Martes, 27 de Septiembre de 2016
01:21 CEST.
Opinión

'Charlie Hebdo' y el castrochavismo

El 7 de enero dejará una impronta indeleble en la memoria y el corazón del pueblo francés. Comenzó con un acontecimiento literario, de esos que apasionan al mundo intelectual y periodístico parisino. Fue en efecto el día del lanzamiento de Sumisión, la nueva novela de Michel Houellebecq, el enfant terrible de la literatura francesa contemporánea.

Incluso antes de estar a la venta en las librerías, el libro ocupaba ya el espacio mediático nacional, tanto por la celebridad del autor como por el carácter políticamente explosivo de su trama: la eventual llegada al poder en Francia de un partido islamista.

En la novela, Mohammed Ben Abbes, político de ficción más bien contemporizador, líder de un movimiento llamado Fraternidad Musulmana, se enfrenta a Marine Le Pen, candidata de la extrema derecha francesa, en la segunda ronda de las elecciones presidenciales de 2022. Los partidos tradicionales de centroderecha e izquierda, así como algunos periodistas eminentes, optan por apoyar a Ben Abbes, quien gana finalmente la elección presidencial.

Con el fin de conservar el apoyo de los partidos tradicionales, Ben Abbes nombra Primer Ministro a François Bayrou, político sin carisma de tendencia moderada. Las cosas se complican, sin embargo, cuando Ben Abbes empieza a poner en práctica su programa de gobierno, legalizando la poligamia y excluyendo al género femenino del mercado de trabajo.

Sin lugar a dudas, la novela le da una importancia desmedida e irreal al peso del islamismo en Francia. De ahí que, muy legítimamente, más de un periodista o comentarista político considere que dicha novela podría hacerle el juego a la xenófoba extrema derecha francesa.

La importancia del libro, sin embargo, radica en algo diferente, a saber: el mismo narra fríamente —como si se tratase de un parte médico— la manera sutil en que un movimiento político con objetivos ambiguos, o más bien inconfesables, logra alcanzar el poder y subsiguientemente erosionar, hasta aniquilar, el funcionamiento de la democracia en un país.

Visto desde esa perspectiva, la dinámica de engaño y acaparamiento del poder descrita en Sumisión no tiene nada de irreal. Dicha dinámica ha producido ya estragos considerables en América Latina.

En efecto, los mismos trucos a los que recurre Ben Abbes, la misma simpatía inicial de intelectuales y políticos convencionales, la misma resignación de la población frente a la pérdida de libertad y el deterioro de las condiciones de vida, que constituyen el meollo de la novela de Houellebecq, se encuentran presentes tanto en Cuba bajo el castrismo como en la Venezuela chavista-madurista.

Al igual que a Ben Abbes, a Fidel Castro no le tomó mucho tiempo dejar al descubierto sus verdaderos designios. Después de haber hecho creer en su discurso "La Historia me absolverá" pronunciado en la prisión, así como en la Sierra Maestra mientras luchaba contra la dictadura de Batista, que se proponía reinstaurar la democracia en Cuba, el "Líder Máximo" puso gran empeño, tan pronto llegó al poder, en extirpar toda traza de libertad en su país.

Y de la misma manera que intelectuales, periodistas y políticos convencionales se dejaron embaucar por Ben Abbes en la novela de Houellebecq, los autoproclamados progresistas de América Latina y Europa, con Jean-Paul Sartre a la cabeza, siempre encontraron pretextos para justificar las sistemáticas violaciones a los derechos humanos perpetradas por el régimen castrista.

Un espectáculo similar se lleva a cabo en Venezuela. Antes de acceder al poder, el "Comandante Eterno" se presentaba como un defensor de la libertad. No obstante, una vez alcanzada la presidencia, se dedicó por todos los medios a perpetuarse en el poder hasta el final de su vida. Guiado por ese objetivo, se dedicó a perseguir a sus opositores y a hostigar y amordazar periodistas y medios de comunicación independientes. Lo que no le impidió encontrar un Sartre de turno en la persona del filósofo italiano Gianni Vattimo.

El papel de compañero de ruta que en la novela de Houellebecq le toca jugar a François Bayrou, lo asume en la Cuba castrista Manuel Urrutia Lleó, político sin base política sólida que fungió como presidente en los inicios del castrismo, hasta que Fidel consideró haber acumulado suficiente poder como para deshacerse de ese aliado coyuntural.

Lo mismo ocurrió en Venezuela, con la diferencia de que allá, el compañero de ruta no provino del mundo político sino de las fuerzas armadas. Se trata del general Raúl Baduel, quien ayudó a Chávez a consolidarse en el poder antes de ser condenado por el régimen chavista a casi ocho años de prisión.

En la Francia de la novela de Houellebecq, el gobierno de Ben Abbes se ufana de haber suprimido el desempleo gracias a la exclusión de las mujeres del mercado de trabajo. Con una argumentación no menos estrambótica y absurda, las autoridades venezolanas trataron de justificar la escasez de papel higiénico, atribuyéndola a que los venezolanos supuestamente comen más.

El lanzamiento de la novela de Houellebecq el 7 de enero se vio interrumpido abruptamente por un hecho trágico y real que ha estremecido al mundo entero: el horrendo ataque terrorista perpetrado por dos fanáticos islamistas contra el periódico satírico parisino Charlie Hebdo. Tal acto criminal dejó un saldo de 12 muertos, incluyendo la plana mayor de dicho periódico. El motivo o pretexto de la carnicería fue vengar la publicación por Charlie Hebdo de caricaturas del profeta Mahoma.

En esto también existe un paralelo con el castrochavismo. Pues el odio y la intolerancia frente a la sátira dirigida a figuras veneradas —en este caso a dirigentes políticos— es consubstancial a esa ideología.

Valga recordar al respecto que Chávez decidió prohibir una telenovela simplemente por considerarla irrespetuosa. Luego, bajo la presidencia de su heredero Nicolás Maduro, la popular caricaturista Rayma Suprani fue despedida del periódico en que trabajaba por haber publicado una viñeta en la que se mofaba del descalabrado sistema de salud venezolano. (Al momento de su despido, aquel periódico había pasado recientemente a manos de una empresa fantasma española, la cual es considerada por muchos como cercana al Gobierno venezolano).

La misma hostilidad hacia la sátira y el pensamiento crítico se ha apoderado del Ecuador del Presidente Rafael Correa, quien no esconde su afinidad ideológica con el castrochavismo. Allí, el caricaturista Xavier Bonilla fue sancionado por el organismo estatal de control de la comunicación después de que el presidente Correa juzgara ofensiva una de sus caricaturas y calificara a su autor de "sicario de tinta y enfermo".

Esa aversión al pensamiento irreverente explica la dificultad que tuvo la prensa cubana —completamente al servicio del régimen castrista— en informar sobre el asesinato de los periodistas de Charlie Hebdo. Mientras ese trágico suceso ocupaba los titulares de prensa a través del mundo, el diario Granma relegó la noticia a la página 8, y ello sin siquiera mencionar el blanco último de aquel acto terrorista: la libertad de expresión.

No menos significativo: a semejanza de los islamistas que pretenden poseer la interpretación correcta de El Corán y tachan de apóstatas a los musulmanes que discrepen de la misma, el número dos del régimen venezolano, Diosdado Cabello, pontificó recientemente que "al verdadero cristiano no le toca otra cosa que ser chavista".

Sorprendentemente, entre las personalidades que se sumaron a las manifestaciones multitudinarias en París y provincias, cantando "Todos somos Charlie (Hebdo)", se encontraban autoproclamados "revolucionarios" que nunca denuncian, e incluso justifican, el acoso de caricaturistas y otras violaciones a la libertad de expresión perpetradas por los regímenes castrochavistas que ellos tienen el tupé de defender. Doble rasero en su más inicua expresión.

No. Ni el castrochavismo ni quienes lo defienden son de la estirpe de Charlie.

Comentarios [ 24 ]

Imagen de Anónimo

@Anónimo de las 9:08. Si Houellebecq ha tenido que esconderse, como dice el Anónimo de marras, eso sería prueba del peligro de fanáticos islamistas que ya produjeron una masacre en Charlie Hebdo, y más recientemente, habían planeado secuestrar una personalidad pública en Bélgica para decapitarlo y publicar luego la video de su decapitación.

Imagen de Anónimo

Quien trata a los lectores de Diario de Cuba como si fuesen iletrados es el anónimo de las 9:08am. "Sumisión" es el número 1 de las ventas de libros recién publicados en Francia. El resultado es del 14 de enero, es decir, posterior a la carnicería de Charlie Hebdo. Ver: http://www.lefigaro.fr/livres/2015/01/15/03005-20150115ARTFIG00194-michel-houellebecq-numero-1-des-ventes-toutes-categories.php 

Es por tanto falso lo que dice aquel Anónimo que las ventas se han ido a pique.

Lo que es más, en Italia, donde el libro salió a la venta ayer 15 de enero, el mismo ya era número 1 en venta en línea en ese país. Ver: http://www.lefigaro.fr/livres/2015/01/12/03005-20150112ARTFIG00104-michel-houellebecq-premieres-critiques-italiennes.php

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"Sumisión" es un libro-basura, lleno de velado racismo, demagogia y populismo. Su autor se ha esondido y el supuesto éxito de ventas se ha ido a pique. En este artículo el Sr. Fiallo mezcla todo, "hace una ensalada indigesta", como sivlos lectores del Diario de Cuba fuesen personas iletradas o desinformadas. ¡Es realmente lamentable!  

Imagen de Anónimo

El articulista se sorprende de ver protestando también a los "revolucionarios" que nunca denuncian, e incluso justifican, el acoso de caricaturistas y otras violaciones a la libertad de expresión perpetradas por los regímenes castrochavistas. Nada de sorprendente. Son la muestra  de esa izquierda “blanca y europea” que exige libertades individuales para ellos pero que, en su racismo latente e inconfeso, justifican que para nosotros los “indígenas”, exista el gobernante eterno de mano dura que nos ponga las orejeras y nos enseñe “el sendero luminoso” que nosotros no somos capaces de encontrar por nuestra propia cuenta.

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Una de las cosas mas llamativas "pues brillo por su ausencia" fue que el residente de la casa blanca: mister Barac Kaka no fue a mostrarles a los franceses su apoyo!, cosa que demuestra que sigue siendo musulman. Por lo demas, estos 'democratas' se asercan mas a las dictaduras comunistas que a los democracias, solo necesitan una pluma y un telefono, no necesitan trabajar con ningun congreso y comienzan relaciones con dictaduras de mas de medio siglo sin ponerles ninguna condicion!

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Para una macabra comparación de Fidel y Pinochet, mostrando que Fidel, con 14,000 fusilados (cf. Libro Negro del Comunismo) es más asesino que Pinochet, ver:

http://humanevents.com/2006/12/21/castro-not-pinochet-is-the-real-villain/

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Al Anónimo de las 4:29pm. Argumentos como el tuyo conducen, o deberían conducir, a condenar al régimen castrista. Pues Fidel mató a más seres humanos. Entérate si no lo sabías:

http://www.cubaencuentro.com/cuba/noticias/la-organizacion-archivo-cuba-documenta-8-190-asesinatos-cometidos-por-el-regimen-de-castro-31912 

Imagen de Anónimo

Para 4:29. Pinochet, ese chileno extraordinario, salvó a su país del comunismo, lo cual hubiera elevado a la enésima potencia las pérdidas, que es lo que ha pasado en Cuba. A eso se suma que colocó a Chile muy en alto económicamente del resto de América Latina, lo contrario que han hecho los Castro. Y para cerrar con broche de oro, dejó el poder. Ojalá que en cada país nuestro, donde ahora crecen presidentes brutos, totalitarios y analfabetos de la talla de Maduro o Evo Morales, apareciera un Pinochet que barriera con la lacra que pudre y destruye nuestras sociedades. Sí, hace falta un Pinochet, aún más duro, en Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, por lo menos, para que nuestras generaciones futuras vivan en la abundancia y la prosperidad. Y también para que acabe con tanta izquierda nauseabunda, envidiosa y lumpen.

Imagen de Anónimo

        Lo de Pinochet,comparado con los Moringas,fue una Dictablanda

el bobo alipio*'+

Imagen de Anónimo

Houellebecq es un novelista menor, dentro de la fuerte tradición francesa. No creo que esta sea una excepción, aunque haya encontrado un buen pretexto promocional.