Domingo, 22 de Enero de 2017
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Nicaragua

El eterno retorno de la barbarie

El 6 de noviembre los nicaragüenses vuelven a las urnas. Probablemente reelijan a Daniel Ortega. Lo apoya una parte sustancial del país. El líder sandinista ha tomado todas las avenidas para que eso suceda. Primero modificó la Constitución para que la reelección inmediata fuera posible. Antes se prohibía.

Para lograrlo, amenazó, compró o acusó ante los tribunales a numerosos opositores. Por último, arrebató y trasladó graciosamente la personería jurídica de los liberales más poderosos —sus mayores adversarios— a un grupo afín carente de atractivo electoral. En el camino dejó sin sus escaños a 28 molestos parlamentarios.

Daniel Ortega no quería correr riesgos. Ninguna táctica era demasiado repugnante para rechazarla. En febrero de 1990, pese a las encuestas, había perdido las elecciones contra Violeta Chamorro, lo que le había costado 17 años en la oposición, aunque dotado de poder real y de una capacidad de intimidación que corría pareja a su notable falta de escrúpulos.

Estaba decidido a no volver a padecer la indignidad de una derrota, ni a someterse a la humillante práctica burguesa de la alternancia en el poder. Esa fue la primera lección que aprendió. Las elecciones se ganan de cualquier manera. A las buenas o a las malas, con trampas si es necesario, pero se ganan.

La segunda lección es que la forma de organizar la economía que había conocido en Cuba durante su elemental formación marxista-leninista, inevitablemente conducía a la indigencia. Es demasiado estúpida e improductiva. Tras una década del primer sandinismo —los años 80— Nicaragua era un minucioso desastre.

Es verdad que debió enfrentarse a una guerra civil, pero la clave del fracaso, de la escasez inmensa, y de la hiperinflación estaba en el colectivismo. Habían tomado el aparato productivo, lo destruyeron, y desbandaron o exiliaron a los empresarios. Esa imbecilidad es muy costosa.

El Daniel Ortega bis no cometió el mismo error. En su segunda etapa, como la familia Somoza, ha gobernado con los empresarios. Muchos lo adoran, otros lo aceptan, y muy pocos lo rechazan. Están ganando plata y hay inversiones extranjeras, además del maná petrolero que fluye de Venezuela (a punto de acabarse).

El mismo Ortega ha amasado una buena fortuna personal. Numerosos sandinistas comenzaron a hacerlo tras "la piñata" de 1990. Se le llama así al periodo de robo desenfrenado que practicaron en Nicaragua entre el 25 de febrero de 1990, cuando perdieron las elecciones, y el 25 de abril, cuando entregaron el Gobierno.

Los sandinistas se apoderaron de tierras, fábricas y mansiones. Luego, los gobiernos de la democracia —Violeta Chamorro, Arnoldo Alemán, Enrique Bolaños— tuvieron que desembolsar más de 1.300 millones de dólares a los legítimos propietarios para compensarlos en alguna medida. Todavía quedan cientos de millones de deuda nacional por este concepto.

La tercera lección es que con los gringos no vale la pena meterse. Se conforman con poco: control del narcotráfico, de la delincuencia, de la emigración ilegal, y que no perjudiquen innecesariamente a los inversionistas y empresarios dotados de pasaporte norteamericano. A Washington ni siquiera le molesta la retórica antiyanqui inspirada por el chavismo.

La embajada estadounidense de vez en cuando habla de los Derechos Humanos y de la necesidad de guardar las formas democráticas, pero a sabiendas de que es un ejercicio retórico vacío, como cuando Daniel Ortega se larga un discurso antiimperialista. Son fanfarronadas para entretener a la galería.

La cuarta lección es que el clientelismo populista es mucho más eficaz que la represión para mantener contento a ese 70% de nicas pobres y extremadamente miserables que hay en el país. Es mejor mandarles una pareja de chanchos a los campesinos, o un saco de semillas, o unas planchas de aluminio para los techos, que controlarlos a palo y tentetieso. El clientelismo populista no saca de la miseria a las multitudes, pero las mantiene contentas.

¿Qué es lo que Ortega ignora? Algo bien sencillo: las naciones abandonan el subdesarrollo de una manera permanente cuando sus ciudadanos son libres, los individuos detentan realmente la soberanía, los gobiernos se les subordinan, las instituciones de derecho consiguen un alto grado de gobernabilidad, y transmiten la autoridad de una manera justa y organizada mediante elecciones libres. Nada de esto sucede en Nicaragua.

¿Por qué cree Daniel Ortega que Nicaragua es el país más pobre de Hispanoamérica? En los 70 Nicaragua crecía al 7 u 8% anual, pero los Somoza manejaban al país como una finca, fueron derrocados, y con ellos la sociedad se precipitó en la etapa sandinista. Todavía no han recuperado los índices de desarrollo de 1979.

¿Qué va a pasar cuando Ortega bis, o sus sucesores, probablemente a tiros, pierdan el poder? Otra vez la nación retrocederá peligrosamente. Es una pesadilla circular. Una variante del eterno retorno a la barbarie.

Comentarios [ 8 ]

Imagen de Anónimo

Clase 2 patas pa un banco, buenos descaraos Daniel Ortega,violador de niñas y la otra lo apaña.

Imagen de Anónimo

Adivinen quién anda publicando articulos a favor de esta estafa a la democracia y al futuro de una nación como lo es Nicaragua que está siendo vendida a los chinos? el New York Times! Están haciendo la misma serie de propagandas como la que hicierón con Cuba. La izquierda estadounidense unida está apoyando dictaduras y tiranias en todo el mundo... que mierdo!

Imagen de Anónimo

Este articulo de Montaner es el mejor analisis que se haya visto donde la mezquindad, personalizada en Daniel Ortega, queda descita casi a la perfeccion.

Esta repugnante alimaña de Daniel Ortega no deja de insistir en mantener a Nicaragua en la miseria social a costa del trabajo del sufrido pueblo Nicaraguense.    

Imagen de Pamela Landy

Me sumo, hasta la última coma, a lo expresado aquí por 'Anónimo - 30 de octubre de 2016 - 20:08

Salu2 Pam Landy

Imagen de Anónimo

EXCELENTE ANALISIS del corrupto populista de izquierda Daniel Ortega y de la realidad nicaraguense. Como siempre, Montaner pone los puntos sobre las íes. En verdad, Ortega mantiene a Nicaragua como una republica bananera que da pena. Es una verguenza histórica.

Imagen de Anónimo

Que lastima que este señor que prefiere el lenguaje reluciente que desfigura y oculta la verdad no se dirigiera de igual modo a la candidata presidencial asquerosa y sordida de Clinton. Lo que es la conveniencia! Lo que está lejos y no me pone en riesgo la vida es para atacar y desmoralizar.... Pero lo que está en mi inmediatez lo trato según me convenga.... cada día más decepcionado de Montaner, me pregunto si este señor es un egresado de la escuela lenin ? Si, sin mayúsculas 

Imagen de Anónimo

Nicaragua es America Latina, cuna insalvable de arrogantes, plebeyos y dictadores. Tierra soberbia que no se casa de alumbrar tiranos, tierra de fiestas para chivos...

Imagen de Anónimo

No me simpatiza para nada Daniel Ortega, pero hay que reconocer que aprendió de errores anteriores y algunos aspectos, los fundamentales, los corrigió. Eso de no pelearse con los empresarios le salió muy bien y eso de no seguir el guión de La Habana (al menos al pie de la letra como en su primera etapa del 79 al 90), también. Con todos los problemas que tiene esa nación, están mejor que hace 10 años atrás. Claro, como no es un hombre justo, quiere reelegirse una y otra vez. El problema será si en las próximas elecciones (porque en éstas ganará fácilmente) surja algún candidato que le haga sombra. Como dice Montaner, correrá la sangre entonces.