Jueves, 14 de Diciembre de 2017
13:57 CET.
Opinión

Una izquierda cornuda

En su monumental novela intimista En busca del tiempo perdido (uno de los hitos literarios del siglo pasado), Marcel Proust atribuye la traición en el amor al carácter y la forma de actuar de la persona engañada. El escritor francés escribe al respecto: "Los hombres que han sido abandonados por diferentes mujeres lo han sido casi siempre de la misma manera a causa de su carácter y de sus reacciones siempre idénticas que uno puede anticipar; cada quien tiene su manera propia de ser engañado, al igual que tiene su manera de atrapar un resfriado".

La concepción proustiana del engaño amoroso puede transponerse a la esfera política. Cuando los dogmas y apasionamientos ideológicos le impiden a un movimiento político captar la realidad y eventualmente autocuestionarse, dicho movimiento corre el riesgo de ser una y otra vez rechazado y abandonado por sus simpatizantes y, no menos grave, utilizado por líderes ávidos de poder que se sirven del mismo, enarbolando sus ideales, con el único objetivo de satisfacer sus cuestionables apetencias.

Esa dinámica de traición política se manifiesta en las vicisitudes que actualmente enfrenta la izquierda.

Comenzando por el hecho de que las clases populares —que la izquierda dice representar y conducir al supuesto paraíso socialista— la abandonan por doquier.

En Europa, los partidos de ultraderecha, nacionalistas y xenófobos, han logrado conectar con el electorado de bajos y medios ingresos. En Francia, los candidatos de izquierda a las elecciones presidenciales de mayo próximo, Benoît Hamon y Jean-Luc Mélenchon, se encuentran a la zaga de la ultraderechista Marine Le Pen. En Holanda, las encuestas pronostican un descalabro del Partido Laborista (PvdA en holandés) en las elecciones parlamentarias del 15 de marzo próximo, el cual pasaría del segundo al séptimo lugar en términos de votantes. En el Reino Unido, el Partido Laborista (actualmente dirigido por el izquierdista radical Jeremy Corbyn) acaba de perder la curul de Copeland, que ocupaba ininterrumpidamente desde hace 80 años.

En lo que respecta a América Latina, cada consulta electoral y cada sondeo que se realiza muestran el desgaste de la llamada izquierda bolivariana (castrochavista).

En Argentina, el kirchnerismo fue vencido electoralmente por un Mauricio Macri que asume abiertamente su adhesión a la economía de mercado y a los acuerdos de libre comercio. En Brasil, el lulismo se ha visto enmarañado en escándalos de corrupción que han hecho volar en pedazos su popularidad. En Bolivia, las tentativas continuistas de Evo Morales fueron rechazadas por la mayoría de los ciudadanos en un referendo organizado al respecto. En Ecuador, el candidato correísta Lenin Moreno obtuvo menos votos en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2017 que el conjunto de los candidatos de la oposición y las encuestas auguran una victoria del candidato de centro derecha Guillermo Lasso en la segunda vuelta. En Venezuela, súmmum de la debacle izquierdista, el apoyo popular al presidente Nicolás Maduro ha caído en picada, situándose actualmente en menos de 10%. De hecho, para lograr mantenerse en el poder, el chavismo hace uso de métodos represivos instaurados en Venezuela con la asesoría de los agentes del castrismo que trabajan en ese país.

La izquierda no solamente sufre el abandono de las clases populares, sino que también es manipulada, y a fin de cuentas traicionada, por sus propios líderes.

La política de austeridad (tournant de la rigueur) adoptada en Francia por François Mitterrand en 1983, el giro de corte neoliberal tomado por el actual presidente socialista François Hollande (después de haberse ofertado como el enemigo del capitalismo financiero), al igual que las reformas promercado del también socialista Gerhard Schroeder en Alemania en la década pasada, sin olvidar la aceptación por el izquierdista populista griego Alexis Tsipras de las condiciones impuestas por los acreedores de su país (las mismas que él había prometido rechazar cuando estaba en la oposición), constituyen una traición a los programas que esos líderes habían enarbolado con el objetivo de lograr el apoyo de la izquierda a sus aspiraciones electorales.

Ante esos fracasos y traiciones, la izquierda reacciona de dos formas diferentes.

Una es la de la izquierda europea, que rehúsa admitir que es el realismo económico y las exigencias de las insoslayables leyes de la oferta y la demanda lo que obliga a sus líderes a recapacitar y cambiar de programa una vez en el poder. Al reaccionar de esa forma, los militantes de la izquierda europea adoptan la actitud del cornudo encolerizado: nuestros dirigentes han resultado ser unos impostores, nos engañan una y otra vez, pero seguimos aferrados al "legado ideológico" de la izquierda y nos lanzamos a apostar por nuevos movimientos (como Podemos en España) que prometan representarnos con fidelidad y dignidad.

Diferente es el camino tomado por la izquierda radical latinoamericana, que no cesa de admirar y respaldar al castrochavismo en una postura que se asemeja mucho a la del cornudo consentidor.

Dicha izquierda parece en efecto decir: es cierto que nuestros líderes no han estado a la altura del desafío socialista; es cierto que Fidel le dio la espalda a todas y cada una de las promesas que formuló en su discurso La Historia me absolverá (restauración de la democracia en Cuba, convocación a elecciones libres, respeto de la prensa independiente y de la autonomía de los sindicatos); es cierto que los gobiernos de los Kirchner en Argentina, del binomio Lula-Rousseff en Brasil y del chavismo en Venezuela tienen mucho que reprocharse en materia de corrupción; es cierto que centrales sindicales y comunidades indígenas han combatido las políticas tanto de Evo Morales como de Rafael Correa después de haberlos ayudado a ganar las elecciones; es cierto que, en materia de continuismo, Daniel Ortega se ha convertido en un nuevo Somoza; es cierto que en Venezuela el descalabro es total; es cierto, finalmente, que todos esos gobiernos han sido incapaces de aprovechar el auge de las materias primas de la década pasada para desarrollar las "fuerzas productivas" (es decir, la base material y tecnológica de una sociedad en la jerga marxista), condición sine qua non, según el propio Marx, para la instauración de un socialismo viable y eficaz.

A pesar de todo eso, nosotros seguimos defendiendo a nuestros líderes. Nos quedamos callados cuando quedan al descubierto los escándalos de corrupción que los involucran (como los relativos a los Panama Papers y a Odebrecht), escándalos que denunciamos con vehemencia cuando embarran a los gobiernos "no progresistas" de la región. Pues si el castrochavismo sufre percances en estos días —prosigue el alegato— es porque es víctima de conspiraciones urdidas por la derecha fascista en contubernio con el imperio genocida y criminal. Y si ha habido fallas en la construcción del venerado "socialismo del siglo XXI", lo que hay que hacer, no es cambiar de amante, perdón, de líder, sino "profundizar" dicho socialismo, o lo que es lo mismo, "radicalizar la revolución".

Ante tal empecinamiento, no tiene nada de sorprendente que la base electoral de la izquierda radical latinoamericana se aleje del izquierdismo de la misma manera que una persona se separa del amante que la ha decepcionado, aunque este le jure que va a cambiar y le prometa villas y castillas para convencerla de permanecer a su lado.

Por otra parte, para prolongar su embeleso ante el régimen cubano a pesar del espantoso fiasco económico y de la represión que mantiene al mismo en el poder, la izquierda recurre a una retórica similar a la del jefe de la propaganda nazi: de la misma manera que Goebbels trató de relativizar y hacer olvidar los crímenes del nazismo invocando los logros del Tercer Reich en materia de reducción del desempleo, la izquierda castrochavista, en un intento de relativizar, minimizar y justificar el carácter tiránico del régimen cubano, saca a relucir las supuestas "conquistas de la Revolución" en materia de salud pública y educación.

Como si la reducción del desempleo en un caso, y los programas de asistencia social en el otro, pudieran justificar la naturaleza intrínsecamente despótica, totalitaria y criminal del nazismo o del castrismo.

A final de cuentas, la izquierda latinoamericana termina siendo doblemente cornuda: una, por su base que se desencanta y la abandona; y otra, por líderes que enarbolan la bandera izquierdista con el solapado propósito de alcanzar el poder y perpetuarse en él.

De hecho, los desengaños sufridos por la izquierda no tienen nada de nuevo. Recordemos cómo y cuánto vibraron de emoción los intelectuales de izquierda ante el Camarada Stalin, el Gran Timonel Mao Tse-Tung y los líderes tercermundistas Muamar Gadafi, Robert Mugabe y Sadam Hussein, todos culpables de crímenes horrendos que, por mucho tiempo, y al igual que un cornudo consentidor, la izquierda trató de negar o disimular.

Con semejante rechazo sistemático de la realidad, que evoca el empecinamiento del amante engañado descrito por Marcel Proust, ¿cómo podría la izquierda, tanto en Europa como en América Latina, dejar de ser cornuda?

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Comentarios [ 12 ]

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"Se podrá criticar una u otra posición, es legítimo, cada quien cree en lo que determine creer, pero no hay duda que la izquierda y la derecha no van a morir, mas bien se desarrollan por ciclos" -- dice el Anónimo de las 20:08CET. Perfecto, maravilloso. Ve a decírselo a Raúl y sus esbirros, que ordenan a sus tropas de choque (las BRR) golpear cada domingo a las Damas de Blanco, que encarcelan opositores, que han inscrito en la Constitución el carácter "irreversible" del socialismo en Cuba. Ve a decírselo a los jerarcas del chavismo, que mantienen en celdas a decenas de opositores, torturándolos en "La Tumba". Es que en esos países, bajo esos regímenes, cada quien tiene el derecho de "creer en lo que determine creer" y expresar sus creencias y opiniones libremente? Si criticamos con toda la razón del mundo a los Somoza, Trujillo y Pinochet, por qué los zurdos tienden a callar los crímenes de sus ídolos?

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En pleno siglo XXI sigue estando vigente la dicotomía izquierda y derecha, que dicho sea de paso, no surge con la Mesta (se inicia con mayúsculas de nombre propio por tratarse de un proceso histórico único en espacio y tiempo), surge precisamente en la Modernidad que desde el punto de vista político arranca con la Revolución Francesa y la distribución espacial de los defensores y detractores de una u otra posición en los cuerpos deliberantes vigentes en Francia, particularmente la Convención.Esa distinción no va a morir nunca, porque es la esencia misma de la política: Estado mínimo o Estado de Bienestar. Se podrá criticar una u otra posición, es legítimo, cada quien cree en lo que determine creer, pero no hay duda que la izquierda y la derecha no van a morir, mas bien se desarrollan por ciclos. Ya termina el de la izquierda bajo la forma de Socialismo del S. XXI, se recupera lentamente la derecha, y así sucesivamente.En cuanto a lo que sostiene el autor, que las encuestas dan como vencedor al candidato opositor en Ecuador, es un error, espero que inconsciente -en cuyo caso es poco profesional- y no sea un error consciente, porque sería muy malicioso de su parte. Hay encuestas que favorecen al candidato opositor como mismo hay encuestas que favorecen al candidato oficialista. Hay una guerra de encuestas y determinar que la que favorece al candidato opositor es la más exacta, es completamente tendencioso.

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En la foto: 2 down, 2 to go ( soon to go). 

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El socialismo es bello en el papel, pero horrible en la puesta en escena. Al final es contranatura, es contra la naturaleza del ser humano y siempre andará errado. Ni Max ni nadie de los clásicos de ese sistema jamás pusieron eso en tela de juicio. Nadie puede ir contra la naturaleza del ser humano. Y es que naturalmente somos individualistas, egoístas y ambiciosos. Y eso no es malo, es lo que nos ha hecho superarnos y salir de la mata de guayaba y convertirnos en seres humanos y construir y jamás ceder ni descansar en nuestras ambiciones. Solo la ambición desarrolla un país y sí hay que controlarla y para eso están los estados y las leyes!!! Jamás tendremos un socialismo real, solo tendremos dictadurzuelos que se creen Mesías salvadores del mundo! Eso es contranatura!

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¡coñó, que 4 patas pa un banco!

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Bueno ya en pleno siglo XXI, hablar de izquierda, derecha, es como hacerlo de la inquisición, el derecho de pernada, la mesta, señores feudales etc. Hoy el mundo se ha globalizado, todo está conectado con todo, y esos gobiernos que se dicen de izquierda, lo maximo que pueden hacer es repartir miseria y atraso a sus pueblos, mientras ellos viven de lujo, nada nuevo bajo el sol. Eso si, tambien tienen en sus catálogos, productos que llaman la atención, todo sufragado con dinero públlico: wellcome refugees, violencia de genero, machismo versus feminismo, loas a lideres y guerras de hace 80 años, es que no hay mucho más, La parte gruesa del capital ya ellos la administran dando los mismos pelotazos que los más enconados ultraliberales.

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Al Anónimo de las 02:26CET. Tu argumento es muy fácil y no conduce a nada: cada vez que una experiencia socialista fracasa en lo económico y lleva a la represión, es porque el socialismo no fue construido apropiadamente y no se respetaron las "leyes científicas" de Marx. Ustedes no quieren darse cuenta que todo intento de construcción de socialismo ha llevado, y lleva necesariamente, al caos total y a la derrota final. Los dictadores socialistas han estado en contra del pueblo y de los trabajadores, no por ser "los peores capitalistas" como tú dices, sino, al contrario, por haber recurrido al control estatal de la economía (control de precios, de tasas de cambio, criminalización de la libre empresa), y a las deformaciones que lo acompañan. 

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Jajaja, es que es de risa. Cada vez que se menciona el caso sui generis de Nicaragua, y en particular el hecho indiscutible de que la bruja y el violador han  administrado la economía acertadamente; casi de inmediato DDC saca el artículo de la parrilla principal y lo manda al basurero. A alguien en la redacción le escuece aceptar o aun peor admitir, que con todas sus desgracias un paisucho como Nicaragua, está hoy infinitamente mejor que Cuba. Tendrían que hacérselo ver.

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De què izquierda se habla? Se pueden considerar de izquierda todos esos dictadores, que han arruinado esos paises en nombre de un socialismo que nunca ha existido, en verdad un capitalismo monopolista de estado, màs explotador que el capitalismo clasico?  Ellos han sido los peores capitalistas y no han sido de izquierda, son de derecha porque han estado contra el pueblo, contra los trabajadores, contra la democracia. El lenguaje izquierda derecha, tradicional, está siendo borrado por la realidad, como el mismo socialismo de mentiras que trataron de imponer desde el estado.

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La mayor traición es la de Ortega, que diciéndose socialista gobierna como el más enconado liberal capitalista, excepto por lo de aferrarse al poder. Tanto así que la economía continúa creciendo a buen ritmo, solo superada por R. Dominicana y Panamá en el último quinquenio, en toda América Latina. Todo ello sin aumentar desmesuradamente el gasto público y con una inflación bajo control. Si eso no es traición a los "valores" de la izquierda bananera, entonces no sé qué es.