de forzar la transferencia tecnológica, ya sea poniendo dicho traspaso como requisito para entrar en el mercado chino u obligando a las empresas extranjeras a producir con compañías locales.

También le reclama a Pekín una mayor apertura a la inversión extranjera, así como la reducción de los subsidios a las empresas chinas.

China, por su parte, insiste en su voluntad de negociar un acuerdo con EEUU, pero sin ceder a condiciones que considera lesivas para su soberanía, puesto que pretenden conseguir la modificación de su propia legislación. Una injerencia inadmisible, según Pekín.

El contencioso con el gigante asiático se enmarca dentro de la estrategia de la Casa Blanca por reducir el déficit comercial estadounidense, que en 2018 alcanzó los 891.000 millones de dólares, el más alto en diez años.

Con China, de hecho, el saldo negativo registró un récord de 419.000 millones de dólares, un 12% más que en 2017. Pero la balanza comercial también tuvo déficits históricos con México (81.500 millones de dólares) y con la Unión Europea (169.300 millones de dólares). 

No en balde, en marzo del año pasado, EEUU impuso nuevos aranceles a las importaciones de acero y aluminio de todo el mundo. Y, sobre todo, renegoció sus acuerdos comerciales con Canadá y México, al igual que con Corea del Sur. 

En este sentido, Washington está revisando sus tratados con Japón y mantiene un pulso con la UE, a la cual acusa de aprovecharse comercialmente de EEUU a semejanza de China.

El campo de batalla de la tecnología

En la disputa con China, sin embargo, entra también en consideración la lucha por la supremacía tecnológica y geoestratégica en la que están enfrascadas ambas potencias.

Este miércoles, por ejemplo, Donald Trump firmó una orden ejecutiva destinada a proteger las redes de telecomunicaciones estadounidenses y que permite prohibir que las empresas cierren contratos con proveedores extranjeros.

La medida, que constituye de facto una obstrucción al despliegue en el mercado estadounidense de la compañía china Huawei, aunque esta no haya sido mencionada, representa otro paso más en el conflicto comercial con China.

Ya en agosto del año pasado la Administración Trump había promulgado una ley que prohibía a las instituciones gubernamentales del país y a sus contratistas comprar equipos y productos al conglomerado tecnológico chino. En lo adelante, con la aplicación de la orden ejecutiva, tanto las grandes compañías como las pequeñas empresas del sector privado tampoco podrán recurrir a la tecnología de Huawei.

Washington teme que los dispositivos chinos estén habilitados con puertas traseras que le permitan al Gobierno de Pekín infiltrarse en sus sistemas informáticos y acceder a informaciones estratégicas, cuando no cortar las comunicaciones en caso de conflicto.

China, por su parte, considera que esto es parte de la estrategia de EEUU para frenar su expansión tecnológica. 

La modernización del gigante asiático durante la última década ha sido fulgurante. En 2017, por ejemplo, según la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), China fue el país del mundo que más patentes registró (cerca del 40% del total), el doble de las inscritas por EEUU. 

Actualmente, varias de sus compañías, como Huawei, despuntan en el panorama tecnológico internacional, y el país está a la vanguardia en campos como la inteligencia artificial y la criptografía cuántica. 

Por si fuera poco, ninguna empresa estadounidense compite por ahora con las chinas en el campo de la tecnología 5G, que augura conexiones móviles mucho más rápidas, la existencia de coches autónomos, de ciudades inteligentes, de robots que trabajen en red, etc. 

El pulso por la primacía tecnológica acompaña naturalmente la lucha por el grado de influencia en el escenario internacional.

En 2013 el contratista de inteligencia Edward Snowden reveló cómo la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU (NSA, por sus siglas en inglés) había logrado montar un sistema de espionaje global con la anuencia de los grandes emporios estadounidenses de la tecnología digital (Microsoft, Google, Yahoo, Facebook, AOL, Apple).

Y Vladimir Putin llegó incluso a afirmar que quien domine el campo de la inteligencia artificial gobernará el mundo.

No obstante, la interdependencia de las dos principales economías del mundo hace inevitable que la escalada en las represalias comerciales, de seguir, termine golpeando a ambas por igual.

No es de descartar que una agudización de la guerra comercial se traduzca en una desaceleración económica no solo en EEUU y China, sino también en el resto del planeta.

Por lo pronto, las esperanzas de evitar semejante desenlace radican en una posible reunión entre Donald Trump y Xi Jinping en junio en Osaka, Japón, durante la cumbre del G20.  

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