Domingo, 19 de Agosto de 2018
Última actualización: 17:19 CEST
Política

Las opciones de la oposición venezolana

Una manifestación contra el Gobierno de Nicolás Maduro. (TARINGA.NET)

Para comenzar, un poco de orden.

Primero: las negociaciones que tuvieron lugar en la República Dominicana no fueron convocadas por la oposición venezolana. No podría haberlo hecho. La oposición asistió debido a la presión internacional, sobre todo la que provino del Grupo de Lima. Bajo esas condiciones, la oposición organizada no podía sino asistir. Quien quiera criticar a la oposición por haber asistido a República Dominicana debe en primer lugar criticar al Grupo de Lima.

Segundo: la mayoría de los gobiernos latinoamericanos presionó a favor del diálogo-negociación por una razón elemental: ellos no podían adjudicar al Gobierno de Maduro el carácter de una dictadura sin obtener las verificaciones formales pertinentes. Entre ellas, la más decisiva: elecciones libres.

Tercero: todas las demandas de la oposición fueron estrictamente constitucionales.

Cuarto: desde el momento en que Maduro ordenó patear la mesa adelantando las elecciones presidenciales y negándose a otorgar las mínimas garantías constitucionales, la mayoría de los gobiernos latinoamericanos obtuvo la carta de verificación que necesitaba para constatar que la de Maduro es, inapelablemente, una dictadura. No otra fue la razón por la cual el Grupo de Lima emitió un comunicado en el cual desconocía la legalidad de las elecciones en los términos planteados por el régimen.

Quinto: la del Grupo de Lima no fue un llamado a la oposición venezolana a no votar. Pues una cosa es la posición jurídica de los gobiernos y otra, la política de la oposición. Esta última está determinada por las relaciones concretas que se presentan en un plano político nacional.

Sexto: Habiendo fracasaso el diálogo, la oposición deberá determinar el curso de su futuro político. Ese curso se puede resumir en una pregunta: ¿Participar o no en las elecciones presidenciales convocadas por la dictadura?

No participar

Después del fracaso de las negociaciones, no participar luce como opción lógica. Dicha opción se basa en el hecho de que al no aceptar las propuestas de la oposición, el régimen ha cerrado la vía electoral. Las que pretende realizar el 22 de abril no serán elecciones en el exacto sentido del término sino un simple acto de confirmación del poder dictatorial.

Para los partidarios de la no-participación, en elecciones bajo condiciones determinadas por la parcialidad del Consejo Nacional Electoral (CNE), con cientos de presos políticos, con líderes inhabilitados, con miles y miles de exiliados a los que se ha arrebatado el derecho a voto, con puntos rojos establecidos para conducir el proceso electoral, con todos los medios a disposición del dictador, todo eso y mucho más, significaría contribuir a la legitimación del poder dictatorial.

Como repiten los defensores de la tesis de la no-participación, acudir a las elecciones significaría llevar a la ciudadanía al matadero, contribuiría a una derrota no solo electoral sino, además, moral. Una derrota de la cual la oposición no podría recuperarse jamás.

Participar, aducen, significaría reconocer de hecho a la Asamblea Constituyente, organismo supraconstitucional elegido en una de las elecciones más fraudulentas de las cuales se tiene noticia. Significaría, además, no reconocer el plebiscito del 2017.

Y, no por último, agregan, significaría oponerse a la propia comunidad internacional. Más aún, debilitaría notablemente las sanciones en contra del régimen. ¿Cómo sancionar a un Gobierno que no solo permite elecciones sino, además, cuenta con la participación electoral de la propia oposición? La pregunta es lógica, y debe ser tomada en cuenta.

Creo que de modo correcto he expuesto las principales posiciones de los no-participacionistas.

Objeciones a la opción de no-participar

Las objeciones a la opción de no-participar parten del supuesto de que no siempre lo que es lógicamente formal es políticamente lo más adecuado. No participar en las elecciones llevaría a los defensores de esta opción a entregar toda iniciativa a la dictadura, o lo que es peor, a regalar la elección sin oponer nada en contra. Opción que parte de una situación real: más del 70% de la ciudadanía está definitivamente en contra de Maduro. ¿Cómo desperdiciar ese enorme capital electoral?

De acuerdo a la opción participativa, no la participación sino la no-participación —al hacer aparecer a la oposición como un conglomerado antielectoral— contribuiría a legitimar a la dictadura.

La dictadura no quiere elecciones. Convocar a elecciones no es un regalo a la oposición, pero sí una concesión —formal pero concesión al fin— a la opinión pública internacional. Lo que en fin necesita la dictadura, si no impedir las elecciones, es devaluarlas. La no-participación contribuiría fuertemente a esa devaluación, argumentan los defensores de la opción participativa.

El argumento del reconocimiento de la Asamblea Constituyente dictatorial —agregan los de la opción participativa— sería en este caso redundante pues no solo la Asamblea Constituyente es anticonstitucional. La dictadura, al ser dictadura, también lo es. Sin embargo, en todas las elecciones en las que ha participado la oposición ha reconocido a la dictadura. Luego, participar no es bajo estas condiciones un tema jurídico. Es antes que nada un tema político.

Frente al argumento de que al participar quedarían inhabilitadas las acciones de la llamada comunidad internacional, la opción participativa opina lo contrario. La decisión del Grupo de Lima, al desconocer las elecciones solo puede ser verificada en caso de fraude. Sin participación de la mayoría opositora, la dictadura no necesita del fraude. Luego, declarar fraudulentas a las elecciones no puede ser interpretado directamente como un llamado directo a no participar. La oposición ha participado en muchas elecciones fraudulentas. En cierto modo, todas las llevadas a cabo durante Maduro han sido fraudulentas, incluso las del 6-D.

Sin lugar a dudas los 14 firmantes del Grupo de Lima más el apoyo activo de EEUU y de la Unión Europea  constituyen una oposición internacional poderosa. Pero eso no significa que la dictadura está aislada en el mundo. Además de contar con el apoyo de por lo menos tres naciones latinoamericanas y con la neutralidad de otras dos, la dictadura forma parte de "otra" comunidad internacional de carácter supracontinental: una verdadera internacional de dictaduras hegemonizadas por la Rusia de Putin.

El apoyo de la comunidad democrática a la oposición es por cierto, insustituible. Puede llegar a ser decisivo, pero por sí solo no es determinante. Ni el más imponente apoyo internacional puede sustituir el rol de la oposición venezolana.

Por supuesto, los defensores de la no-participación señalan que su opción no es un llamado a los ciudadanos a quedarse en casa. Todo lo contrario: hablan de una no-participación activa. El problema es que las formas de activación no-electoral no las ha definido nadie. Parece ser difícil que acciones políticas no-electorales puedan llevar a cabo manifestaciones más multitudinarias que las activadas por una campaña electoral bien organizada. Es por eso que, quienes defienden la opción participativa, aducen que la realización de elecciones y las convocatorias de masas no son excluyentes sino incluyentes. Más aún si se tiene en cuenta que los defensores de la opción no-participativa no cuentan con mucha capacidad de convocación. Y aún en el caso de que la tuvieran, las demostraciones quedarían en manos de grupos militantes y estudiantiles, y sus resultados no serían distintos a los de las grandes demostraciones de 2017. Panorama no muy alentador.

Hay por último un argumento pragmático que habla a favor de la opción participativa, y es el siguiente: la opción no-participativa, para tener éxito, debe ser perfecta. Perfecta quiere decir: absoluta, unánime y total. Bastaría que un solo partido de la unidad se descuelgue de esa opción para que fracase de inmediato. Y es sabido que la unidad opositora no es monolítica, ni homogénea ni, mucho menos, disciplinada. Una sola candidatura de un partido opositor a Maduro bastaría para conferir a las elecciones un carácter legal y legítimo.

¿Hay otras alternativas?

Alternativas intermedias a participar o no participar no hay. La no-participación, aunque la llamemos activa, lleva definitivamente a la derrota electoral. La participación en cambio, entraría aparentemente en contradicción con la propios postulados de la oposición en República Dominicana. Al haber rechazado la oposición a las condiciones electorales propuestas por la dictadura en República Dominicana y luego llamar a votar, sería visto —aunque no fuera así— como un acto de incoherencia. La abstención —alentada con furia por el abstencionismo militante— crecería en forma gigantesca y el fenómeno de las elecciones regionales —donde la oposición, siendo absoluta mayoría, al acudir dividida, sin mística ni entusiasmo, fue derrotada— sería nuevamente reiterado.

¿Significa que la oposición está condenada a dividirse en dos partes irreconciliables? Esa sola posibilidad lleva a repensar más intensamente el problema. Pues el hecho de que no haya alternativas intermedias no significa que no existan alternativas distintas. Una de ellas —ha sido sugerida en las redes— es la de una participación electoral no tradicional.

Bajo el concepto de participación electoral no tradicional entendemos la de acudir a las elecciones no para competir sino para sentar presencia política nacional. O lo que es igual: hacer de las elecciones un fin en sí y no un medio para la conquista del poder.

Una posibilidad de participación electoral no tradicional sería por ejemplo llamar a votar por el candidato Cero, es decir, participar con el voto nulo o en blanco. De este modo la mayoría de la ciudadanía participaría, votaría y al mismo tiempo convertiría a la elección en un rotundo NO a la dictadura.

Siendo una opción plausible, la del voto nulo tiene, sin embargo, un inconveniente. Una oposición sin rostro es como una ópera sin tenor.

La del candidato Cero o Nulo sería una participación puramente negativa. Con un simple NO, Maduro tendría todo el espacio para decir y proponer lo que quiera, sin contradictor que lo desmienta o lo acuse. De ahí que la posibilidad de llevar un candidato único no para competir ni para ganar —lo que no quiere decir para perder— sino para denunciar los crímenes cometidos por la dictadura, las múltiples violaciones a los derechos humanos, el hambre y la miseria inducida por el régimen, y tantas otras cosas, no debe ni puede ser deshechada.

Un candidato-líder tendría más efecto, incluso sobre la opinión pública mundial que un candidato Cero. Un candidato-líder, aún perdiendo la elección, entregaría un claro testimonio de la realidad venezolana, no entraría en contradicción ni con la historia de la oposición —que ha sido y será una historia electoral— ni con la comunidad internacional. Un candidato que, si no de todos, sería el de la gran mayoría.

Naturalmente también hay problemas frente a la posibilidad de una candidatura no tradicional. Los candidatos carismáticos, unitarios y con formato político (con otro formato no sirven) no se venden en las farmacias. No obstante, sin necesidad de dar nombres, todos sabemos que en Venezuela hay personas honorables e idóneas que podrían jugar perfectamente el papel asignado.

Después de todo: no hay peor batalla que la que no se da, ni peor política que la que no se hace.


Este artículo apareció originalmente en el blog Polis. Se reproduce con autorización del autor.

10 comentarios

Imagen de Anónimo

Este señor que escribe el articulo no ha entendido NADA. Si la opisición participa, se llenarian los colegios electorales, por lo que el dictador podrá decir que la gente va a votar y por ende elegir y no se le podría catalogar como dictadura. Si participa y vota en blanco, el dictador usará esos votos en blanco a su conveniencia transformándolos en votos a su favor (por algo controla todo el sistema informático). No va a haber observación internacional imparcial ni la oposición podá participar en el recuento de los votos (para eso están los colectivos en los colegios electorales usando la fuerza y la amenaza física). Para no hablar de la amenzas con despidos o negativa a dar las cajas CLAp al que no vote por Maduro. En fin, que la salida NO es electoral. Tan sencillo como eso.

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@15:41se nota que eres una cotorra bien entrenada,para tu conocimiento,EE.UU es un pais de leyes donde los creidos violan la ley,y despues son procesados,en cuba los miembros del gobierno hacen lo que les sale de los berocos y no pasa nada,dicen que es una democracia de un solo partido,eso no cuadra con el significado de lo que es una real Democracia,busca el pequeño larousse,si tienes dudas,usa tu inteligencia y no dejes que te laven el cerebroLos castro pactaron con Los judios de la Federal reserve ,y estos los utilizaron para penetrar el Comunismo(fueron 2 sapos)y los ilusos le creyeron que eran antimperiales jaja

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// La no participación en una no-elección NO es una derrota electoral, NO es derrota alguna // - - - - - Y claaaaro que SÍ hay opciones en Venezuela para enfrentar al aparato dictatorial que tienen encima. - - - - -  1. Saber cuál es la autoridad y funciones de una verdadera asamblea nacional. 2. Saber (o, mejor, haber sabido) hacer funcionar la autoridad de la Asamblea Nacional legítimamente elegida. - - - - -  Pero no. - - - - -  (Por mucho que use su capacidad para confundir el autor Mires... lo que es claro es claro.)

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La oposición debe buscar un único candidato y que sea neutral, una persona fuera de la política, de ningún partido. Después luchar para que vaya un gran contingente de observadores internacionales, no hay otro camino pacífico.

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@15:41: Y si EE.UU. es una dictadura clamuflada por qué vives en EE.UU.??? Ah, ya, eres un deshonesto y falso camuflado al que le encanta la buena vida y los beneficios de la democracia camuflada!!! 

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15:41, leyéndote, uno se da cuenta que quienes trabajan en la UCI o son fidelistas, castristas, comunistas, de izquierda, etc., piensan así por un motivo: son analfabetos. Y la gente ignorante, como tú, no cuenta. Por eso, porque no tiene ni cerebro ni cultura.

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15:41: Es BOLIVARIARIANA, con V. Y no conoces para nada el sistema electoral americano que fue diseñado así desde un inicio del país para evitar que estados de la unión más poderosos y poblados dominaran a los menos poblados. Baboso iletrado. En Venezuela hay una farsa, como tu comentario baboso.

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Gracias a la revolucion bolibariana  en  venezuela hay democracia no como en los eeuu donde solo vota el 40% y.de esos el 21% al loco trump, en fin eeuu es una dictadura camuflada. 

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l aunica opcion en venezuela es restablecer una democracia. lo demas es sumirse en la miseria y en la indominia. 

Imagen de Anónimo

Me lo imagino a Maduro pidiéndole la orientación a Díaz Canel......

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