Martes, 27 de Septiembre de 2016
01:21 CEST.
América Latina

La otra cara de la integración latinoamericana

En años recientes hemos sido testigos del surgimiento de varios mecanismos de integración en América Latina. Al Mercosur, la Alianza del Pacífico, y la Alianza Bolivariana para los Pueblos de las Américas (ALBA), entre otros, se sumaron la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Este último, un controversial proyecto para unir a todas las naciones ubicadas al sur del río Bravo.

En momentos en que la era de la globalización hace que se vayan borrando gradualmente las fronteras nacionales en disímiles esferas de la vida social, y proliferan los bloques regionales como modo de actuación en un mundo interdependiente, nada tiene de censurable, a primera vista, que América Latina se integre, y así presente una posición común en determinados aspectos de las relaciones internacionales. Lo anterior es válido, incluso, para el caso de la CELAC, no obstante las diferencias políticas que anidan entre sus miembros.

Sin embargo, no es menos cierto que semejante acercamiento entre las naciones de nuestra región ha propiciado una especie de complicidad entre los gobiernos. Es decir, que ya los gobernantes latinoamericanos —al menos en sus declaraciones a la opinión pública— prefieren desentenderse de las malas prácticas de gobierno de sus colegas del área, como si de esa manera, al no incomodar a estos últimos, se estuviese fortaleciendo la unidad de nuestros pueblos. Asistimos, pues, a la cara "fea" de la integración latinoamericana.

Lo expresado, evidentemente, viene al caso a raíz de los sucesos en Venezuela. En repetidas ocasiones los líderes opositores de esa nación han lamentado el silencio cómplice de Latinoamérica ante la represión del gobierno de Nicolás Maduro. Una represión que ha llevado a la cárcel a prominentes figuras políticas como Leopoldo López y Antonio Ledezma, el alcalde de Caracas. Alguna voz tenía que levantarse para condenar esos desmanes. Mas, lamentablemente, ningún gobernante latinoamericano lo hizo.

Entonces, esa reacción necesaria provino de Estados Unidos y el Parlamento Europeo, quienes podían expresarse libremente al no estar atados por compromisos integracionistas con la Venezuela chavista. Porque, con independencia de la justeza o no de declarar a Venezuela como una amenaza a la seguridad nacional de su país, el presidente Obama supo interpretar el sentir de los amantes de la democracia ante los sucesos que tienen lugar en la patria de Bolívar.

Y si grave resultó el encarcelamiento de un hombre que fungía como alcalde de la mayor urbe del país gracias a la voluntad popular, no menos grave ha sido el reciente mensaje de Fidel Castro a Nicolás Maduro. El mensaje, enviado un día antes de que sesionara en Caracas una reunión del ALBA para concertar un frente común con vistas a la próxima Cumbre de las Américas en Panamá, expresa en una de sus partes: “Tan intolerable para el pueblo heroico de Venezuela es la violencia y el crimen que se cometió contra él que no puede olvidarse, y jamás admitirá un regreso al pasado vergonzoso de la época prerrevolucionaria”.

Venezuela es, al menos en teoría, un país en el que aún subsisten ciertos cánones de la democracia representativa, donde se celebran elecciones multipartidistas, y en consecuencia pudiese sobrevenir un cambio político si algún partido opositor triunfa en los comicios generales. Entonces, ¿cómo entender que alguien —máxime tratándose de un extranjero— pueda afirmar categóricamente que allí jamás volverá el pasado? Se trata, sin dudas, de una injerencia desmedida en los asuntos internos de esa nación suramericana.

Claro, desconocemos si el contenido de lo tratado por Nicolás Maduro y los gobernantes cubanos durante las fugaces estancias habaneras del hombre fuerte de Caracas, le permite al mayor de los Castro pronunciarse en esos términos. ¿Será que Maduro, al igual que el ex dictador panameño Manuel Antonio Noriega, anularía una elección presidencial en caso de ser derrotado?  O, peor aún, ¿estaría dispuesto a incendiar el país antes que entregarle el poder a la oposición?

Sería conveniente que la CELAC, so pena de caer en el descrédito, tomara nota de un parecer que no debe ser olvidado: el oponerse a Washington no puede constituirse en una patente de corso que le permita a un gobernante destruir los pilares de la democracia.

Comentarios [ 1 ]

Imagen de Anónimo

America Latina necesita integración, pero para logarlo, no se necesita crear cuatro o cinco organismos paralelos. ¡Demasiado diplomáticos comiendo bien para no resolver nada! Cuando Europa decidió el camino de la integración, en condiciones ecónomicas y culturales mucho menos integradoras que las del sub-continente latinoamericano, crearon el Mercado Común Europeo y no una sarta de organismo similares para discutir lo mismo. El MCE mostró resultados positivos casi de forma inmediata; ¿alguien me puede decir cuáles son los aciertos de UNASUR, CELAC,............etc, etc, etc.?