Domingo, 17 de Diciembre de 2017
00:00 CET.
Opinión

Acerca del uso correcto de las palabras en política

Mucho se ha insistido acerca de la relación entre política y guerra. No faltan motivos: la política como la guerra requiere del enfrentamiento entre adversarios y, por lo mismo, de armas. Pero las armas de la política son las palabras. Cuando la política agota las palabras, estamos cerca de la guerra.

Si las palabras son las armas de la política, tenemos que escoger las armas para enfrentar al adversario. En cierto sentido el adversario determina el tipo de armas a usar. Así como en la guerra no podemos enfrentar a un tanque con una bayoneta, en la política no podemos enfrentar a un dictador con un lenguaje sublime.

En política la hegemonía solo puede ser lograda mediante el acertado uso de las palabras. Derrotar al adversario es lograr que nuestras palabras, y no las del adversario, sean las que dominen en el espacio ciudadano. Al llegar a ese punto no debemos olvidar la primera regla de la semiótica. Dice así: la realidad es una construcción gramatical.

De lo que se trata en política es de derrotar al adversario imponiendo la hegemonía de un discurso gramatizado en cadenas de significantes. Por cierto, ningún significante da cuenta total del significado que pretendemos revelar. Hay que usar por consiguiente los significantes más adecuados. Tal vez deba explicar este punto con ejemplos.

Siguiendo las discusiones en la lucha electoral que tuvo lugar en Cataluña me fue posible observar cómo diversos grupos políticos se referían al nacionalismo catalán empleando diversos significantes. Los partidos catalanistas se autodenominaban "independentistas". Sus adversarios en cambio los llamaban "separatistas" e incluso "escisionistas". Y bien, si las diferencias semánticas entre esos tres significantes no parecen ser muy grandes, en el marco de la discusión política sí son gravitantes.

Independencia significa liberarse de un Estado opresor. Separatismo significa restar una parte de la nación a otra nación. Escisionismo alude a una ruptura sin reconciliación. ¿Cuál de estos términos impondrá su hegemonía? Gran incógnita. Lo único que sabemos es que de esa hegemonía depende el destino de la nación española.

Hay en Europa otro país en donde la lucha política se ha transformado en una discusión (aparentemente) nominalista. Me refiero a Alemania. Pero a diferencia de España, el objetivo allí es imponer un significante sobre un fenómeno que irrumpe desde fuera del espacio político común, a saber, los enormes contingentes de árabes, predominantemente sirios, que entran al país. Sin embargo, al igual que en España, la denominación hegemónica del fenómeno tendrá gran importancia para el curso de la política en los próximos años.

Según sectores conservadores los recién llegados son simplemente "emigrantes". Para los grupos de la ultraderecha en cambio, se trata de una "invasión". Los socialdemócratas se debaten entre la terminología conservadora y el uso de términos neutros, como "asilados". Para  Angela Merkel y quienes apoyan su política de puertas abiertas, los recién llegados son lo que son: "refugiados de guerra".

Las intenciones que subyacen en cada término son evidentes. Si hablamos de emigrantes nos encontramos frente a un problema que no es político, sino demográfico. Si hablamos de invasiones, hay que pensar en bárbaros que vienen a imponer sus costumbres y religiones. Si hablamos de asilados, la tarea es hacer un corte discriminatorio entre los que vienen por razones políticas y los que huyen de bombardeos. Si hablamos de refugiados de guerra, hay que recibirlos a todos.

Toda esa variedad semántica nos demuestra cómo la significación de un hecho condiciona a la política que hay que asumir frente a ese hecho. Así se prueba una vez más que las palabras que usamos (no solo en política), a la vez que emergen de una realidad, son portadoras (y constructoras) de realidad.

Sin embargo, que la denominación de Angela Merkel —"refugiados de guerra"— sea la más exacta, no garantiza de por sí su hegemonía. Términos como invasiones (incluso inundaciones) apuntan a remover miedos ocultos. De la misma manera, términos como emigrantes o asilados son usados para desviar la atención con respecto a la palabra "guerra", la menos popular en Alemania. En política, ya deberíamos saberlo, no siempre se impone la verdad.

Para que el discurso más verdadero logre su hegemonía se requiere no solo de su verosimilitud, sino del más intenso debate público. La terminología que al final se impondrá nos dirá de modo preciso cuáles son los sectores o grupos políticos que ejercen hegemonía en la política de un determinado país.

En España y en Alemania el debate público está garantizado al menos por instituciones democráticas, por una prensa libre y por la pluralidad política. Pero, ¿qué ocurre cuando la competitividad entre los significantes se encuentra bloqueada o entorpecida desde el poder, como suele suceder en regímenes no democráticos?

En América Latina tenemos dos casos extremos. Me refiero a Cuba y a Venezuela.

En esos dos países cuyos gobiernos son controlados por partidos-estados, los detentores del poder han logrado imponer durante mucho tiempo un discurso oficial. Pero también, en los dos casos, dicho discurso ha terminado por perder credibilidad (hegemonía), aun entre sus propios divulgadores. Esa ausencia de credibilidad origina a su vez el desarrollo de contradiscursos los que, si bien no llegan a hacerse públicos en los medios de difusión, no por eso dejan de existir.

Fidel Castro y Hugo Chávez lograron —y quizás hay que remarcar: no solo por la fuerza— imponer la creencia de que ellos eran portadores de una revolución. Hoy día, sin embargo, son muy pocos los que creen que Raúl Castro o Nicolás Maduro sean representantes de alguna revolución. ¿Qué nos dice este síntoma? Algo muy sencillo: Si el discurso de regímenes no democráticos pierde su credibilidad (hegemonía) nos encontramos frente a una profunda crisis de legitimidad de esos regímenes.

El caso de Raúl Castro es patético. Cuando pronuncia la palabra revolución todo el mundo se pregunta: ¿Puede hablarse en tiempo presente de una revolución después de más de medio siglo de haber sido iniciada? Y si de todas maneras eso fuera posible, ¿contra quiénes la están haciendo? ¿Contra el capitalismo, precisamente en el país que ha sido convertido en el paraíso de los turistas, el que más ha abierto las puertas al capital extranjero en toda América Latina? Raúl Castro no puede ni siquiera engañarse a sí mismo. La palabra revolución solo tiene sentido para designar a la oposición como contrarrevolución y así continuar manteniéndose en el poder con la fuerza de las armas y no con las de la política. Dicho lo mismo en términos casi gramscianos: el castrismo es todavía una fuerza instrumental dominante, pero ya ha dejado de ser una fuerza política hegemónica.

Frente a esa realidad la oposición cubana tiene dos opciones que no se contradicen entre sí: designar al régimen de Castro como lo que es, una dictadura militar y designarse a sí misma como "democrática". Ese segundo camino ofrece la ventaja de que, sin ser nombrado, el régimen es entendido como una dictadura y a la vez la oposición conforma su propia identidad política ante sí y frente al enemigo.

Para Maduro a su vez, toda la oposición está formada por la "derecha fascista", absurdo significante dedicado a designar a un conjunto político pluralista en el cual los partidos social-democráticos tienen preeminencia. No obstante, a diferencias de Castro, Maduro debe contar con la existencia de contradiscursos muy consolidados en la arena política.

Por un lado, para sectores de la oposición el Gobierno de Maduro es fascista, para otros, comunista, e incluso para algunos, las dos cosas a la vez. Pero, por otro lado, ha aparecido un contradiscurso popular cuyos significantes tienen que ver muy poco con las terminologías en rigor. Lo vamos a decir del modo más sencillo: a la señora que hace colas para conseguir alimentos, al marido cuyo sueldo ha sido devorado por la inflación, en fin, a la gran mayoría, les importa muy poco si el Gobierno es autoritario, fascista, estalinista, bonapartista o cesarista. Para ellos ese gobierno es antes que nada "un gobierno incapaz" (otros dicen "gobierno de mierda", pero es lo mismo).

"Gobierno incapaz" es un significante surgido de la experiencia cotidiana. Por lo mismo debe ser entendido en su connotación política. Ese significante nos dice que la mayoría de los ciudadanos votará el 6-D en contra de los oficialistas, no porque de pronto haya descubierto que representan a una dictadura. Lo va a hacer por la sencilla razón de que la experiencia ha mostrado que ese gobierno ha provocado una feroz crisis económica, política y moral, crisis frente a la cual no es capaz de ofrecer ninguna alternativa. Eso quiere decir que el principal enemigo de ese régimen ha sido su propia incapacidad. Publicitar y politizar esa incapacidad ha sido, a su vez, un mérito de los partidos políticos organizados en la MUD.

Por cierto, "gobierno incapaz" no es una categoría sociológica ni politológica. No obstante, según las informaciones de que dispongo, ese significante ya ha establecido su hegemonía gramatical en el discurso político popular. Harían bien los candidatos si atendieran a ese detalle.

Denunciar al régimen como a una dictadura en el marco de una lucha electoral, más allá de que efectivamente lo sea, solo interpela a los sectores más politizados del país: a los que sufren directamente las arremetidas dictatoriales. En cambio, denunciarlo como "gobierno incapaz" interpela y moviliza a la mayoría, incluyendo a muchos que en el pasado votaron por el chavismo. Y sin mayoría —es bueno recordarlo— no puede haber hegemonía.

La exactitud semántica y la exactitud política de una palabra no siempre coinciden entre sí. La política en tiempos electorales no se rige por normas académicas.

Síguenos en Twitter, Facebook o Instagram. Si resides en Cuba, suscríbete a nuestro boletín con una selección de los contenidos más destacados del día. Si vives en cualquier otro punto del planeta, recibe en tu buzón de correos enlaces a lo más relevante del día.

Comentarios [ 11 ]

Imagen de Anónimo

malisimo

Imagen de Anónimo

Que podriamos esperar deun vulgar delincuente como Maduro , el mundo esta verdaderamente ciego con la realidad Venezolana , pero aun mas cobarde para erradicar este tipo de ratas inmundas que contaminan nuestro hemisferio , cuanto tendremos que soportar al nefasto , fascista y payaso de este senor mal nacido .

Imagen de Anónimo

Bueno, muy de acuerdo con el autor pero no solo esos ejemplos. Una clase magistral la dio el Presidente Obama en su entrevista con Steve Kroft para "60 Minutes" en la CBS cuando este le pregunto y le presiono sobre "liderazgo" al verse acorralado por el periodista y visiblemente molesto, sencillamente, le cambio el significado a la palabra. Asi de sencillo. Los totalitarismos como tienen su propia liturgia, tambien tienen su propia semantica y semiotica, la reconstruyen y la hacen politica. Vale entonces la propuesta del autor. No se podria saber hasta que punto es tardia cuando ya los totalitarismos tienen su coartada perfecta para sobrevivir a los intentos de su desmantelamiento desde el argumento de la democracia. Ellos han encontrado la forma de llamarse "democracia diferente", de lo que se desprende que, como democratas que somos, debemos respetar la diversidad. Pero eso no es lo que sorprende ni asusta, es el exito que han tenido de que en occidente, muchos se crean el argumento. Tendriamos que dejar que Jurgen Habermas y antes de el, Antonio Gramsci, nos explicaran un poco mejor sobre lo que esta sucediendo.

Imagen de Cubanón Regusanón

el sistema que actualmente rige en Cuba es una dictadura de mierda, incapaz, abusiva, inmoral, criminal, irrespetuuosa, egocéntrica, brutal, destructibva,nefasta y para allá. Pero hay algunos que todavía la tratan con pinzas y no lo digo por el articulista que es persona entendida y seria a mi modo de ver.,

Imagen de Anónimo

Ladrones, violadores de todas las libertades, piden sacrifico y viven como reyes, pregonan valentía y son unos cobardes, mandan inocentes a la guerra y se queda en casa, ofenden por doquier y tienen hasta leyes que condenan a quienes le dicen las verdades, pena me da por mi pueblo, por Vzla, Ecuador, Nicaragua, Bolivia, que se hunden cada día mas mientras sus gobernantes se enriquecen, se imaginan tener a un pueblo engañado haciéndole creer que los norteamericanos eran enemigos y ahora que? Ni machacando estos HPs podrán reparar tanto daño y tiempo perdido. 

Imagen de Anónimo

Muy buen artículo, excelente!!!!

Imagen de Anónimo

Mires muy instructivo su análisis, debería ser una reflexión para los demócratas cubanos y fundamentalmente para una gran mayoría de activistas sean defensores derechos humanos, periodistas independientes, activistas sociales, sociedad civil independiente, entre otros, que le están haciendo un gran aporte a la transición democrática de Cuba. Pero la clave del problema desde el punto de vista semántico está en, cito: “La oposición cubana tiene dos opciones, designar al régimen de Castro como lo que es, una dictadura militar y designarse a sí misma como DEMOCRÁTICA. Ese segundo camino ofrece una ventaja de que, sin ser nombrado, el régimen es entendido como una dictadura y a la vez la oposición conforma su propia identidad política ante sí y frente al enemigo”. Fernando pienso que su sugerencia que yo como cubano la asumo como una propuesta va más allá, porque la disidencia\oposición cubana es muy fragmentada, desde el punto de vista de como se asumen, los radicales son  los que llaman al castrismo como lo que es una dictadura militar, los moderados de gobierno o de oficialismo y por ahí sigue hasta los que se consideran una oposición leal al castrismo, por eso pienso que llamarse Demócratas es lo más racional porque también se hacen más atractivo al NO CASTRISMO que a mi modo ver son la mayoría de los cubanos, COMENTARIO de Esopo.

Imagen de Gabonice2

Excelente artículo que sería de mucha ayuda para muchos opositores en Cuba. Es más efectivo defender a los ciudadanos de a pie de las injusticias que comete el gobierno: Servicios de salud desigual, alimentación desigual, trabajos desiguales entre unos pocos privilegiados del gobierno y la inmensa mayoría del Pueblo. Y el Pueblo que ante sus sufrimientos no ve como suyos los gritos de !Abajo la Dictadura! !Vivan los Derechos Humanos! Se lanzará a la calle a apoyarlos como sus más genuinos defensores.

Imagen de Anónimo

"En el jardín de mi padre hay dos jaulas. En una vive un león, que los esclavos de mi padre trajeron del desierto de Nínive; en la otra, un gorrión que no canta. Todos los días al amanecer, el gorrión saluda al león diciendo: "Que tengas buenos días, hermano prisionero"Esos son los cubanos que se quedaron y los que se fueron.

Imagen de Anónimo

Bravo por Fernando Mires! Más artículos como estos y menos catarsis verbal e histeria anticastrista es lo que necesita este sitio. Esto es lo mejor que se ha publicado aquí en meses.