Jueves, 14 de Diciembre de 2017
22:57 CET.
Opinión

El Papa Francisco y el debate sobre los pobres

Su Santidad está intensamente preocupado por el bienestar de los pobres y por la salud del planeta. En poco tiempo ha proclamado dos encíclicas para enfrentarse al tema: Evangelii Gaudium (La alegría del Evangelio) y Laudato Si (Loado Sea).

La participación de la Iglesia en este asunto es legítima, al menos desde su perspectiva. El Papa, como buen creyente, suscribe la hipótesis creacionista. Su Dios, supone, creó el mundo —todo lo que existe—, como les reveló la Biblia en el Génesis, y con él a una criatura muy especial, el hombre, que tiene la responsabilidad de administrar la Creación. Por lo tanto, el bienestar de los seres humanos y la salud del planeta le atañen, especialmente a una persona convencida de ser el representante de Dios en la Tierra.

En general, la visión de Francisco es la de alguien que rechaza el mercado y sospecha de las virtudes de la propiedad privada, o lo subordina todo a un inasible bien común, como sostiene la Doctrina Social de la Iglesia, un curioso cuerpo doctrinario, a veces contradictorio, en el que se trenzan los planteamientos económicos, los dogmas religiosos y los juicios morales.

El papa argentino, afortunadamente, no es el único teólogo católico que tiene esas preocupaciones. El sacerdote Robert A. Sirico, que es, además, economista, y pasó las calenturas socialistas en su juventud, de las que consiguió curarse, hace 25 años fundó en Michigan el Acton Institute of Religion and Liberty para explicar cómo el mercado, la propiedad privada y la libertad son mucho más eficientes para combatir la pobreza y mantener los equilibrios ecológicos que las decisiones de los comisarios o la buena voluntad de los obispos.

Invito a los lectores a que entren en la página web del Acton Institute, contrasten la encíclica Loado Sea con la crítica que ahí se le hace, y lleguen a sus propias conclusiones. El papa Francisco es una persona carismática y bien intencionada, pero esos rasgos de su personalidad no le conceden una especial verosimilitud a sus opiniones sobre el desarrollo. Si Sirico, como creo, tiene razón, los criterios del Papa, en general, resultan contraproducentes.

Pero hay otros cristianos que participan en el debate. Los luteranos también se lo toman muy en serio e invocan las mismas razones teológicas que Francisco, pero arriban a conclusiones contrarias.

En abril, pocas semanas antes de la encíclica del Papa sobre el cambio climático, más de un centenar de científicos, teólogos y profesores universitarios vinculados al luteranismo, le dirigieron al Papa una carta abierta advirtiéndole que los combustibles nucleares y fósiles —petróleo, carbón—, la propiedad privada, el comercio libre, el Estado de Derecho y los gobiernos limitados habían logrado rescatar de la pobreza a millones de personas que podían volver a ella si se aceptaba como ciencia las opiniones para ellos caprichosas y equivocadas de algunos ecologistas embriagados por el estatismo.

Los lectores interesados en conocer los argumentos de la carta abierta y la impresionante lista de firmantes pueden acceder al documento en el sitio Cornwall Alliance for the Stewardship of Creation.

Una observación final: el Papa y muchos de sus seguidores participan de una gran contradicción en el terreno económico cuando predican al mismo tiempo las virtudes del ascetismo y la frugalidad y la necesidad de rescatar de la pobreza a cientos de millones de personas.

La pobreza material es la consecuencia del no-consumo. Los pobres carecen de todo: desde agua potable hasta de un techo decente, pasando por medicinas, ropa y alimentación adecuadas, transporte y comunicaciones.

Para que abandonen la pobreza hay que convertirlos en consumidores progresivos. Una sociedad productiva solo puede crecer si genera incesantemente más bienes y servicios para un número mayor de personas, empleando proporcionalmente menos recursos. Si se detiene ese ciclo sobrevienen el desempleo y la miseria.

Carece de sentido condenar a los alemanes por vivir opulentamente y censurarlos porque hay millones de personas que viven mucho más miserablemente que ellos y se sienten con derecho a emularlos. Lo mismo puede decirse de los norteamericanos o de los daneses.

¿Cuánto es suficiente? Depende de cada individuo. El valenciano Rodrigo Borja, que fue papa con el nombre de Alejandro VI, era el cardenal más rico de su tiempo (y el que más hijos tuvo). Benedicto XVI se sentía bien en los mejores aposentos del Vaticano. A Francisco I, en cambio, le basta una habitación mucho más modesta en una especie de hotel en el que pernocta.

Un papa capaz de reconocer paladinamente que no era nadie para juzgar las preferencias sexuales de sus prójimos, puede entender que tampoco es nadie para decidir cuáles autos o cuántos metros de vivienda son moralmente justificables. Eso pertenece al ámbito de la subjetividad individual y de la definición personal de lo que es necesario, confortable o lujoso. ¿Quién es él para decirles a los demás lo que pueden o deben consumir? Aceptar esa limitación humildemente acaso sea una de sus mayores virtudes.

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Comentarios [ 38 ]

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Dejad de divagar,hidalgos/ entre borrascas de vino holgar/de los curatos pensar/la dulce citara de las holganzas/ y del mundano ser las pitanzas/ que este picaro mundo nos ilustra/ y del soberano que con amanuenses su escudo lustra/y los placeres sanciona con especial tacto/en sus aposentos posa/con delicadas carnes de tiernas mozas/ graciles hijas de la patria densa/y cata suaves caldos de su bien montada despensa...fray Fillipino di Cestia-Pianne, ( fragmento de su Oda al signore Sanchez Randi)cibdad de la Havana, anno 1615

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Aunque no cuides el metro, Pitirre, me voy contento,sí, por el entendimiento:la Paz se impone al recelo. 

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Ya con lo que tengo vivopero alerto a los que vienenque si cuidado no tienenen atisbar el arriboa un puerto definitivode bien y prosperidad.Falsa vision con maldadde populismos y llorosharan que miren tesorossin salir de la ruindad.    El Pitirre de Guaracabuya

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Trato cuando abro el picode que mi criollo trinoponga luz en el caminopara un futuro mas rico.Del alpiste ni te explicopues en mi ambiente ruralno prima lo materialademas, voy en bajaday solo doy la picadaal que creo se porta mal.     El Pitirre de Guaracabuya 

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Pitirre, los de la izquierda; Pitirre, los de derecha,te dan granitos de alpistepara que chilles y piques.

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Pitirre, no tengo amo;la Verdad es como un faroque en la noche de este mundonos va dibujando el rumbo.

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Veo que tu cuartetismono viste de poesiay lleva una fantasiaadornada de izquierdismo.Yo considero lo mismoal que los extremos tocay con sus lemas evocael cari~o por un amoconvirtiendo su reclamoen la actitud de una foca.   El pitirre de Guaracabuya

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Son los curas del exilio,subvencionados por gánsters,una flaca contraparte al cardenal del banquillo. 

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Esta derecha que limpiasus crímenes con dinero es el peor contrapesoa la izquierda que fustiga. 

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No, no solo el Sr. Montaner, sino todos los Cubanos, no los esbirros, el pueblo de a pie, a los que los Castro le quitan comida, libertad y dignidad, denunciamos que la iglesia de Cuba nos traiciona; nosotros el pueblo apaleado y esclavizando denunciamos que el Papa Francisco y sus representantes nos dan la espalda. Nosotros también criticamos al Papa Francisco por apoyar las dictaduras castrocomunistas de Latinoamérica y de traicionar a Cristo conscientemente de esa forma, como lo hace también el Cardenal Ortega.