Sábado, 1 de Octubre de 2016
14:00 CEST.
América Latina

La izquierda jurásica y el compromiso democrático

Una verdad a medias, repetida hasta el cansancio, es el compromiso de la izquierda latinoamericana con la democracia. Supuestamente, tras la  caída del Muro de Berlín y con el fin de las dictaduras anticomunistas, el progresismo continental habría abrazado principios como la participación en elecciones, la organización civil, legal y pacífica y la defensa y léxico de los Derechos Humanos. Abandonando —por superado— aquel paradigma radical, hijo de la escuela leninista y las condiciones del clandestinaje, que consagra el culto a la disciplina y organización guerrilleras, el rechazo a toda política reformistas y el autoconvencimiento de ser una vanguardia, imbuida de superioridad moral frente al  resto de una sociedad reaccionaria o inmadura. Elementos que, en condiciones de oposición heroica a los gorilas, podrían manifestarse como épica salpicada de dogmatismo. Pero que una vez conquistado el poder —como sucedió en Cuba y, por corto tiempo en Nicaragua— convirtieron a los antiguos revolucionarios en un poder tan absoluto e implacable como el del tirano derrotado.

Bajo la legitimidad —y garantías— del proyecto democrático, nuestras izquierdas impulsaron la innovación participativa en gobiernos locales, encauzaron protestas contra las políticas de privatización y frente al despojo de las trasnacionales. Castigaron gobiernos corruptos y alcanzaron, en buena parte del continente y mediante las urnas, el poder nacional. En dos siglos de vida republicana, nunca habían logrado tanto avance como en estos años de inserción en la vida democrática.

Sin embargo, un segmento de esas izquierdas revela permanentemente que cambió de formas pero no de esencias. Su mentalidad siguió siendo tan intolerante como la de sus padres fundadores y, paradójicamente, emula con lo peor de las derechas locales. Si se valieron de los Derechos Humanos frente a presidentes neoliberales, ahora denuncian ese discurso como "propaganda del Imperio". Si defendieron la autonomía de sus movimientos ante los partidos de la burguesía, ahora la prescriben para los ciudadanos que les adversan. Si promulgaban el pensamiento crítico frente al totalitarismo del mercado, ahora recuperan el culto monolítico al líder, al partido y a la  causa. La mezcla de silencio o solidaridad vergonzantes que han practicado con el gobierno represor de Nicolás Maduro es apenas un capítulo reciente. Su lealtad, añeja y resiliente, la preservan para el régimen y discurso que, después de medio siglo,  siguen (auto)denominándose "la Revolución Cubana".

La misiva enviada por un grupo de organizaciones sociales y políticas panameñas a la cancillería de su país, sede de la Cumbre de las Américas, es un triste ejemplo de esos lastres autoritarios. En la carta se expone, sin mucho disfraz, el guion habanero, a tal punto que su redacción es contradictoria y sus sesgos son palpables. Por ejemplo, al mencionar su preocupación por las "reuniones, actividades y movilizaciones de protestas, convocadas por sectores de oposición y disidencias de las repúblicas de Cuba y Venezuela" parecen olvidar que ellos han ejercido esos mismos derechos en manifestaciones organizadas por el Foro de Sao Paolo, en los Foros Sociales y en las Contracumbres de los Pueblos. Entonces no les preocupaba, como expresan hoy haciendo gala de un respetable lenguaje diplomático, si sus actos podían "ofender y denigrar en nuestro país la dignidad de los jefes de estados y de las delegaciones oficiales".  Simplemente marchaban, boicoteaban cónclaves y abucheaban a los presidentes neoliberales, llamándolos "títeres del Imperio".

Al repetir que los opositores usarán la Cumbre como "plataforma de conspiración contra los legítimos gobiernos de Cuba y Venezuela", los firmantes parecen desconocer que eso que llaman con toda propiedad opositores, son seres criminalizados en sus países de origen, sin distingo de postura ideológica, nexos internacionales y compromiso con el ejercicio pacífico de los derechos ciudadanos. Son, para La Habana, mercenarios terroristas y, para Caracas, oligarcas y golpistas. Nos pueden gustar o no sus ideologías, pero son, en su mayoría, seres humanos que merecen  respeto, máxime cuando ejercen su lucha bajo condiciones autoritarias.

¿No saben estos ciudadanos panameños que la inmensa mayoría de los opositores cubanos van a Panamá precisamente a ejercer el derecho a la libre expresión que le es conculcado en su patria? ¿Bajo qué pruebas —que no sean los bodrios fabricados por los aparatos de inteligencia y propaganda cubanos y sus discípulos bolivarianos— pueden demostrar el talante terrorista del conjunto de activistas y defensores de derechos humanos, artistas y comunicadores independientes, asistentes a la Cumbre? Fervorosos antibelicistas, ¿no consideraron una amenaza al derecho internacional y amenaza a la paz regional que aquel buque capturado, en la propia Panamá, con armas no declaradas, procedentes de La Habana y en tránsito al régimen forajido de Norcorea?

En la lista de firmantes se mezclan viejos aliados del Gobierno cubano —que compran por dogma o compromiso su agenda— y jóvenes que desconocen las contradicciones de la realidad cubana, muchachos comprometidos con causas sociales y justamente impacientes frente a las políticas de la derecha nativa. Y es importante diferenciar un esbirro consciente de un idealista candoroso y manipulado. Por eso al escribir este texto pienso, en especial, en aquellos jóvenes simpatizantes de las causas sociales, cuya militancia o sentido de la solidaridad los haya enrolado en esta falaz aventura. Ese vino nuevo que los estalinistas quieren corromper, encerrándolo en odres viejos.

Defensores del arte popular y comprometido, ¿sabrán esos jóvenes cuyas organizaciones suscriben el panfleto procastrista, que el rapero Silvito el Libre —hijo del ícono Silvio Rodríguez— es una voz vetada en su suelo natal; y que usa su arte para denunciar la marginación y pobreza, la falta de oportunidades y el encumbramiento de una dirigencia que ha secuestrado la esperanza de un noble pueblo? ¿Acaso hay diferencias raigales entre esas demandas y lo que hacen en sus países grupos como Calle 13, encumbrados por la progresía regional? ¿Hay, para esos chicos de melena larga y remeras del Che, contestatarios repudiables y dominaciones defendibles?

Hijos rebeldes de la era del software libre y la comunicación alternativa, ¿no consideran, al menos, escuchar con prudencia y respeto a sus contemporáneos que no repiten mecánicamente consignas comunistas? ¿No sería mejor, después de eso, poder debatir con personas y no rechazar a priori espantajos preconcebidos? ¿Sabrán que la inmensa mayoría de los opositores cubanos presentes denuncian el bloqueo gringo y cualquier (hoy improbable) amenaza de invasión a Venezuela; que celebran el restablecimiento de relaciones y que lo que desean es dialogar con un oficialismo que se niega a reconocerlos? ¿Saben que son agredidos verbal y moralmente en los Foros de la Cumbre? ¿Les parecen tales comportamientos coherentes con cualquier idea de democracia participativa y soberanía popular?

No, queridos jóvenes; entre la pluralidad creativa de vuestros movimientos sociales y el fórceps autoritario de gobiernos como el cubano hay una enorme distancia. La Habana de 2015 está más cerca del Palacio Nacional y el Tlatelolco del 68 que de las comunas zapatistas de 1994. Lo dominante es la censura y represión autoritaria, y no esa supuesta libertad y utopía desencadenadas que los propagandistas del régimen venden por doquier.  Frente a esos hombres, ustedes son distintos.

Ustedes tienen sueños, ellos intereses. Aunque los unan las banderas rojas y las consignas guevaristas, en ustedes esa invocación expresa el anhelo por un mundo mejor, menos injusto, más hermoso. En ellos es la máscara que encubre un poder viejo —en ideas y administradores—, un poder que negocia con banqueros y fomenta transgénicos, que reprime sindicalistas y anula movimientos comunitarios. Un poder que, por décadas, ha envilecido los mejores ideales de la izquierda, generando confusión y desencanto. Un poder amigo de Díaz Ordaz y Videla, de Gadaffi y Noriega, de traficantes y  terroristas. Un poder que ha enajenado a tanta gente noble, creativa y socialmente sensible; orillándola al ostracismo o el exilio, en medio (aún) del silencio cómplice y trágico de tantos camaradas de la izquierda mundial. Un poder que nos ha robado afectos, memorias, futuros y familias.

Podrían añadirse otros muchos argumentos, pero dejo aquí esta reflexión. Nuestro continente, campeón en la desigualdad y exclusión política de los pobres, ha avanzado mucho en estas décadas de democracia representativa; pero falta mucho por lograr. Por suerte el respeto universal a los Derechos Humanos, la búsqueda de nuevos modos de vivir y expandir la democracia y el protagonismo de los movimientos sociales nos dan esperanzas de que "otro mundo mejor (y radicalmente distinto) es posible"; un mundo diferente al que las oligarquías y los caudillos, las botas y los dogmas revolucionarios nos han secuestrado por siglos. Mi propia experiencia con varios movimientos sociales del continente —con los luchadores contra el TLC en Costa Rica, con los zapatistas mexicanos, con los colectivos urbanos brasileños, con los cooperativistas venezolanos— me dan energías para pensar que, superando nuestros lastres y las barreras del sistema, aún hay mucho por hacer, desde la izquierda, en pro de sociedades más justas, libres y democráticas. Conjugando lo mejor del pensamiento y la praxis socialista, republicana, liberal, comunitarista, ambientalista, feminista… humano.

Vergüenzas como esta no bastan para demeritar las luchas por la justicia social del continente. Pero alertan de que cierta "izquierda jurásica" sigue viva e influyente, hipotecando el mejor legado del progresismo continental. Y destierran  las enseñanzas de aquel indígena liberal que nos enseñó que "el respeto al derecho ajeno es la paz". Y de aquella luchadora marxista que sentenció: "la libertad es siempre libertad para quien piensa diferente".


Este artículo apareció en Confidencial. Se reproduce con autorización del autor.

Comentarios [ 17 ]

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!!!Brillante Chaguaceda!!! Se impone la pregunta ?Cuando Chaguaceda y Alfonso Dilla, los mejores exponentes actuales de la lucha anticastrista hoy seran invitados a dar una conferencia magistral o un panel en el ICCAS de la Universidad de Miami o el CRI de FIU? La vida no esta sobrepasando a los Azel, a la Canizares Werlau de Suchlicki y a los Jardines y Sebastian Arcos de Jorge Duany, pero es importante abrir espacio a tanta fuerza pujante. 

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Nuevamente,como  lo he dicho desde que lo aprecie moderar el debate sobre oposicion leal y aglutinar bajo su liderazgo tanto a Espacio Laical (Hoy Cuba Posible) como a Estado de Sats (Armando Rodiles y Alexis Jardines) en ASCE 2013, estoy convencido que Armando Chaguaceda es el lider que necesitamos. Ahora mismo en la reflexion exiliada sobre Panama su nombre aparecio con pespuntes dorados en Diario de Cuba y Cubaencuentro a traves de Alfonso Dilla. Felicitaciones, he bisto crecer a Armando desde el maestro de Marxismo en la Universidad de la Habana y lider natural de la FEU y la UJC en el Pedagogico al triunfador que es hoy desde Guanajuato como profesor de Sociologia. Es sin duda el futuro.

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Galeano no es el "ideólogo" de la izquierda jurásica. Escribió, cuando FIdel Castro asesinó a tres secuestradores y apresó a 75 disidentes, "Hasta aquí he llegado". Con ese artículo criticó la paulatina descomposición de lo que para él fue una revolución y su conversión en dictadura. Luego dijo de su obra "Las venas abiertas de América Latina", que padecía cierta impericia económica y que correspondía a una etapa superada. No renegó de su obra ni se adhirió a ideologías contrarias a la que siempre profesó, simplemente supo analizar su historia y ser crítico con ella. Eso solo lo hacen los intelectuales verdaderos, no tiene nada que ver con la izquierda jurásica y lo que vimos en Panamá. 

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Mira que la gente habla de "la izquierda"... Cómo le gusta a la gente "la izquierda"... y la verdad, la izquierda es un problema: yo soy zurdo y sé lo que digo: todo está diseñado para la derecha (las roscas, los tornillos, los pupitres, las plumas, todo lo demás)... Ser zurdo es una desgracia... Pa'mi que los que escriben de la izquierda son derechos, caray... no saben lo que es eso...

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Segun cubadebate murio Galeano, uno d Los ideologos d la izquierda jurasica

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Maginifico analisis de Chaguaceda. Coincido en que debe ser lectura referente para muchos, sobre todo jovenes, en estos tiempos en America latina. - Aimel

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El problema no es si se está de acuerdo o no sobre las ideas de la izquierda democrática con relación al continente y en particular Cuba, la cuestión es que este análisis aborda críticamente los hechos de Panamá protagonizados por la izquierda Jurásica, o como yo le llamo la izquierda enfermiza castrista internacional y sus amos el castrismo. Este articulo es una protesta fehaciente y bien argumentada desde la izquierda a través de un politólogo de izquierda y militante de la Izquierda Democrática Cubana y Latinoamérica, Armando Chaguaceda, sus criterios deberían ser una reflexión tanto por esos jóvenes de izquierda participantes en actos de hostigamientos contra miembros de la sociedad civil independiente de Cuba y los partidos comunistas y otros de izquierda latinoamericanos que participan en concertaciones de izquierda o en coaliciones en gobiernos y\u oposiciones democráticas. COMENTARIO de Esopo.

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   Magífico Análisis por parte del Sr. Chaguaceda. Le hace una Radiografía muy acertada a esa bien llamada Izquierda Jurásica, desde el punto de vista de la izquierda demorática, que respeta la separación de poderes y sobre todo practica la Tolerancia, así con mayúscula,con respecto a los diferentes actores políticos y sociales de sus países. Yo no comparto todos lo puntos de vista del autor de este trabajo, pero eso aquí es lo de menos. Uno de los trabajos más acertados y profundos de esa Realidad Latinoamericana preocupante, donde abundan por desgracia esos espécimenes de Tontos Útiles, especies de Idealistas Ansiosos que se dejan manipular por esos Aparatos Propagandísticos muy bien Afinados y Sutiles que posee la Dictadura más larga de la historia de Latinoamérica. Chapó, Sr. Chaguaceda.

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Si usted no se ha dado cuenta de que los diálogos políticos son entre poderes, está fuera de este mundo. 

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Buen artículo. Chaguaceda se enoja ante la certeza de la inmutable naturaleza opresiva castrista evidenciada por los hechos recientes en Panamá, … pero ahorita se le pasa…