Miércoles, 12 de Diciembre de 2018
Última actualización: 14:00 CET
Opinión

El socialismo salvaje

Pablo Iglesias, líder del partido español Podemos. (EL PERIODICO)

Si tuviera que preparar un seminario acerca de la historia del socialismo europeo, haría el siguiente esquema:

1) Socialismo democrático, desde la fundación de las socialdemocracias europeas hasta llegar a la sociedad post-industrial.

2) Socialismo comunista o soviético, desde la fundación del partido bolchevique hasta la caída del Muro de Berlín.

3) Socialismo salvaje emergido en la sociedad posindustrial desde las ruinas de los dos socialismos anteriores.

Sobre la historia de los dos primeros se ha escrito mucho. Destaquemos que ambos, a pesar de una larga rivalidad, tienen su origen en la teoría marxista, convertida por los socialdemócratas en teoría del desarrollo económico y por los comunistas en ideología de Estado.

Para los primeros se trataba de transformar al capitalismo hasta que dejara de parecerse a sí mismo. Para los segundos de acceder al poder para construir el comunismo por medio de la fuerza bruta.

Ambos socialismos echaron raíces en las clases trabajadoras. Durante un largo tiempo llegaron a representar la alianza entre "la clase obrera" y los intelectuales. Por esa misma razón, ambos se vinieron abajo con el fin de la sociedad industrial a la cual pertenecían. Los comunistas con el industrialismo estatista, los socialdemócratas con el industrialismo liberal.

La sociedad posindustrial no es predominantemente una sociedad de clases sino de fracciones o segmentos imposibles de ser unidos por intereses sociales comunes. Esos empleados de empresas fantasmas, esos trabajadores sin tradición ni historia, esos microempresarios de las redes digitales, carecen de representaciones orgánicas (como fueron los grandes sindicatos de la era industrial). Por lo mismo, su comportamiento político es errático y circunstancial. Pueden seguir con la misma pasión a partidos xenófobos o a líderes demagógicos de izquierda. 

A diferencia de comunistas y socialdemócratas, los socialistas posindustriales carecen de una línea definida. Esa es la diferencia con los comunistas del pasado quienes no eran demócratas pero al menos eran previsibles. Los socialdemócratas, a su vez, eran democráticos y previsibles. Los socialistas de la tercera ola son, en cambio, antidemocráticos e imprevisibles. Por eso los llamamos salvajes.

Los socialistas salvajes actúan de acuerdo a sus instintos de poder. Los grandes "cambios"  que ofrecen, varían según el público. Frente a estudiantes aparecen como contestarios irreverentes. En el parlamento como reformistas. Ante las viudas de la izquierda nostálgica levantan consignas pasionarias. Frente a las feministas y gays abogan por la libertad de los sexos y de los géneros.

Ni siquiera —es el caso de Francia Insumisa— temen converger con los nacionalismos de ultraderecha con los cuales comparten un repertorio común: antieuropeísmo y una pleitesía a toda prueba a las autocracias homofóbicas como la de Putin en Rusia.

En otros casos —Podemos, de España, por ejemplo— cuando se trata de aumentar sus votaciones, no vacilan en crear vínculos con los partidos escisionistas.

Menos que intereses sociales, los socialistas salvajes atizan resentimientos. Sus enemigos no son clases económicas, sino el establishment, es decir, todo lo que está supuestamente "arriba"; cualquier cosa; lo que sea.

Algunos de sus líderes, como Pablo Iglesias, son eximios actores. No tienen grandes ideas pero sí ingeniosas ocurrencias destinadas a calentar a las masas volátiles que ocasionalmente los siguen.

Aunque del socialismo del pasado mantienen ritos nostálgicos (puños en alto, canciones revolucionarias, baratijas sesentistas) son hijos de la posmodernidad global. Pero no hay que engañarse: detrás de sus apariencias festivas ocultan su latente peligrosidad. Pues al igual que los comunistas del pasado, su relación con la democracia es instrumental.

Incluso no vacilan —en nombre de un abstracto anticapitalismo— en apoyar a siniestras dictaduras militares, como a la del venezolano (¿?) Maduro, entre otras.

Junto con las tendencias xenófobas que asolan Europa, los socialistas salvajes representan un desafío para la democracia moderna. Hay que estar atentos. En lugar de mirarlos como a entertainers de la sociedad del espectáculo, es necesario enfrentarlos como lo que son: demagógos producidos por la anomia social, caricaturas de un pasado que no volverá, "momios" de una izquierda ultrarreaccionaria.

¡No pasarán!


Este artículo apareció en el blog Polis. Se reproduce con autorización del autor.

8 comentarios

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Izquierda cuerda????? No lo creo!!!!!!!

Imagen de Anónimo

El articulo esta bueno ,pero no completo. Hay una izquierda cuerda y madura como la de Chile , la de Mujica , en Uruguay y hasta se puede incluir  a Correa . Esta izquierda , es bastante inteligente y sabia al darse cuenta que el comunismo marxista ha sido un total fracaso y han abandonado esa frustrada ideologia.En El Salvador hay una izquierda en el poder que hasta hoy en dia ,tambien se ha dado cuenta que el estatismo marxista solo trae miseria.Como Libertario ,Anarquista que soy ,y  aunque mantenemos un militante antimarxismo, no dejamos de condenar al capitalismo salvaje . No obstante tenemos los pies sobre la tierra y sabemos que el capitalismo de corporaciones privadas, tal como existen en USA , es el unico sistema que realmente ha  funciona eficasmente ,para el ser humano de hoy en dia .Algun dia ,viviremos la utopia Libertaria.Pero pregunto , al margen de cualquier especulacion filosofica los mejores estandars de vida...., Suecia ,Finlandia , Noruega ,Dinamarca y por quienes han sido gobernados??????. GOBIERNOS SOCIALDEMOCRATAS. RENE LIBERTARIO.

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Cuando de ideologias se trata tengo un credo personal: excluye a la excluyente.Si una ideologia admite la existencia de otra tiene derecho a existir. Si se proclam acomo "la unica" no tiene derecho a existir.

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Fernando, estoy de acuerdo con tu análisis, pero si clasificamos todos esos escombros a pasados y presentes de “izquierdas” sean socialdemócratas, comunistas (marxistas leninistas= estalinistas=castristas) y el actual socialismo salvaje. Deberías escribir sobre otra izquierda actual que no clasifica dentro de la escombrera de la histórica a que te has referido y yo he tratado de entender, COMENTARIO de Esopo.

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El Sr. Iglesias, confeso admirador de Castro y su corte, si tomara el poder algún día nos veríamos con la libreta de racionamiento y demás logros de la involución. A ese señor se le ve el disfraz de cordero desde lejos.

Imagen de Anónimo

11:15:el socialismo de Venezuela empezó siendo un socialismo de sillón como tú mismo dices. Creo que sí es muy válida la comparación. Poca memoria histórica tiene usted!!!

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El Pablo Iglesias es un frustrado tirano y dictador que solo le ineresa él mismo, habría que meterle cadena perpetua como a todos los socialistoidades actuales, ellos son peor que el nazismo, que está ilegalizado ¿Por qué permitirle libertades si todos sabemos que cuando acceden al poder las elimininan y se aferran al mismo y no lo sueltan? Pamela

Imagen de Anónimo

Fernando, con todo el respeto del mundo. El socialismo de Iglesias y de Tsipras, es socialismo de sillon. Si quieres ver socialismo salvaje vete a Cuba o a Venezuela. Por dios con las exageraciones!

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