Sábado, 16 de Diciembre de 2017
20:04 CET.
Política

Venezuela: ¿el comienzo de la lucha final?

Para quienes tienden a pensar de modo mecánico, las definiciones duras son la clave del hacer político. Para ellos la práctica política está semánticamente condicionada, incluso determinada por una definición inapelable. En un mundo de definiciones provisorias —como son las de la política (y las de la vida)— se sienten muy incómodos. Me atrevería a afirmar incluso que mientras menos flexibles son las definiciones, mayor es la vocación autoritaria de quienes las sustentan.

Sabemos por ejemplo que si un dictador o gobernante autoritario define a sus enemigos como a ratas (Hitler), gusanos (Castro), maleza (Pinochet), sus palabras son órdenes de exterminio. En la lucha democrática, en cambio, las palabras compiten entre sí. Las construcciones hegemónicas son gramaticales, sintácticas y por lo mismo, discursivas. Se acaba la discusión y el discurso es transformado en simple ideología. En consecuencias, para que el discurso conserve su carácter democrático las cosas no deben ser nunca definidas para siempre. De la indefinición y no de la definición depende la continuidad del debate político. Y del debate político depende la vida democrática.

Valgan estas palabras para intentar entender una discusión que ha marcado a casi toda la historia de la oposición venezolana, la de la definición del Gobierno, dicen unos, del régimen dicen otros. Términos que tampoco son sinónimos. Régimen alude a una forma de Estado, Gobierno al ejercicio del poder estatal.

En el caso del fenómeno chavista lo uno ha tendido a confundirse con lo otro. Pero también es cierto que lo uno depende de lo otro. Esa es la razón por la cual los cinco o seis que rodean a Maduro intentan oponerse con todos sus medios a que el revocatorio convocado por el conjunto de la oposición tenga lugar el año 2016. Pues si tiene lugar en el 2016, con el fin del Gobierno de Maduro se acabaría el régimen. Si tiene lugar después del 2016, se iría Maduro pero el régimen continúa.

Como es obvio, para la estructura de poder chavista se trata de salvar al régimen aunque sea al precio de deshacerse de Maduro. El problema es que para postergar al revocatorio el régimen debe violar la esencia misma de la constitución (originariamente chavista) y con ello aparecer como lo que ha intentado no parecer: una abierta dictadura. En el hecho, es lo que está ocurriendo.

El Gobierno de Maduro, al defender anticonstitucionalmente al régimen sobre el cual se sustenta, se ha transformado, sobre todo después del decreto del estado de excepción (16-M), en una abierta dictadura militar. Si se escuchan las palabras de Cabello, Rodríguez o Maduro, es posible observar, además, que han perdido hasta el respeto por las formas. Hecho importante. Pues es muy distinto definir a un gobierno como a una dictadura a que este se defina a sí mismo como tal. No otra cosa es el decreto del estado de excepción. O así: el Gobierno ya no solo "es" una dictadura, además, "aparece" como dictadura.

La discusión entre el ser y su apariencia no es en este caso ontológica. Pues en política operamos sobre el terreno de las apariencias y no sobre el de las esencias. Para esto último están los filósofos. Eso quiere decir que el Gobierno cada vez se parece más a una dictadura de hecho. ¿Qué significa esto? Algo muy simple. Hasta antes de la declaración del estado de excepción, el de Maduro, de acuerdo al legado del difunto, era un gobierno civil-militar. Durante Maduro se convirtió en un gobierno militar-civil. Hoy, después del decreto de estado de excepción es un simple gobierno militar. Y todo gobierno militar es, guste o no, una dictadura. Así como no hay golpes civiles, no hay dictaduras no militares.

¿Significa entonces que el Gobierno de Maduro es un gobierno más fuerte que antes? Depende de lo que entendamos por fuerza. Si la entendemos como simple fuerza bruta, es evidentemente más fuerte. Si la entendemos como fuerza política, es un gobierno muy débil. Y lo es, pues el estado de excepción significa la suspensión del derecho público y su entrega al estamento militar.

En otros términos, y dicho en contra de la idea que popularizó Carl Schmitt, al renunciar a la potestad política en aras de la militar, el Gobierno pierde y no gana soberanía política.

"Soberano es quien decide sobre el estado de excepción" fue el veredicto del inteligente jurista alemán. Probablemente pensó Schmitt en una soberanía ejercida frente a una situación de calamidad pública, frente a un peligro de guerra o frente a una revolución. Ninguno de los tres es, sin embargo, el que llevó a Maduro a suspender (explícitamente) las garantías constitucionales. Las suspendió en cambio contra una oposición civilmente organizada que defiende un derecho constitucional. Como escribió en un tuit Nicmer Evans, apologista de la pureza virginal del chavismo originario, "Chávez (a diferencias de Maduro) con un golpe de Estado concreto, guarimbas, paro petrolero, etc., nunca decretó un estado de excepción".

Lo que no agregó Evans es que Chávez no tenía ninguna necesidad de hacerlo. La razón es que Chávez ejercía una dominación hegemónica y desde el punto de vista de su constitución, legítima. En cambio —y este es un punto fundamental— la dictadura de Maduro ya no es hegemónica. Con ello se está afirmando que no basta definir a un gobierno como una dictadura sin precisar a que tipo de dictadura nos estamos refiriendo.

Hay en efecto dictaduras hegemónicas y otras que no lo son.¿Qué es una dictadura hegemónica? La respuesta deberá rozar inevitablemente algunos supuestos teóricos gramscianos y otros arendtianos.

Bajo el concepto dictadura hegemónica entendemos una cuya dominación no se ejerce solo mediante el uso de la fuerza bruta sino mediante una centralidad constituida por un discurso o un conjunto de ideas o un programa social o una ideología o simplemente por una figura totémica (carisma) como fue el caso de Chávez. Ahora, en ninguno de esos puntos el Gobierno de Maduro ejerce hegemonía. Todo lo contrario. Los ha ido perdiendo uno por uno. Más todavía, ha perdido el basamento sobre el cual era ejercida la hegemonía chavista: la mayoría electoral. La pérdida de esa mayoría ha inhabilitado, a la vez, el carácter populista del chavismo. Si el Gobierno de Maduro es todavía populista, se trataría de un populismo sin pueblo.

La representación mayoritaria del pueblo reside después del 6-D en la Asamblea Nacional, no en el Ejecutivo.

La mayoría electoral —en ese tema sigo a Hannah Arendt— es condición ineludible para el ejercicio de la hegemonía democrática. Si bien no toda mayoría es hegemónica, no puede haber hegemonía sin mayoría. Una hegemonía minoritaria sería de por sí un contrasentido.

Y bien, si a la perdida de hegemonía política agregamos el aislamiento continental que comienza a sufrir la dictadura de Maduro, la situación no puede ser más catastrófica. Sin el apoyo de los gobiernos de Argentina y Brasil, a Maduro solo le queda el del cada vez más distanciado Correa, el de un perdedor plebiscitario como Evo Morales, el de la familia Ortega (que menos que apoyo es desprestigio) y el del comunismo-Chanel de los Castro.

En términos directos: las condiciones objetivas para un cambio de gobierno (y de régimen) ya están dadas. Las subjetivas —dada la repulsa creciente que provoca el Gobierno— también. Ese mensaje ha sido entendido perfectamente por la oposición democrática. Todas las señales indican que ha llegado el comienzo de la lucha final. La alternativa del revocatorio —electoral, constitucional, democrática y pacífica— ha aparecido en el momento más preciso.

El revocatorio, por su propia naturaleza, opera como un catalizador del descontento popular. Eso significa que el revocatorio no solo es un objetivo sino también un medio de lucha. Un eje. En torno a ese eje son y serán articuladas múltiples demandas sociales y políticas.

El centro de la lucha ya ha sido ocupado por el símbolo revocatorio. El revocatorio está en el centro y es el centro de la política y la salida, como sucede siempre, será por el centro. Nunca por los extremos. El revocatorio es el líder.

El centro, ese centro que ocupa el centro de las ciudades venezolanas, ha llevado a la oposición a arrebatar las calles al chavismo. Las futuras manifestaciones serán multitudinarias; otras veces no tanto. No importa. Más decisivo que las cantidades será la persistencia, la constancia, y como la experiencia enseña, la unidad.

La suerte está echada. A un lado, la política de las armas. Al otro, las armas de la política.


Este artículo apareció en el blog Polis. Se reproduce con autorización del autor.

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Comentarios [ 11 ]

Imagen de Anónimo

Cuando le llegue el turno a Maduro, ¿hará como Allende y se pegará un tiro? ¿Tendrá el valor?

Imagen de Plutarco Cuero

Los Castro son unos Mengeles de la sociología, ellos hacen su experimento y se cagan en las opiniones ... Si antes de colonizar a Venezuela eran groseramente ricos, imaginense ahora ... Lo que importa es el ca$h, y los zombis que lo producen ... después de ellos el diluvio ...

Imagen de Anónimo

La principal torpeza de Chávez - Maduro fue la de incorporar cuadros militares y civiles cubanos para que colaboren con el ejercicio del poder. Por supuesto, es un gran contrasentido que alguien formado en el socialismo intente operar en el capitalismo, salvo hacer una guerrilla al estilo Che Guevara.En Cuba, cuando algo salía mal, se resolvía fácil. FC decía que era el "salvaje imperialismo" y se daba por terminado el asunto, ya sea por la magra cosecha de caña de azúcar o el no cumplimiento del plan de viviendas. La mala gestión no existía, a los ojos del dictador mayor.En Venezuela, estos casos de insuficiencia neuronal de parte de los chavistas han llevado a un patetismo tal que es incomprensible que un país asentado sobre un mar de petróleo deba sentir penurias de todo tipo. Y para colmo de males, colonizados por la burocracia cubana, que no es otra cosa que un parásito temible, porque no sólo es ineficiente sino que también inhumano.

Imagen de Anónimo

Estoy con ustedes, 3.47 y 3.24. El título del artículo me recordó aquello de "Agrupémonos todos, en la lucha final y se alcen los pueblos con valor..."

Imagen de Anónimo

Augusto Pinochet salvó a Chile. No permitió que cayera en las garras del comunismo y que fuera otra Cuba destruida. Gracias a él, Chile se convirtió en una de las economías más desarrolladas de América Latina. Es decir, el país avanzó. Acabó con un poco de zurdos perversos. Al final, cuando ya estuvo seguro, permitió las elecciones.  El autor, lavado su cerebro por esa izquierda desechada, que aún destruye a Hispanoamérica, influenciado por sus lecturas de Granma y por el castrismo, pone a Pinochet, el Salvador de su nación, como un dictador. Loado sea Pinochet por los siglos de los siglos. Los rojos rojitos merecen desaparecer de la faz de la tierra. Miren a Cuba antes de decirme lo contrario. Viva Augusto Pinochet. En Cuba necesitamos uno como él. O peor, de mano aún más dura. Santo varón.

Imagen de Anónimo

   los comunistas siempre hablando de injerencia interna y son ellos los mas descarados injerencistas del mundo.......siempre nos preguntamos ..¿que pasa con la ONU que no acaba de condenar con la dureza que merecen el caracter criminal de las izquierdas extremistas como los comunismtas y el socialismo?     Angel(CENTRO DERECHA CUBANA)

Imagen de Anónimo

Esto sirve de ejemplo que donde entra el gobierno de los Cagastrosaurios Quesemetentodoporelculo no crece ni laq hierba!

Imagen de Anónimo

Según Ramos Allup, 60 oficiales cubanos viven en Fuerte Tiuna como infiltrados en unidades operativas claves comandados por el general Gregorich. Qué asquerosos son estos dictadores cubanos. No ponen orden en su casa y quieren mandar en la del otro. Fuera cubanos de Venezuela.

Imagen de Gabonice2

La culpa del desplome del chavizmo en Venezuela la tienen los Castro. Deben estar maldiciendo la hora en que se les ocurrió elegir a Maduro como sucesor de Chavez. Es que la famosa ¨Universidad Ñico López¨ no se les ocurre hacerles un test mental a sus alumnos antes de regalarle un título. Cada vez que Maduro habla pierde más pueblo y desde que tomó el jamón por el mango no ha puesto una. Todavía está a tiempo de renunciar y salir corriendo.

Imagen de Anónimo

Excelente artículo. Parafraseando a Silvio Rodríguez en Venezuela sólo hay dos opciones en este momento: "un rabo de nube" o "un disparo de nieve".