Martes, 12 de Diciembre de 2017
16:14 CET.
Política

La contrarrevolución antiparlamentaria y antisoviética de Lenin

Hace algunos días vi el documental francés Lenin, la otra historia de la Revolución Rusa. Lo vi sin grandes expectativas. A estas alturas pensaba que más no se podía indagar sobre la revolución rusa de 1917. Y sin embargo, el filme dirigido por Cédric Tourbe me pareció en algunos de sus pasajes, novedoso.

El documental confirma, por cierto, lo que ya se sabía: Vladimir Lenin era un político por naturaleza, capaz de captar con extrema rapidez el curso de los procesos históricos. La documentación reunida por el historiador Marc Ferro y por el experto en crisis políticas Michel Dobry, demuestra que las teorías de Lenin variaban, sí, incluso se contradecían unas a otras cuando el curso que tomaban los acontecimientos así lo determinaba.

Lenin tenía ese extraño don de saber tomar el pulso a la historia y reaccionar en el momento preciso, no dejar escapar la oportunidad cuando esta se presentaba, e incluso adulterar sin escrúpulos las teorías de Marx si eso le parecía necesario para realizar su obsesión: la toma del poder.

No voy a relatar el filme. Me detendré solo a precisar un momento que sí logró impresionarme. Ocurrió cuando apareció en la pantalla un mapa de Rusia marcado por una cantidad numerosísima de puntos rojos. Esos puntos eran los sóviets, consejos de obreros, campesinos y soldados, surgidos por primera vez durante la revolución fallida de 1905 y reactivados el año 1917 antes de la caída de Nicolás ll.

Ese mapa ilustra mejor que cualquier texto de historia la realidad que comenzaba a vivir Rusia a partir de la caída del zar y durante el gobierno provisional dirigido por Alexander Kérenski en representación de la Duma (Parlamento). Por un lado, el poder constitucional de Kérenski y la Duma. Por otro, el de los puntos rojos, el de los sóviets. Una situación de "doble poder", así la denominó Leo Trotski.

Mirando ese mapa se entiende perfectamente la atracción que ejercían los sóviets no solo entre los bolcheviques, sino también entre quienes hasta ese momento habían sido sus compañeros de ruta: los mencheviques y los socialistas revolucionarios.

Frente a esa dualidad de poderes, Lenin evaluó dos opciones: o apoyar a Kérenski, tal como lo hizo durante el intento de golpe de Estado del coronel Kornilov (agosto) y así, junto a los mencheviques y liberales asegurar la continuidad de un Gobierno republicano y parlamentario, o apoyar el poder de los sóviets. El sagaz Lenin resolvió rápidamente el dilema; su consigna central fue legendaria: "Todo el poder a los sóviets". Desde Petrogrado, convertida por Trotski en comando central de los sóviets, la consigna se convirtió en orden.

Con la consigna "Todo el poder a los sóviets" había nacido —eso no podía saberlo Lenin— una doctrina: la del poder que prescinde de las instituciones del Estado moderno, es decir, la del poder que rompe con la división de los poderes del Estado propuesta por Montesquieu para que los mandatarios no se transformaran en monarcas absolutos. Pues "todo el poder a los sóviets" significa en texto claro: ningún poder al Parlamento. La revolución de Lenin fue así, y desde el comienzo, una contrarrevolución antiparlamentaria.

La revolución de Lenin no fue antizarista como la que llevó al poder a Kérenski en representación del Parlamento (febrero) sino, en primer lugar —y sobre todo— antiparlamentaria. Y si se tiene en cuenta que no puede haber democracia sin parlamento, fue también, desde sus primeros momentos, antidemocrática. Por esa misma razón tampoco fue, la de Octubre, la revolución de los sóviets.

Quienes entraron al Palacio de Invierno (entraron, no asaltaron; en el filme eso queda muy claro) no fueron los sóviets, pues todos sus diputados estaban abocados en esos momentos en la preparación del II Congreso de los Sóviets que debería tener lugar el 25 de octubre de 1917.

Quienes entraron al Palacio de Invierno eran miembros de una multitud desorganizada (¿turbas?). Entre ellos, soldados desertores de un ejército descompuesto quienes recibieron el pomposo nombre post-factum de Comité Militar Revolucionario. Ellos solo accedieron a la residencia al darse cuenta de que esta había sido abandonada por sus ocupantes.

Lenin no dejó escapar el momento. Ordenó a los bolcheviques que se pusieran delante de "las masas" e inmediatamente comenzó a repartir ministerios entre sus amigos más leales. No sin razón Rosa Luxemburgo calificaría a la "Revolución de Octubre" como el resultado de "un simple golpe de Estado".  El filme constata, además, que mientras era preparado el "asalto" al Palacio de Invierno, los teatros, la ópera, los restaurantes, seguían funcionando como si nada hubiera sucedido. Quizás solo Lenin sabía que en ese instante estaba cambiando el curso de la historia universal.

Efectivamente: el Partido había sustituido desde el primer momento a los sóviets. Y a la cabeza de ese partido estaba Lenin. En octubre de 1917 fue establecida  una relación directa entre el líder del Partido en representación de un Comité Central puesto a su servicio, y las masas no soviéticas organizadas desde el Partido.

La República Soviética, en consecuencias, no solo fue antiparlamentaria y no-soviética. Fue, además, antisoviética.

El Congreso de los Sóviets tuvo lugar efectivamente el 25 de octubre, con nueve horas de retraso. Precisamente en el congreso que iba a definir la estrategia a seguir para que los sóviets accedieran al poder, Trotski —no Lenin— anunció que el poder ya había sido tomado por los sóviets pero sin los sóviets. Como escribió Máximo Gorki, el 7 de diciembre de 1917: "Los bolcheviques se han colocado en el Congreso de los Sóviets tomando el poder por sí mismos, no por los sóviets. [...] Esto es una república oligárquica, la república de algunos Comisarios del Pueblo".

La mayoría de los socialistas revolucionarios y los mencheviques abandonaron en acto de protesta la sala del Congreso. Fue un gravísimo error. En nombre de la Unión de Repúblicas Soviéticas fue aprobada la dictadura del partido bolchevique. Lenin y Trotski fueron sus iniciadores. Stalin la construyó a sangre y fuego.

Muchos años después, Vladimir Putin, sin recurrir a ningún partido, pero asociado a la Iglesia Ortodoxa del zarismo, ha restaurado lentamente a la República antiparlamentaria. Desde esa perspectiva, Lenin-Stalin-Putin, cada uno en su tiempo, han sido los líderes de la contrarrevolución antiparlamentaria, antidemocrática y antisoviética nacida originariamente en nombre de los consejos de obreros, campesinos y soldados.

La por Lenin llamada democracia directa según la cual no debe existir ningún tipo de mediación institucional entre las organizaciones de base y el líder supremo, ha pasado a ser, después de Lenin, la utopía de casi todas las dictaduras del mundo. Quizás esa es la razón que explica por qué la figura de Lenin no solo ha fascinado a los "revolucionarios" de izquierda, sino también a los de las más extremas derechas.

Mussolini, como es sabido, fue un admirador de Lenin. Del mismo modo no pocos nazis se sintieron atraídos por el dictador ruso (existía incluso al interior del NSDAP una fracción llamada "bolcheviques-nazis") del mismo modo como los neofascistas europeos de nuestro tiempo no ocultan su admiración por el nuevo Vladimir: me refiero a Putin.

Seguramente el muy inteligente Carl Schmitt, quien fuera jurista de Hitler y cuyas teorías antiparlamentarias siguen siendo patrimonio del pensamiento teórico de las ultraderechas y del neofascismo, se habría sentido hoy fascinado por la figura de Putin del mismo modo como lo estuvo por la de Lenin. En efecto, los dos Vladimir, Lenin y Putin, son las representaciones más genuinas del antiparlamentarismo moderno. Tanto el uno como el otro convirtieron al Parlamento en una institución puesta al servicio de la autocracia en el poder.

El Parlamento era para Lenin lo mismo que después fue para Hitler y Schmitt: un estorbo para el ejercicio directo del poder, un obstáculo para el diálogo libidinoso entre el Gran Líder y el pueblo, un elemento dilatorio destinado a torpedear la "soberanía decisionista" (Schmitt) del principio del Líder (Führerprinzip). Fue por eso que Schmitt asumió como suya la caricaturización que hiciera el ultrarreaccionario filósofo español Donoso Cortés (Discurso sobre la Dictadura) cuando llamó a los parlamentarios "clase discutidora".

En su libro El Estado y la Revolución, escrito en vísperas de la toma bolchevique del poder, Lenin, como si hubiera leído a Donoso Cortés, llamó al Parlamento "jaula de cotorras". Textual: "La salida del parlamentarismo no está, como es natural, en abolir las instituciones representativas y la elegibilidad, sino en transformar dichas instituciones de jaulas de cotorras en corporaciones de trabajo".

La destrucción de la democracia pasa efectivamente por la desparlamentarización del Estado. Por esas mismas razones, la lucha por la democracia en los países dominados por dictaduras ha sido, es y será, la lucha por la instauración y/o recuperación del Parlamento en su triple función:

    1. Órgano de diálogo y deliberación entre representantes del pueblo libremente elegidos.
    2. Órgano legislativo de la nación jurídica y políticamente constituida.
    3. Contrapoder frente a las tentaciones omnipotentes del Ejecutivo.

Sin esas tres atribuciones parlamentarias la democracia es una imposibilidad. La democracia directa  —sueño o pesadilla soviética— nunca ha existido. La democracia ha de ser indirecta y delegativa o no ser. La soberanía de un pueblo ha de expresarse en el voto de cada ciudadano a solas con su conciencia, frente a una hoja de papel en donde hay nombres que elegir. Nunca entre individuos escondidos en una multitud, aplaudiendo a las locuras del líder de ocasión.

Sin Parlamento el Gobierno se convierte en Estado. Es por eso que todos los que se han planteado como tarea histórica la destrucción del Estado, han comenzado por destruir al Parlamento.

No deja por eso de producir miedo el hecho de que un alto representante del Gobierno de EEUU, nada menos que el ideólogo de Donald Trump, Steve Bannon, no solo ha declarado su admiración por los dos Vladimires rusos, sino, además, propuso como tarea histórica "la destrucción del Estado". Un tipo de esa escuela no tiene nada que hacer en un gobierno elegido por el pueblo. Aunque ese gobierno sea el de Donald Trump, EEUU es la nación de Thomas Jefferson y Abraham Lincoln. A esa tradición no pertenece Lenin.

Lenin sustituyó al Parlamento por los sóviets, a los sóviets por el Partido y al Partido por su Secretario General. Pese a que el documental Lenin, la otra historia de la Revolución Rusa busca exaltar a la figura carismática de Lenin, si uno lo ve con ojos críticos, no puede ocultar la durísima verdad: Stalin vivía dentro de Lenin del mismo modo como Putin vivía dentro de Stalin.

El documental muestra claramente cómo la Revolución de Octubre no fue más que un golpe de Estado ejecutado por una pandilla de audaces activistas, seguidores de un talentoso, hábil e ilustrado dictador que imaginaba hablar en nombre del pueblo y que, por lo mismo, no necesitaba de ese pueblo.

Afortunadamente esa historia no ha terminado. Lenin no ha podido derrotar a Montesquieu. Después de Lenin, muchas revoluciones han surgido para reivindicar el derecho de los pueblos a elegir a sus propios representantes. La lucha de nuestros tiempos ya no es antiparlamentaria como fue en los días de Lenin y Trotski, sino todo lo contrario: ella tiene lugar en contra de gobiernos que, como el de Lenin, han usurpado el lugar del Parlamento y, con ello, el del Estado.

Justamente después de, y quizás gracias a la, experiencia de la Revolución Rusa, hay un consenso político entre los demócratas: sin Parlamento elegido de acuerdo a los principios del sufragio universal, no hay democracia. La lucha por el Parlamento es por lo mismo la lucha por el voto, es decir, la lucha por la democracia. Esa lucha logró su máxima victoria en las revoluciones que llevaron al derrocamiento de las dictaduras comunistas post-leninistas europeas (1989-1990) .

Hoy, un siglo después de la contrarrevolución de Lenin, tiene lugar un segundo capítulo: la lucha electoral en contra de los movimientos y partidos neofascistas dirigidos desde la Rusia de Putin. Seguramente habrá nuevas derrotas, pero también algunas victorias. En América Latina al menos, el "Socialismo del Siglo XXl", tan antiparlamentario y tan autocrático como fue el del siglo XX, ya se encuentra en franca retirada.

La lucha continúa.

Síguenos en Twitter, Facebook o Instagram. Si resides en Cuba, suscríbete a nuestro boletín con una selección de los contenidos más destacados del día. Si vives en cualquier otro punto del planeta, recibe en tu buzón de correos enlaces a lo más relevante del día.

Comentarios [ 16 ]

Imagen de Anónimo

Un ensayo malisimo . Miope y vacio de veracidad . Rusia no tiene un sistema politico parlamentario . Rusia no es Reino Unido , donde se elige a un Partido , no a un dirigente concreto . EE UU tiene un sistema presidencialista , como lo tiene Francia y tambien Rusia . En Rusia hay elecciones democraticas , donde los rusos votan por un lider . Que este lider no sea una marioneta de Occidente y si , un tipo brillante y sagaz es otro asunto . Putin es presidente de Rusia por mandato popular . Y como en Luxemburgo , el Jefe del Estado tiene la prerrogativa de hacer y deshacer a su antojo porque asi esta establecido . Lenin fue pro-ruso , que no tiene nada que ver con ser antisovietico . Sabia que el poder debia estar en manos de los rusos y no de otras nacionalidades mas vulnerables . Lo mismo que en China el poder lo ostenta la nacionalidad Han y en Siria los alahuitas m en Israel los askenazhi , etc .  La democracia en Occidente no existe . votes A o B ganan los que ostentan el poder

Imagen de Anónimo

Brillante y meridiano ensayo. Felicitaciones de todo corazón a Mires. Jamás, ni siquiera cuando Jimmy Carter, hemos visto a un supuesto lider del mundo libre, igualar la conducta de un matararife como Crespito (el de los ojos inquietos) con la de su propio país. "You think our country's is so innocent?, le contestó la Bestia Bipeda, el pasado 4 de feb. a Bill O'Reilley, en una entrevista por Fox ¿¿¿News???., cuando O'Reilley (en un momento de diversionismo ideológico) lo confrontó con el indiscutible hecho de que él mararife del Kremlin mata a todo aquel que él considere como enemigo peligroso, aunque sea una periodista, madre de dos niños, tratando de realizar su profesión. Cuando el Nazi, Stephen Bannon, le soltó a Ronald Radosh, su predileccíon por Lenin, fue en su casa, en el D.C., el 12 de nov., del 2013. Dudo mucho que en ese momento había contemplado que en pocos años estaría ejerciendo una posición clave, en el mismísimo centro del poder de este país. Arnaldo de Armas

Imagen de Anónimo

Usted piensa como escribe, 08:49 ? Entonces no hay de qué preocuparse...

Imagen de Anónimo

Bueno, sí es cierto que Steven Bannon se declaró leninista. En otras palabras, admira los métodos de Lenin y su "destrucción del Estado", según el mismo Bannon. Ese es ideólogo de Trump. Y claro, nada de comunista, sino que admira a Lenin por sus métodos y objetivos, dicho por el mismo Bannon. Banno, se declara "nacionalista económico", otro disfraz, en realidad es un nacionalista étnico, con todo el apoyo de los más extremistas dentro de la corriente denominada supremacía blanca. En esta caso, "blanco" se refiere a ser miembro por nacimento, sangre, cultura y mentalidad de un grupo  "nativo" de Estados Unidos. Lo que los latinos llaman "gringos" "americanos" "yankees" etc. pero que también se solidarizan con aquellos que ellos consideren similares. Los "enemigos" son los hispanos, de cualquier color o nacionalidad, los negros, los musulmanes, de cualquier color, nacionalidad o lengua, los judíos, pero, a la misma vez los admiran, los detestan y los envidian y los no-caucásicos en general. Esa es la gente que forma parte de la base de Trump.  Putin y los rusos estrategicamente han apoyado a Trump porque este trae desprestigio a USA, país por el que se sienten acosados, siembra división en la sociedad, reaviva prejuicios y eso debilita al país. País en guerra consigo mismo, contiene la semilla de la autodestrucción.

Imagen de Otro Ideota

ya salieron en tropel los trumpistas, que creo que se acercan mucho a los antisistema de la otra orilla.

Imagen de Anónimo

Un ensayo muy malo. Mediocre en redacción y vacuo en discurso.Lenin cambio la historia gustenos o no. Y esa caricaturas de golpe de estado sin estado que quieres reflejar nadie la apoya.No en balde dijo Moltke, cuenten la historia, pero no toda. Usted hace una antihistoria risible e infantil, apócrifo de la pataleta de un niño con rostro de héroe en el que nadie cree y sólo ve en un dibujo repetido. 

Imagen de Anónimo

Caballeros, reflexionen. Es tan dañino que los demócratas estén con sus pataletas como la actitud de otros que comentan aquí y que por lo visto, no admiten que a Trump se le pueda tocar ni con el pétalo de una flor.

Imagen de Anónimo

Yo también vi el documental por el canal Arte, cadena franco-alemana experta dar su versión de los hechos, muchas veces aprovechando más de lo debido los vientos que soplan. La impresión final es que es un material anti-Lenin, no anti-comunista. No cuestiona la esencia de ese sistema sino la personalidad de un hombre. Evoca la posibilidad de que todo hubiera “sido mejor” si no hubiera sido porque Lenin no era lo que “se decía” que era... Argumento muy a propósito para justificar la marea totalitaria encarnada hoy en Europa por toda suerte de pablosiglesias, alextsipras y melanchones, nuevos mesías, arropados por academias y universidades.

Imagen de Anónimo

Nadie dijo que los rojos se mueren de amor por los parlamentos. Lo unico que el rojerio respeta del Parlamento --en tranquila democracia-- son los altos salarios e indemnizaciones del que disfrutan durante su ejercicio en el cargo de diputado. En eso son tan iguales como sus colegas del resto de los partidos de toda borda y color. Por cierto, Soviet quiere decir Consejo, en ruso.  

Imagen de Anónimo

Se trata  de lastimar a D trump,   lo que mas se parecen  a Lenin  y   a los cumunistas son  los democratas.