Viernes, 23 de Agosto de 2019
Última actualización: 02:34 CEST
Política

Irán, el pacto nuclear en peligro

El presidente estadounidense, Donald Trump, y homólogo iraní, Hasan Rohaní. (AFP)

 

"La Unión Europea no ha logrado cumplir sus promesas económicas a Irán. La postura europea es buena en palabras, pero no en hechos", ha declarado esta semana el presidente iraní, Hasan Rohaní, al anunciar que su país suspenderá algunas de sus obligaciones con el acuerdo nuclear firmado en 2015 y avalado entonces por Rusia, China, EEUU, Francia, Reino Unido, Alemania e Irán.

El Plan Integral de Acción Conjunta (PIAC, nombre oficial del acuerdo), que entró en vigor en enero de 2016, impone restricciones al programa nuclear iraní, supervisadas periódicamente por el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA).

La clave del acuerdo consiste en retardar el plazo que necesitaría Irán para desarrollar, si así lo decidiera, una bomba atómica y en asegurarse que el programa nuclear de la nación persa persiga exclusivamente fines civiles. 

En el pacto Irán se comprometió a desconectar dos tercios de sus centrifugadoras, sacar del país la casi totalidad de su uranio enriquecido e inutilizar su principal reactor de plutonio. Según la OIEA, hasta ahora Teherán ha cumplido cabalmente dichos compromisos.

A cambio de estas restricciones, EEUU y la UE levantaron las penalidades impuestas en el pasado para forzar al régimen de los ayatolas a frenar el desarrollo de su programa nuclear.

Una economía asfixiada

En mayo del año pasado, sin embargo, y pese a la oposición de sus aliados europeos, EEUU rompió unilateralmente el acuerdo y desde entonces ha instaurado un plan de represalias económicas destinado a asfixiar al Gobierno iraní.

La Administración Trump, respaldada por Israel y Arabia Saudí, adujo que el PIAC le daría un respiro a la República Islámica para más adelante retomar el programa atómico con mayor determinación. 

Las sanciones buscan reducir al mínimo las exportaciones de Irán en los sectores que le proveen la mayor parte de sus ingresos, el petróleo y los materiales industriales (hierro, acero, aluminio y cobre). También penalizan a las empresas extranjeras que inviertan en el país, mediante multas o dificultándoles el acceso al sistema financiero y al mercado estadounidenses.

Este arsenal de medidas ha golpeado fuertemente la economía iraní en el último año. Antes de que EEUU se retirara del PIAC Irán exportaba 2,6 millones de barriles de crudo diarios, actualmente sus exportaciones rondan el millón de barriles por día. 

Como consecuencia la economía persa se contrajo en 2018 un 3,9%, las recetas fiscales del Estado han caído un 20%, la inflación alcanza el 35%, el rial (la moneda iraní) se ha depreciado un 60% y el desempleo supera el 12% (27% en los jóvenes). 

Este contexto de asfixia económica explica la decisión iraní de desistir en lo adelante de ciertas obligaciones estipuladas por el PIAC como limitar sus reservas de uranio enriquecido y de agua pesada.

La República Islámica no solo anunció la suspensión de ciertos puntos del PIAC, sino que le dio un plazo de 60 días a la UE, que ha hecho lo posible por mantener el acuerdo, para que encuentre soluciones eficaces para que Irán pueda sortear la veda estadounidense a la venta de su petróleo y a la realización de transacciones bancarias internacionales.

Pese a haber creado un dispositivo jurídico (Vehículo con Cometido Especial) para que las empresas europeas puedan evitar el control estadounidense sobre las operaciones comerciales con Irán, la UE no ha logrado impedir que sus compañías se retiren del mercado iraní por temor a las penalidades estadounidenses. Algo que ha contribuido al deterioro de la economía persa.

El ultimátum de Teherán ha sido rechazado por la UE. En un comunicado conjunto, los tres países de la Unión implicados en el pacto (Alemania, Francia y Reino Unido) y la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, le piden a Irán que se "abstenga de cualquier escalada" y reafirmaron su compromiso con el PIAC.

Un escenario complejo

No obstante, este nuevo escenario puede tensar aún más las relaciones entre la UE y EEUU, debido a los repetidos desencuentros con la política exterior promovida por la Administración Trump: salida del Pacto contra el Cambio Climático, reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel, activación de la ley Helms-Burton, conato de guerra comercial.

Los europeos, en sintonía con Rusia y China, sostienen que el acuerdo es fundamental para evitar la proliferación nuclear en Oriente Medio. 

El Gobierno estadounidense, en cambio, insiste en renegociar el pacto poniendo otras condiciones sobre la mesa como el cese del programa balístico de Teherán y el retiro de la injerencia iraní en países de la región como Siria, Irak, Líbano, Yemen. 

Irán, por su parte, hace valer la amenaza que, desde comienzos de siglo, han representado para las comunidades chiitas movimientos terroristas como Al Qaeda y el Estado Islámico.

En este sentido, en más de una ocasión Teherán ha señalado al reino sunita de Arabia Saudí como el instigador la violencia sectaria en la región. En septiembre pasado, por ejemplo, el líder supremo de la República Islámica, el ayatola Ali Jamenei, denunció que los autores del atentado que dejara 25 muertos en la ciudad iraní de Ahvaz estaban "financiados por los regímenes de Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos". 

El Gobierno iraní percibe pues las sanciones impuestas por EEUU como una intervención de la gran potencia en favor de sus aliados, Arabia Saudí e Israel, que son a la vez los enemigos jurados de Irán en la región.

No es de sorprender que la República Islámica encuentre a su lado como principal aliado a Rusia, repitiéndose así el pulso entre Moscú y Washington en otros puntos sensibles de la escena internacional: Siria, Venezuela.

En todo caso, como señala el semanario británico The Economist, la estrategia de la Casa Blanca en lugar de doblegar al régimen de los ayatolas le ha dado alas al sector más pugnaz. Así, en ambos lados los halcones llevan en estos momentos la voz cantante. Y la decisión estadounidense de enviar un portaviones al golfo Pérsico por supuestas amenazas iraníes hace temer una escalada.

A menos que la UE logre persuadir a Washington y Teherán de privilegiar el diálogo, los próximos meses se anuncian particularmente tensos en la región.