Miércoles, 19 de Diciembre de 2018
Última actualización: 02:13 CET
Política

'Uno de los grandes desafíos de Argentina es constituirse realmente como una república laica'

Jóvenes argentinas tras conocer el rechazo del Senado a la legalización del aborto. (EITAN ABRAMOVICH/AFP)
El diputado argentino Fernando Iglesias. (CLARIN)

"Vinimos a cambiar el país, no a consagrar el statu quo hecho de abusos, de discriminación sexista, social y de desigualdad", dijo Fernando Iglesias, diputado de la coalición oficialista Cambiemos, en una de las intervenciones más aclamadas durante la maratónica sesión de junio, en que la Cámara de Diputados de Argentina aprobó en primera instancia un proyecto de ley para legalizar el aborto

Iglesias fue incluso aplaudido por los representantes del kirchnerismo, del que siempre ha sido un crítico acérrimo.

Sin embargo, la semana pasada, el Senado argentino rechazó seguir los pasos de la Cámara Baja, cerrando el paso a la legalización del aborto en el país suramericano.

En conversación con DIARIO DE CUBA, el diputado argentino da su opinión sobre el debate legislativo que ha mantenido en vilo a Argentina en los últimos meses. 

Después de la aprobación del proyecto de ley de legalización del aborto en la Cámara de Diputados y ante la fuerte movilización social en las calles y el apoyo masivo que ciertas encuestas le otorgaban al proyecto de ley, en un principio se pensó que el Senado también daría el visto bueno. ¿Cómo se explica su rechazo? 

Hay varios factores. El primero es que no es cierto que la opinión pública estaba masivamente a favor de la legalización del aborto. 

La opinión pública en Argentina está muy dividida, sobre todo entre los polos urbanos y el centro del país, que corresponden a las zonas más desarrolladas, y las provincias del norte, que presentan un desarrollo económico y socio-político mucho menor. 

Estas provincias, por decirlo de algún modo, constituyen todavía pequeños territorios feudales.

Así que el país no estaba masivamente a favor del aborto, estaba dividido en dos partes relativamente similares. 

En la Cámara de Diputados el balance fue a favor de la ley, ya que en esta instancia hay una representación proporcional de los ciudadanos y, por tanto, el peso demográfico cuenta. En efecto, las provincias del centro son no solo las más desarrolladas sino las más pobladas. 

En cambio, en el Senado se impuso el no. Y es que aquí el peso demográfico no importa, cada provincia cuenta con igual número de representantes.

La gran influencia de las poblaciones y de las iglesias locales sobre los senadores de estas regiones hizo que finalmente la ley se quedara trabada en el Senado. 

Justamente, la presión de la Iglesia Católica parece haber sido determinante. ¿No resulta inquietante esta influencia en un Estado laico?

Sin dudas este es uno de los grandes desafíos de la Argentina, el constituirse realmente como una república laica. 

Según la Constitución lo es, pero en muchos aspectos prácticos no es así. El Estado argentino, por ejemplo, sigue pagando sueldos a los obispos, algo que me parece inaceptable, a estas alturas del siglo XXI. 

Además, la Iglesia argentina tiene una larguísima tradición de injerencia en asuntos civiles y siempre en contra de todo tipo de modificaciones progresistas: se opuso a la ley de divorcio, al matrimonio igualitario y ahora se opone al aborto. 

Y el hecho de que tengamos un papa argentino no es ajeno a este problema, pues ha reforzado el poder de la Iglesia. 

El núcleo duro de la coalición gubernamental a la que usted pertenece, Cambiemos, está constituido por Propuesta Republicana (PRO) y la Unión Cívica Radical (UCR). PRO se define como liberal, mientras que UCR ha sido históricamente promotor de la laicidad en Argentina. Sin embargo, en los bloques de la coalición prevaleció el no al proyecto de ley. ¿Cómo se explica esta paradoja? 

Yo creo que la principal responsabilidad de que en estos momentos no exista una ley que legalice el aborto en Argentina recae sobre todo en la expresidenta Cristina Kirchner, quien durante ocho años gozó de una mayoría en ambas cámaras y de un bloque legislativo supuestamente favorable y que, sin embargo, no permitió siquiera que se debatiera la ley en el Congreso.

Respecto al Gobierno de Cambiemos, pienso que el presidente Mauricio Macri tiene el mérito de que por primera vez se haya tratado este tema en las Cámaras del Congreso. Y creo que eso es un avance irreversible. La ley no habrá salido este año, pero estoy seguro de que si no sale el año próximo, saldrá el siguiente. Me parece que es un camino sin retorno.

Es cierto que los bloques del Senado, tanto del PRO como de la UCR, votaron mayoritariamente en contra de la ley. No obstante, más que por partidos, creo que el cruce se da por edad y por género. El voto negativo ganó entre las personas mayores de 50 años y entre los hombres, mientras que el voto favorable a la legalización se impuso entre las mujeres y los menores de 50 años.

En cuanto al liberalismo de la coalición, me parece que ahí hay un problema serio que radica justamente en la influencia del catolicismo. Muchas de las personas que tienen convicciones muy liberales en los asuntos de la república, se revelan sumamente conservadores en este tipo de temas. Y esto se debe a la enorme influencia de la Iglesia Católica en Argentina.

En adelante trataremos de ir convenciendo a estas personas que la legalización del aborto es una realidad necesaria, alcanzada por todos los países avanzados a los que queremos que se parezca Argentina. 

¿Cree que las divisiones que se revelaron en la coalición, durante el proceso de debate de la ley, dejen secuelas que puedan amenazar la unidad y la eficacia de Cambiemos?

No creo que eso vaya a suceder. Si bien el tema del aborto es central en las reivindicaciones de las mujeres, y un tema de salud pública crucial, el país enfrenta actualmente desafíos mayores. 

Empezando, desde el punto de vista económico, por evitar una gran crisis, que es lo que dejó preparado el kirchnerismo. Hoy estamos viendo cómo evolucionan los países que no salieron del populismo, como Venezuela.

Otro reto es garantizar que este Gobierno concluya su mandato. Sería así el primer gobierno civil no peronista, desde 1928, que termina un mandato. Y de ese modo relegar al peronismo a un rol republicano y no de centro hegemónico del poder, como lo fue durante un cuarto de siglo.  

Me parece que estos desafíos son mucho más importantes que cualquier ley en particular, incluso que una ley tan importante como esta de la legalización del aborto.

¿Es posible que el rechazo de la legalización del aborto ponga en tela de juicio la capacidad de la coalición en el poder para acometer las reformas que tiene en su agenda? 

No lo creo. Cambiemos es el emergente de una sociedad argentina que se decidió a dejar atrás el populismo. Y cuando tiene que dejar atrás un fenómeno tan difícil de combatir, es necesario unir todas las fuerzas y dejar atrás muchas diferencias. 

Sin dudas, Cambiemos es una alianza heterogénea. Pero, dentro de las diferencias que hemos tenido, inclusive con esta ley tan importante y que toca sentimientos profundos y encontrados, creo que el debate ha sido respetuoso y que no han quedado elementos de fractura.

Que no hayamos logrado avanzar en un aspecto en particular, muy ligado a la posición de la Iglesia, no quiere decir que no podamos avanzar en el resto de la agenda.

El debate sobre la legalización del aborto ha tenido grandes repercusiones en el conjunto de la sociedad y ha suscitado movilizaciones de extraordinaria amplitud. ¿Qué pasará con el proyecto de ley recién vetado? 

La Argentina es un país que se ha caracterizado por desmentir todos los pronósticos, es un país imprevisible. Yo sería muy irresponsable si asegurara lo que va a suceder. Pero tengo la convicción de que lo más probable es que no pase mucho tiempo hasta que el aborto se legalice. 

Argentina es un país que está en un proceso de renovación muy profundo. Y no se puede avanzar en todo a la vez. Pero estoy seguro de que el tema va a volver a plantearse en todos los periodos legislativos hasta que se apruebe. 

También estoy seguro de que mientras esté Cambiemos en el Gobierno no va a haber una voluntad del Poder Ejecutivo por frenar el debate, como sí lo hubo mientras el kirchnerismo estuvo en el poder. 

Meter el tema del aborto abajo de la alfombra no sirve para nada. Esto lo único que consigue discriminar a quienes están en una doble vulnerabilidad por ser mujeres y por ser pobres, porque las mujeres pobres no pueden procurarse un aborto clandestino de calidad. Sin contar con las enormes repercusiones psicológicas que acarrea la clandestinidad en la que se efectúan los abortos.

En ese sentido, me parece que la penalización del aborto va en contra de la evolución social. Y viendo el corte generacional, calculo que la renovación demográfica va a consagrar lo que es un derecho de las mujeres en todos los países respetuosos de los derechos humanos.