Miércoles, 26 de Julio de 2017
14:40 CEST.
Opinión

Dice el poeta

Los poetas, dicen, suelen ser gente noble. Cantan a la belleza y al dolor, se elevan por sobre la mundanidad cotidiana, convierten en magia los elementos más simples del universo. Los poetas, dicen, tienen un alma sensible. Pero no estoy tan seguro que ello redunde, per se, en la eterna defensa del desvalido y el amor insobornable a la humanidad. A fin de cuenta, por cada bardo con sed de justicia, hay siempre algún bufón que adula a tiranos. Por temor, riqueza o vanidad; en ciertos casos por una mezcla de las tres.

Escribo de ellos —que no de poesía— tras leer dos textos escritos por manos de poetas. En uno, un antiguo defensor de derechos humanos, convertido hoy en funcionario de la dictadura de Nicolás Maduro, disfraza su timorata postura frente a la represión desatada en Venezuela. En el otro un amigo mexicano invoca a Neruda y al Che Guevara para justificar su silencio frente a la situación en Cuba. "Condeno toda violencia", dice el primero; como si fuesen equiparables los ataques salvajes de gendarmes y paramilitares y las marchas, mayormente pacíficas, de ciudadanos. "Cuba es para mí algo personal, entiéndeme", replica el segundo; como si pudieran resolverse con sus sesiones de psicoanalista el presidio político, el pensamiento silenciado o la juventud hambrienta de futuro que escapa de la Isla.

Y es que tras un siglo XX tan poblado de horrores —de campos de trabajo, genocidios e invasiones— en nombre de la emancipación, cuesta creer que siga existiendo gente así, que se llame poeta y militante. Que subordine a una idea abstracta —jamás irrealizada— una verdad prosaica. Que se niegue a condenar, con idéntico asco, los jóvenes asesinados en México o Caracas, los olvidados de la base de Guantánamo y los condenados de las mazmorras habaneras. Que celebre, al unísono, la libertad de Oscar López y la prisión de Leopoldo López. Que nos aplauda cuando marchamos juntos contra Donald Trump, pero que nos excomulgue cuando denunciamos sus falsas utopías. Que tamicen con lealtad ideológica y heroísmo pasado su silencio cómplice ante los abusos cometido en nombre de "la Revolución".

No, señores, nada los justifica. Vuestra actitud no es —como ocurría en el Moscú estalinista— fruto de la lejanía y la ignorancia. Es consciente y calculada. Hay millones de testimonios reventándoles en la cara, que se niegan a ver, a leer, a sentir. Ustedes optan por ser bardos de una secta intolerante y, llegado el caso, serán los censores del nuevo déspota. Sus cuadernos y recitales, desde que optaron por disfrazar una opresión, están manchados con sangre. Una sangre tan roja y malgastada como otras sangres; como las ideas que dicen encarnar y defender.


Este artículo apareció originalmente en el diario mexicano La Razón. Se reproduce con autorización del autor.

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Comentarios [ 3 ]

Imagen de Anónimo

Y los dos poetas defensores de dictaduras son?

Imagen de Anónimo

¿Nada más DOS poetas con ese tumbao, Chaguaceda? ¡Son un montón! Y de los ensayistas, mejor no hablamos...

Imagen de Anónimo

Consultar esta observación con el autor del artículo: Donde dice "Que subordine a una idea abstracta —jamás irrealizada— una verdad prosaica", debería decir "Que subordine a una idea abstracta —jamás realizada— una verdad prosaica". Aparte del significado que pudiera atribuirsele aquí a la palabra "irrealizada", este vocablo no existe en el Diccionario de la RAE. Saludos y adelante.