Domingo, 17 de Diciembre de 2017
15:08 CET.
Opinión

Chile contra Chile: miseria ética en La Haya

Aunque Chile reiteró que no tenía asunto alguno pendiente con Bolivia —lo mismo dijo respecto a Perú— terminó en el banquillo de los acusados en la Corte Internacional de La Haya y no vio otro remedio que enfrentar el reto y volver a derrochar un grueso fajo de dólares en pago de abogados carísimos, viajes de delegaciones y un largo etcétera. Si lo anterior pareciera anecdótico, el ingrediente económico en el tema resulta insoslayable.

Pero Chile podría lograr que el tribunal se declare incompetente teniendo en cuenta el tratado de 1904, que significó la pérdida a perpetuidad para Bolivia de enormes territorios y también a perpetuidad de toda su costa. Aquel pacto, legalmente inobjetable, entrañaba una miseria ética que con el tiempo y en particular con la globalización fue rompiendo la cárcel que la escondía.

Las razones históricas para que La Paz propusiera el pacto 20 años después de la Guerra del Pacífico y lo aprobara su Congreso son inexplicables en gran medida. Enseñan un entrelazamiento de presiones que obligaba a adelantarse a un acuerdo entre Santiago y Lima sobre el sur ocupado de Perú, ambiciones electorales internas, concepciones absolutas sobre transporte y desarrollo, además de no pagar la indemnización exigida desde Chile por el conflicto y alcanzar algunos créditos y ayuda por la inmensidad que perdía. Influyó asimismo el contexto que generó la sangrienta guerra civil boliviana de 1898, donde los indígenas decidieron el triunfo de los federales, entre otros sucesos.  

Un poco más de historia

¿Por qué miseria ética? Que el perdedor desenfoque gravemente sobre sus intereses, que no logre mirar en perspectiva y hasta se doblegue ante una guerra perdida y ocupaciones consumadas, no entrega derechos morales al vencedor para aceptar la situación. Chile pudo hacer menos lesiva la propuesta si accedía a la salida al mar. Bastaba recapacitar sobre el pensamiento anterior de sus propios políticos y próceres, pero se desentendió de estos y otros y en lo que atañe a la honorabilidad de un vencedor que había perpetrado abusos y saqueos.

Un escritor y político enterado de las entretelas de la época hablará, en ensayo muy conocido, de "hermanos castigados más allá de sus culpas" y calificará de "tradición criminal" el apropiarse, mediante guerra, de las tierras del hermano. También por aquellos tiempos el venidero presidente Domingo Santa María, uno de los protagonistas de la guerra de 1879 y quien, en medio de los combates, hablaba ya del acceso al mar: "¿En qué situación queda esta República despojada de todo litoral...? Mal haríamos... creyendo que por solo nuestra voluntad, y sin consultar otro interés que el interés nuestro, vamos a poder alterar el mapa americano". Luego de más de un siglo, Santa María, a pesar de que no fue dechado de virtudes, muestra hoy a la memoria de sus compatriotas la ética pisoteada en 1904.  

A través del siglo XX Bolivia rectificó, como era obligado que iba a hacer, y reclamó y reclama el derecho cedido sobre la salida al mar. Chile, compelido por su rol inmoral en aquel acuerdo, prometió en más de una ocasión rectificar. Estamos ante lo que en derecho se denominan actos unilaterales, de un individuo o Estado, o "derechos expectaticios", enarbolados por Bolivia en la Corte. Con sus promesas e intentos los gobernantes australes pusieron el pacto en duda, quizá por cargo de conciencia política y humanidad. Si hubieran sido capaces de espantar de un mazazo a sus fantasmas, no estuvieran hoy en La Haya.

Paradójicamente, fue el régimen de Pinochet quien caminó más en busca de un arreglo a través de lo que se conoce como el Abrazo de Charaña, al que Perú, con poder de veto, se opuso. A algunos políticos les avergüenza que el dictador haya sido más progresista en el caso que los gobernantes democráticos. No obstante el Gobierno de izquierda sigue hoy amparando, en un foro donde el mundo tiene puesto sus ojos, el tratado de 1904 y lo que calificamos de miseria ética. En los días actuales el Ministro de Justicia —con todo lo que la institución simboliza— casi ofrece disculpas por haber expresado alguna vez que estaba de acuerdo con el acceso al mar con soberanía. Así va el arrodillamiento frente al dios falso de la "política de Estado".

Es verdad que existen conquistas territoriales por guerras pasadas que cuelgan como manchas del mapamundi, pero pocas despojan de salida al mar a un pueblo entero, con todo lo que eso significa desde el punto de vista emocional, la psiquis colectiva y la identidad, pues el asunto desborda ética, política y economía. Basta recordar que en Bolivia se le llama al caso "daño histórico" y "beneficios del enclaustramiento" a las polémicas facilidades comerciales que Chile publicita. Y son polémicas, en primer lugar, porque no es eso lo que el pueblo boliviano necesita y quiere.

Falta de simpatía y oposición interna

A primera vista el factor ético es tragado por el pragmatismo tradicional de la diplomacia y no escapa de los marcos de la charlatanería, según el estrecho nacionalismo en el poder santiaguino. Pero semejante factor convierte en permanente el reclamo boliviano, pues veredicto alguno salvará a Chile en foro donde Bolivia tenga voz, para no mencionar a porción dominante de la comunidad internacional que no mira con simpatía la mediterraneidad que el vencedor del XIX busca perpetuar en el XXI.

Sería por otra parte inexacto pensar que en Chile el respaldo al encerramiento es unánime y la discrepancia no creciente. Cierta encuesta arrojó que el 10% de los chilenos discrepa de la política oficial, impuesta por el nacionalismo como un destino intocable, como un ídolo que exige constante adoración y a cuyos pies coloca sus ofrendas la mayoría de la ciudadanía, inerme aún ante el discurso hegemónico.

Por aquello del internacionalismo proletario, el Partido Comunista debió convertirse desde temprano en aliado natural de Bolivia, pero su duplicidad halló nuevo derrotero en el tema. Dice que apoya el diálogo, pero su presidente Guillermo Teillier viajó a La Haya como integrante de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara, es decir, en franco apoyo a La Moneda. Saben los comunistas que el poder nunca tomó en serio el punto seis de la agenda bilateral que trataba el tema marítimo y dilató hasta la exasperación su abordaje, que terminó en La Haya. Los comunistas han aprendido la lección sobre criterios que disminuyen votos y esto acapara toda su ambición. Es la misma actitud de cuando por años se consideraron oposición a la izquierda democrática y posteriormente cambiaron de chaleco y se aliaron a la Concertación antes repelida, que culminó en un acuerdo electoral nada menos que con sus mayores contradictores en el seno de la coalición: la Democracia Cristiana. El respaldo manifiesto a los regímenes de Cuba y Venezuela a pesar de las violaciones flagrantes de los derechos humanos y su condena a Pinochet por la violación de esos mismos derechos dan fe de la duplicidad que caracteriza al partido marxista chileno.

Consignas e imaginarios

Una de las consignas más socorridas dice en Chile que Bolivia "nos quiere dividir en dos". La pregunta sin embargo debiera ser: ¿amenazaría la entrega de una franja de territorio con desembocadura en el Pacífico la seguridad estratégica de Chile? Esta, la interrogación válida, brilla por su ausencia porque la respuesta es no. La superioridad bélica, asfaltada por compras de miles de millones de dólares en sofisticados armamentos, criticadas dentro y fuera del país, convierte en ridícula cualquier sospecha.

Y téngase en cuenta que lo que La Paz solicita en La Haya es voluntad de negociar de buena fe una salida al mar con soberanía, y es aquí donde Chile expondría sus intereses legítimos, ya comerciales, de inversión y empleo, estratégicos, de movimientos poblacionales o de cualquier índole. Obviamente no será un acuerdo fácil, pero los entramados de la dificultad no se conocerán cabalmente hasta que no medie una mesa entre ambos y acaben las especulaciones. En la práctica también surgirán problemas cuya solución exigirá más diálogo.

Efectivamente, Perú, como fruto de lo firmado, tiene derecho a vetar cualquier acuerdo vinculado a sus antiguos territorios, pero en previsión de tal circunstancia Santiago advertiría que quedará excluido definitivamente del diferendo, que pasaría a ser un tema entre La Paz y Lima. Con frecuencia el discurso del poder posa de adivino y da por hecho el rechazo peruano.

Hasta que Chile, con independencia de La Haya, no convide al diálogo y se abra honradamente a solucionar el tema, cualquier aspiración de convertirse en la entrada de las economías asiáticas en Sudamérica encontrará en sus vínculos injustos con Bolivia un obstáculo voluminoso. Al mismo tiempo, Chile excluye a La Paz como futuro socio cercano en la Comunidad del Pacífico, uno de los centros gravitacionales del poder mundial. Existen otros temas de suma relevancia que permiten afirmar que la política exterior chilena estableció desde hace mucho una lucha contra sí misma, contra los intereses de su propio pueblo.

En el nacionalismo retrasante y en muchos espacios del imaginario en el poder austral, de izquierda y derecha, parece dormir una Bolivia siempre igual, inalterada, invariablemente pobre, postrada en una cuna que, como país en larga porción indígena, siempre será recién nacido. Estamos, claro, ante un puñado de viejos prejuicios.

Más sobre economía

Amerita aclarar que nos oponemos radicalmente a los considerables espacios de autoritarismo que atraviesan al régimen de Evo Morales, cuyo liderazgo en cuanto a La Haya no es sino coyuntural. Cualquier otro mandatario lo hubiera hecho. Si el autoritarismo y la prolongación condenable de Morales en el Palacio Quemado son verdades sin grietas, hay también otras verdades que están por encima de cegueras ideológicas y persistentes pantanos socioeconómicos. 

En los últimos años Bolivia se puso a la cabeza de los países de mayor crecimiento en América, con promedio de 6% anual en el Producto Interno Bruto (PIB), que en 2013 se acercó al 7% cuando la región crecía 2,7. El Banco Mundial, CEPAL, FMI y otras entidades internacionales han coincidido en destacar la labor macroeconómica del país altiplánico que hoy destina, en lo social, 7,9% del PIB a la educación. En 2015 el crecimiento se calcula en 5,5%, en tanto para Chile organizaciones especializadas auguran un magro 2,5% o poco más, o sea, la mitad o menos que su vecino.

Por otro lado, habría que preguntarse si la política exterior de La Moneda estrecha un nicho cada vez más ventajoso para inversionistas propios si recordamos que en Perú el empresariado austral ha puesto 15.000 millones de dólares y apenas 1.000 en Bolivia, a pesar del aumento aquí en cinco veces de las inversiones extranjeras. Además, ¿marchará dicha política contra la inserción de capitales que acaso tomarían al territorio colindante como trampolín hacia otras regiones del subcontinente más próximas al Atlántico?

Chile, con grave déficit en lo que a energía se refiere, compra, por lo menos al doble del precio que tendría desde Bolivia, un enorme volumen de gas a casi 16.000 kilómetros en países como Indonesia, prohibida la venta por su vecino frente al dilema del mar. Sin excluir a la estratégica industria del cobre, son 17 millones de chilenos, habitantes de un clima frío gran parte del año, quienes han pagado, pagan y pagarán, a los precios más caros del mundo, la política exterior de La Moneda. A tal punto es esto significativo que en un momento se planteó el cambio de mar por gas. Con una industria en pleno desarrollo, Bolivia, poseedor de gigantescos yacimientos, vende alrededor de 30 millones de metros cúbicos diarios a Brasil, en contrato por dos décadas.

En otra arista del tema, el dinámico nivel de transacciones en el norte de Chile con Bolivia no se verá precisamente beneficiado con el diferendo en La Haya, y ello incluiría no a grandes empresarios, sino a pequeños y medianos, que son la fuente de mayor empleo en el país. Un acuerdo, además, podría reducir o cesar los pagos preferenciales y otras medidas a que está obligado el país austral por el enclaustramiento de Bolivia.

El legítimo interés chileno en alcanzar liderazgo político y económico regional y jugar un rol importante en la integración no será posible sin resolver la controversia con Bolivia, país con el cual podría no solo restablecer relaciones diplomáticas inexistentes por muchos años, sino facilitar la cooperación en esferas como el agua y la minería del litio. Chile y Bolivia poseen dos de las tres más grandes reservas mundiales del mineral.

Alejandro Guillier, otrora creador de opinión en Chile, llegó a asegurar que a su país le conviene económicamente, más que a Bolivia, el acceso al mar. He aquí, sin duda, un atrevimiento. Por aquellos días también afirmó que La Moneda nunca pensó discutir el punto seis, de la agenda de 13 puntos, que sin duda estimuló por un tiempo las esperanzas bolivianas en el primer mandato de Bachelet. Tenía razón. Pero poco a poco el periodista fue cambiando en este tema sus criterios y, abandonado a la ola, se fue achicando hasta hacerse senador. 

Junto con organizaciones de la sociedad civil y un grupo de políticos que no ocultan su vocación de negociar auténticamente el acceso al mar, se encuentran el exsenador y exministro Carlos Ominami y su hijo Marco Enríquez, exdiputado, excandidato presidencial en dos ocasiones y líder del Partido Progresista, ambos muy activos en la política doméstica. Aunque aún temprano respecto a los próximos comicios, Marco Enríquez ha encabezado encuestas sobre probables candidatos presidenciales. En visitas a Bolivia ha tocado el tema de la salida soberana al mar, que proporcionaría un país con miles de kilómetros de costa.

Por lo que hemos visto sobre la política exterior chilena ante la demanda con soberanía, el diputado por Izquierda Ciudadana, Sergio Aguiló, le ha llamado, con la exactitud de un balazo, "patrioterismo sin sentido".

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Comentarios [ 25 ]

Imagen de Anónimo

Lo que no fue, no sera, pero si Peru y Bolivia hubieran ganado la guerra hoy Chile fuera un ripio o no existiera, Argentina lo hubiera terminado de descuartizar. El mar en muchos casos es una mierda, miren Cuba no hay pescado, la sal escasea y cuando quieres salir echando tienes que coger una jodia balsa. Si hubiramos sido mediterraneos todo el mundo se hubira pirao tranquilito sin temor a ahogarse o a que se los coman los tiburones. Eso de que en el mar/mal la vida es mas sabrosa se lo meten a otro.

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@ Anónimo - 15 Mayo 2015 - 8:18 pm.O sea, según usted Correa y Morales son un dechado de virtudes. Ta güeno eso.

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Anónimo - 15 Mayo 2015 - 2:38 pm. escribió:"eternizaria la dictadura de Morales"Uno ya puede darse cuenta de la mentalidad de muchos cubiches que acá comentan cuando uno lee frases como esa. ¿Desde cuándo es Morales un dictador y desde cuando hay dictadura en Bolivia? Lar realidad es que Bolivia es uno de los países, hoy en dia, más democráticos y libres de América Latina. Morales gobierna, no por imposición ni dictado, sino por las reglas constitucionales que los bolivianos todos aprobaron. Hay pluridpartisimo y diversidad de criterios y, cuando tiene que haber huelas y reclamos al gobierno, los hay. De la misma manera, a vece el gobierno pierde y otras gana. Pero claro, como Morales se proclama antimperialista, es amigo del gobierdo de La Habana y su partido es el Movimieto al Socialismo, eso lo convierte en "dictador".  Según este mentalidad, Correa es otro "dictador' y lo es también Cristina Kirchner y, claro, Maduro. Típico.

Imagen de Anónimo

¿Alguien le ha exigido a Ortega una explicación de por qué cedió la soberanía de una franja de Nicaragua a los chinos para que hagan el nuevo canal transoceánico?

Imagen de Anónimo

"Hay que darles Las Malvinas a Bolivia, que siempre está pidiendo la salida al mar". Jorge Luis Borges.

Imagen de Anónimo

Bueno, Bolivia debería ver el lado positivo de todo esto: así como están nunca tendrán un tsunami... (O un "surimi", según Evo).

Imagen de Anónimo

Suiza no tiene salida al mar y está la cabeza del mund en casi todo!

Imagen de Amadeus

Como dice sabiamente Javier Monzón Velasques este litigio abrirá la Caja de Pandora que ya está media abierta en Crimea. Lo que se da no se quita y "papelito jala lengua". O sea, que el autor no le de más cuerda al asunto con justificaciones y buenismos políticamente correctos y deje las cosas como están, que con lo armados que están los chilenos en la próxima guerra se anexan Bolivia entera.

Imagen de Anónimo

Vamos a La Haya a reclamar que el pueblo cubano tenga derecho a sus puertos y playas soberanamente!!!!

Imagen de César Rodríguez

Existen en el mundo 41 paises sin litoral. ¿Propondria el autor desarmar medio mundo para otorgarles "salida soberana"?