Viernes, 20 de Abril de 2018
Última actualización: 01:12 CEST
POLÍTICA

¿Tiene sentido todavía la Cumbre de las Américas?

Foto oficial de la Cumbre de Lima. (CANCILLERÍA DE PERÚ)
Clausura de la Cumbre de Lima. (CANCILLERÍA DE PERÚ)

Como siempre ocurre al concluir un evento diplomático, al cierre de la VIII Cumbre de las Américas en Lima las delegaciones de cada país se retiraron a casa sacando cálculos de cuánto perdieron o adelantaron sus respectivas posiciones, siempre resaltando ante la opinión pública lo segundo y ocultando lo primero. En esta ocasión pudiera decirse que hubo sin duda algo positivo.

El número de gobiernos democráticos en la región fue superior al de la Cumbre de Panamá. En aquel entonces acudía a la cita una relativamente numerosa alianza antidemocrática de estadistas, que sumieron hasta hace poco a sus países en el autoritarismo, la corrupción y la insostenibilidad económica.  En esta ocasión se condenó verbalmente a la dictadura venezolana y cerraron las puertas de la Cumbre al presidente Maduro. También fue posible una declaración positiva —al menos en papel— sobre algunas medidas que los gobiernos del hemisferio debieran tomar para extirpar el cáncer de la corrupción.

La atmósfera mayoritariamente democrática del evento resultó un contén natural a los camorristas enviados por Raúl Castro, quien optó por esconderse detrás de ellos y su canciller. Este último prefirió dar una versión simplista de la historia regional centrada en el siglo XIX y XX, antes que discutir el problema de cómo fortalecer hoy día la gobernabilidad democrática regional para erradicar la corrupción, tema de este conclave.

Pero la pregunta que debe responderse con honestidad es ¿para qué sirve el sistema de Cumbres de las Américas en la actualidad? ¿Se justifica el abultado presupuesto de sus burocracias y eventos?

Celebrada en Miami en diciembre de 1994,  la primera Cumbre de las Américas fue una iniciativa del presidente Bill Clinton con un objetivo focalizado en impulsar la creación de un área de libre de comercio de las Américas (ALCA), que expandiera así el tratado de libre comercio entre Canadá, Estados Unidos y México (TLC) ya existente.

Al pasar los años, cambiaron los gobiernos que habían impulsado estas ideas y se produjeron acontecimientos dramáticos que desviaron la atención de EEUU hacia la lucha contra el terrorismo. De convocarse para promover un propósito bien definido se decidió, por inercia también, que se mantendrían las Cumbres por aquello de que "es bueno reunirse cada cierto tiempo". Al mejor estilo de la diplomacia soviética, se planificaban temas a debatir que pocas veces coincidían con los que apremiaban al momento de celebrarse el evento.

Pero gradualmente surgió el mito de que sería un fracaso regional —y en particular de EEUU— que se pusiera fin a estas citas. Y nada tiene tanta capacidad de supervivencia después de extinguirse su razón de ser que un foro diplomático. Continuar estos megaeventos no preocupa a algunos Estados miembros, amigos de Maduro y Castro, mientras Washington siga pagando la mayor parte de los gastos.

Al perder su definida orientación inicial, el sistema de Cumbres de las Américas subsiste como una extraña aberración en la que sus organizadores dicen que forma parte de la OEA cuando lo creen propicio, y en otras ocasiones se distancian de sus reglas para acomodar a gobiernos a los que nunca se les debió permitir acercarse siquiera a ellas.  Esa generosidad abrió la puerta para que una pandilla de impresentables aprovechase la ocasión para darle a EEUU "lecciones de historia" y trajeran consigo a su pretendida sociedad civil de matones (como si la Cosa Nostra y el KKK lo fuesen también).

Es hora ya de revisar este gasto innecesario de dinero y esfuerzo.

Para evitar los despilfarros derivados de la sangría al erario público que impone este "turismo diplomático de alto nivel", la OEA debiera nuevamente asimilar todas las reuniones hemisféricas del sistema panamericano en la sede principal, bajo sus reglas de participación y los principios de la Carta Democrática. 

Los recursos malgastados en estas ceremonias serían mejor empleados si se destinaran al fortalecimiento de las capacidades de la OEA para la protección de los derechos humanos y la democracia. También para rehabilitar el aparato para la prevención y resolución de conflictos, tornado inservible por la abulia de José Miguel Insulza.

El secretario general Luis Almagro ha salvado a la OEA —a un minuto de la medianoche— de su bancarrota financiera y política. Lo que ahora corresponde para fortalecerla aun más es poner fin a esta rémora heredada de otra época y otros secretarios generales.

Comentarios [ 9 ]

Imagen de Anónimo

Hay que sacar cuentas y ver cuánto han costado estas «Cumbres Borrascosas» y total no han servido para nada...

Imagen de Anónimo

Lo repito, lo que sí tiene sentido es unir una fuerza multinacional y acabar de barrer con la Cuba fascista y con kubazuela. Se se hizo en la Segunda Guerra Mundial en Europa y Japón, por qué no puede hacerse nuevamente y mucho más cerca; esta es la forma más segura de acabar con la tiranía en las Américas. 

Imagen de Anónimo

En este caso, lo que queda claro es la actitud agresiva y anti-democrática de los castrochavistas. Ese sería el hecho positivo. Luego, analizar la conveniencia de usar recursos en una Cumbre de este tipo, es un tema a desarrollar largo y tendido.

Imagen de Anónimo

Excelente artículo Juan Antonio, los miembros democráticos de la OEA deben cambiar el funcionamiento de la misma, de lo contrario, se vuelve un gasto innecesario, una pérdida de tiempo y una ocación para las dictaduras comunistas de ofender, agredir e intimidar a otras sociedades. Creo que los acuerdos deben ser tomados por votos y no por concenso en la OEA, también creo que no deben ser invitados los mal llamados gobiernos, que funcionan como dictaduras. Sin embargo creo que aunque los gobiernos de ciertos paises no estén invitados, si deben asistir las delegaciones de las verdaderas sociedades civiles. Daniel Gonzalez

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ANONIMO DE LAS 11:29 Qué pena que el régimen de Cuba lleve 60 años orinándose, como dice usted, pero en las cabezas de los cubanos, que es peor.

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Claro que no tiene sentido. Hipocresía en la Cumbre y chusmería en la paralela. Tal y como no tiene sentido la Fundación para los Derechos en Cuba.

Imagen de Anónimo

No tiene nada de sentido. En las narices de la OEA el comunismo revuelo y brutal crece como la mala hierba 

Imagen de Anónimo

De acuerdo 100% nada tiene sentido en este evento, al final las dictaduras que todos sabemos cuales son,  seguiran Tratando de minar y sabotear los cimientos de la democracia en la region, y trataran de aprovecharse del foro para realizar sus agendas de propagandas antidemocraticas atacando al "imperialismo yankee" etcetera y a su vez aprovechandose del foro para armar sus "camorras" y sus jaleos y boicotear todo el conclave, en fin un esfuerzo de las democracias y de los Estados Unidos, la OEA, etcetera para algo TOTALMENTE inutil, en su apreciacion y tambien en la mia debiera desaparecer la cumbre y en su lugar los paises debieran seguir reuniendose en la sede de Washington, periodicamente para analizar los temas que alli se tratan, en fin y asi utilizar esos fondos en otros proyectos con mejores resultados. Gracias,..., Rudy

Imagen de Anónimo

Como todo lo que toca o crea USA no sirve para nada. Miren a la OEA, Cuba orinandosele encima por mas de 57 años y todavia algunos se creen o dan valor a alguna declaracion de su Secretario General!.

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