Martes, 12 de Diciembre de 2017
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Oslo Freedom Forum

La lucha por los derechos humanos

El día en que la citaron en el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), la abogada venezolana Tamara Sujú valoró por primera vez la idea de exilarse. No quería ir presa en un país donde "no existe el Estado de derecho, donde la justicia está secuestrada por el poder ejecutivo".

Sujú ya había recibido varias acusaciones, incluso desde la propia Asamblea Nacional. En 2010, tras la huelga de estudiantes ante la sede de la Organización de Estados Americanos (OEA), Maduro la llamó "conspiradora".

A la sede del temible SEBIN fue por dos razones. Porque no tenía nada que esconder, y porque quería saber de qué era ella testigo —bajo esa forma legal la habían citado.

Por esos días, las acusaciones más comunes a miembros de la oposición eran tres: magnicidio, conspiración y desestabilización. "En mi expediente éramos más o menos 30. Yo fui la sexta, y fui a averiguar".

En el SEBIN, Sujú se enfrentó a un interrogatorio. Se le preguntó si conocía o había tenido reuniones con una serie de personas acusadas durante semanas de conspiración, gente como el dueño del periódico El Nacional; o Rodrigo Diamanti, líder de la organización Un Mundo sin Mordaza [Diamanti no puede salir del país en la actualidad]; o el conocido opositor Gustavo Tovar.

La verdadera razón de la cita fue el activismo de Sujú como miembro del Foro Penal Venezolano, una organización de 200 abogados penalistas y más de 1.500 activistas, dedicada a la defensa pro bono de manifestantes y víctimas de violaciones a sus derechos humanos.

El crimen del Foro era el haberse hecho cargo de la defensa de la mayoría de los 3.725 detenidos [a día de hoy] en las manifestaciones contra el Gobierno de Nicolás Maduro, que sacudieron el país entre febrero y julio de 2014.

"2.020 de esas personas fueron presentadas a los tribunales y acusadas. Hoy sufren medidas cautelares mientras esperan por sus procesos. No pueden hablar de sus casos, no pueden manifestarse, y muchos no pueden salir del país. Es decir, no son presos políticos, pero no gozan de libertad", argumenta Sujú. "Todas estas personas se hallan en un limbo legal."

Otros 633 venezolanos fueron apresados y liberados en 48 horas, el máximo permitido por la ley, sin que se les acusara de nada en los tribunales.

Desde el comienzo de las protestas contra el Gobierno, Sujú identifica tres patrones de detención en Venezuela. De febrero a abril de 2014, estas fueron masivas. Entre 70 y 80 manifestantes eran arrestados cada noche. Se les mantenía incomunicados las rigurosas 48 horas, y a muchos los subían a los tribunales a partir de las 10 de la noche.

Los abogados del Foro Penal Venezolano tenían entonces diez minutos para revisar los expedientes, ver de qué se acusaba a los detenidos, si habían sido golpeados, maltratados.

Durante este lapso de tiempo, el SEBIN, la Guardia Nacional, la Policía Científica o la Policía Nacional Bolivariana (PNB), responsables de las detenciones, se mantenían presentes. "Era una estrategia de amedrentamiento en contra de la víctima", explica Sujú. "Los detenidos tenían que declarar ante los mismos represores que los habían golpeado y vejado. A pesar de eso, todos denunciaron los hechos".

Seguidamente, las audiencias de presentaciones duraban hasta a las cinco o las seis de la mañana. Más de una vez, Sujú y los abogados del Foro Penal debieron salir a esas horas, desayunar unas arepas y volver a los tribunales.

Represión y política

Ya en 2012, el señor Rodríguez Torres, ministro de Interior y Justicia del Gobierno bolivariano, exdirector del SEBIN y arquitecto de la actual estructura represiva, había hecho de Sujú el blanco de sus acusaciones, incluso televisivas. El mismo método es empleado, en la actualidad, por el señor Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional y segundo del Gobierno de Nicolás Maduro, contra el director ejecutivo del Foro Penal, el abogado Alfredo Romero.

Para Tamara Sujú, en la Venezuela de Maduro, las ONG que se dedican a defender a los presos políticos han pasado a ser víctimas directas de la represión.

A las detenciones masivas de los primeros meses de manifestaciones, siguieron las que Sujú califica de "detenciones con allanamiento arbitrario".

"Si un vecino le abría la puerta de su casa a un manifestante, para protegerlo, la policía iba y tiraba la puerta abajo. Sin orden de allanamiento."

Marcelo Crovato, abogado del Foro Penal, fue una de las víctimas de esta nueva fase. Crovato estuvo presente en uno de los allanamientos. Y también fue detenido. En prisión entre abril de 2014 y abril de 2015, intentó suicidarse el pasado noviembre.

Ahora bien, ninguno de estos procesos judiciales, salvo dos, ha avanzado. Ni siquiera han tenido lugar las audiencias preliminares, que deben hacerse tras un máximo de 40 días tras la detención.

Los únicos dos juicios que avanzan, a toda velocidad, son los de los líderes políticos Leopoldo López y Daniel Ceballos, ambos opositores al gobierno de Maduro. López es el director nacional del Partido Voluntad Popular, inscrito en la Internacional Socialista; Ceballos el alcalde del municipio San Cristóbal, en el Estado de Táchira, donde las manifestaciones fueron más fuertes.

¿Por qué acelerar estos juicios?

"Pretenden inhabilitarlos", dice Sujú. "Tendrá que haber elecciones legislativas en poco tiempo [la definición de una fecha electoral es una de las exigencias de López, quien ha comenzado una huelga de hambre en prisión]. Si los eligieran, tendrían inmunidad parlamentaria. En cambio si son condenados antes de las elecciones, no. El propósito del Gobierno es sentenciarlos antes de que salgan electos."

En una vuelta de tuerca de la represión, tras las detenciones con allanamientos arbitrarios, se sucedieron las selectivas. "Fue lo que le hicieron a Antonio Ledezma, alcalde metropolitano de Caracas", dice Sujú. "A los elegidos van y los buscan en sus casas, incluso antes de las manifestaciones."

A ojos de la abogada, algo aún más terrible está sucediendo. A mucha gente la tienen fichada y amedrentada. Las fuerzas represivas van a sus casas y los amenazan con represalias a sus familias. "Sabemos dónde estudias", cuenta Sujú que les dicen. "Sabemos dónde está tu mamá y tu papá, quédate tranquilo, deja ese tema de los derechos humanos."

El resultado es claro: si bien en 2014 todos los detenidos tras las manifestaciones declararon las atrocidades de las que habían sido víctimas, ahora ninguno quiere hablar del tema.

El objetivo es tener a la gente silenciada: "No están presos, no son presos políticos, pero no hablan, no tienen derechos, no se manifiestan. Están presos sin estar en la cárcel", dice Sujú.

Represión y estado de derecho

Para Tamara Sujú, la situación se ha radicalizado.  El Gobierno ya detiene a gente incluso en las infinitas colas frente a los supermercados. "Si te quejas, te detienen". Los reporteros que mencionen las colas y la escasez también son detenidos. No se puede tirar fotos.

En enero, el presidente Nicolás Maduro autorizó el uso de armas letales con el fin de "mantener y asegurar la estabilidad, la ley, el orden dentro del territorio nacional y evitar desórdenes".

Poco después, el joven Kluivert Roa fue asesinado de un tiro en la cabeza, ultimado por un represor. No fue el único. En apenas una semana, seis jóvenes más, todos menores de 20 años, aparecieron ejecutados de la misma forma. Según Sujú, "los organismos de la Seguridad del Estado no han evitado no disparar. Tiran perdigones a las piernas para que los manifestantes no puedan correr, para detenerlos."

La represión, la violencia social permitida y alentada por el Gobierno —un venezolano es víctima del hampa cada hora, y el 97% de los delitos quedan impunes—, el hambre y la escasez, tienen a los venezolanos atados de manos.

"Solo un lado está armado", denuncia Sujú. "El Gobierno y los malandros".

Poco después de la citación en el SEBIN, y a instancias de su familia, la abogada Tamara Sujú solicitó asilo en la República Checa. En Praga, el expresidente Vaclav Havel siempre le había ofrecido su apoyo.

Ahora, como directora ejecutiva del Instituto Casla, dedicado al estudio de la democracia y los derechos humanos en Latinoamérica, Sujú tiene la oportunidad de ayudar a quienes están siendo víctimas de violaciones no solo en Venezuela, sino también en Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Cuba.

En su opinión, la solución de la situación en Venezuela pasa por una transición a la democracia, un paso que devuelva el Estado de derecho, "donde nos encontremos todos los ciudadanos en el marco de la Constitución y los valores democráticos. Pero para esto, siempre es importante que las víctimas de violaciones de derechos humanos sean resarcidas, que se haga justicia".

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Comentarios [ 2 ]

Imagen de Anónimo

El comunismo llego a venezuela.ya son incontables los exiliados y refugiados que estan llegando a usa y europa.esto da pena.y todo para que un grupito que promuebe la igualdad para los otros pero no para ellos se vuelva mas rico.no se si abran visto el video en you tube dl retiro en un cajero automatico de 200 dolares de una de las hijas de chavez la embajadora suplente ante la ONU.la Niña tenia como balance casi 900 millones de dolares.se imaginan.27anos y ni trabajo fijo.y viviendo en los new yores.y 900 millones de dolares.eso es mucho mucho.esa es la igualdad que  promueben los comunistas para los demas pero no para ellos.han desangrado venezuela y cuba lo poco que tenian se lo robaron.y por eso en los dos paises tienen a la gente pasando hambre y con mucha represion para que la gente este ocupada en su dia a dia y no se unan a luchar.son un cancer espero les quede poco.

Imagen de Anónimo

El mismo sistema represivo que en cuba al estilo KGB .todo el mundo te dice no hables no te quejes porque te vas a buscar un problema.es como un mantra que te repiten familia y amigos.lo gracioso es que te vas a buscar un problema no .es que todo el que vive en cuba ya esta en problemas.lo mas duro es haber nacido y crecido en la represion.sin un punto de referencia para darse cuenta de que lo que esta pasando esta mal porque no has visto nada mas.es lo peor.hay que irse de aquel infierno donde hasta el aire te lo controlan para darse cuenta de que no es normal lo que esta pasando.