Viernes, 30 de Septiembre de 2016
18:41 CEST.
Rumania

Torturadores de la época de Gheorghiu-Dej y Ceaucescu se enfrentan a la justicia

Celdas en las que apenas se podía dar dos pasos. Húmedos muros y tan gruesos que no se percibía sonido alguno del otro lado. "Frío, hambre... y una soledad inhumana", describe Valentin Cristea.

A sus 88 años, este ingeniero retirado es, posiblemente, el único superviviente de Ramnicu Sarat, más conocida como "la prisión del silencio", una de las oscuras cárceles rumanas por la que pasaron entre 1945 y 1964 —durante el régimen estalinista de Gheorghe Gheorghiu-Dej, los llamados años negros— decenas de detenidos de la élite política e intelectual de Rumania, informa el diario El País.

Allí, muchos fueron torturados y sometidos a régimen de aislamiento; tanto que algunos de quienes sobrevivieron habían olvidado vocalizar. Hoy, el hombre que gobernó ese penal del este del país durante casi una década responde ante la justicia por lo sucedido tras sus muros. Se llama Alexandru Visinescu, tiene 89 años y está acusado de crímenes contra la humanidad.

El proceso judicial abierto contra él, y que ha comenzado estos días en Bucarest, es el primero de estas características en Rumania. Pocos esperaban ya ver al anciano comandante Visinescu sentado en el banquillo. Y no solo por su edad. El país, casi 25 años después del ajusticiamiento del dictador Nicolae Ceaucescu —que gobernó tras Gheorghiu-Dej— y la caída del régimen comunista, se resiste a ajustar cuentas con su pasado.

La de Ramnicu Sarat no fue, ni mucho menos, la única prisión orientada a aniquilar y silenciar toda oposición durante los años negros; tampoco el único lugar de detención del régimen de Ceaucescu.

Entre 1945 y 1989 más de 600.000 personas —intelectuales, oficiales, religiosos, opositores políticos— pasaron por prisiones o campos de detención en Rumania, según ha documentado el Instituto para la Investigación de los Crímenes del Comunismo (IICCMER), un organismo creado por el Gobierno. Muchos murieron.

Sin embargo, salvo la condena a un puñado de oficiales de alto rango a principios de la década de 1990 —liberados por motivos de salud—, nadie ha respondido por aquello ante la justicia. Una justicia por la que Visinescu se siente atacado. El hombre de mirada tosca no entiende por qué se le persigue ahora.

Hasta que el año pasado la fiscalía inició su investigación contra él —gracias a documentos y testimonios aportados por el IICCMER—, el antiguo comandante hacía vida normal en Bucarest. Hoy, apenas sale de casa, no contesta al interfono y se resiste a abrir la puerta de su céntrico apartamento.

Su abogado le ha aconsejado que se mantenga alejado de la prensa, con la que ha tenido varios encontronazos. Sin embargo, al final descorre los cerrojos que separan su pequeño estudio del exterior. Tras la puerta, y acompañado de un intenso olor a cerrado —como si no hubiese abierto la ventana en años—, surge un hombre encorvado, con el ceño fruncido y manos temblorosas.

"Estoy saturado. Esto me está destruyendo. En este país solo hay indiferencia por lo que me está pasando", lamenta. "Yo no he hecho nada. Esto me está destruyendo", dice en su casa el acusado.

La fiscalía le acusa de la muerte de al menos 14 personas, y de someter a los prisioneros bajo su cargo a condiciones "destinadas a destruirles física y psicológicamente". Desde que comenzó el proceso judicial, Visinescu ha reclamado su inocencia. Sostiene que se limitó a cumplir órdenes, que no era más que un peón en la cadena y que no tuvo ninguna responsabilidad en lo que ocurría en Ramnicu Sarat.

"Yo no he hecho nada y mírame ahora, ¡estoy enfermo!", reclama alisándose el cabello canoso. Un argumento, el de su mala salud, que también ha sido enunciado por su abogado en varias ocasiones.

Tras un cambio en el Código Penal que retira ciertas limitaciones para la persecución de delitos de la época comunista, explica, la Fiscalía Superior de Bucarest ha imputado también al director de un campo de trabajo del delta del Danubio, Ioan Ficior; e investiga a otras 33 personas.

Aunque el proceso contra Ficior —hoy de 86 años— se iniciará, previsiblemente, el año que viene, las pesquisas de la fiscalía sobre el resto de casos puede durar años, explica el periodista de investigación Biro Attila del diario Gandul.

Él conoce a fondo los casos, su trabajo junto al IICCMER sacó a la luz el listado de supuestos torturadores; el más joven de 65 años. Para Dumitrescu, que Alexandru Visinescu se siente en el banquillo, es un avance: "Que la justicia reconozca lo que pasó, que saque a la luz los crímenes del terror de la época comunista, es importantísimo para nosotros; pero también para nuestros hijos y nuestros nietos. Este país tiene que conocer, aceptar y afrontar su historia".

Comentarios [ 7 ]

Imagen de Anónimo

la justicia no corre pero atrapa.

Imagen de Anónimo

El Cagalotodo en Jefe Fidel Castro ante un tribunal:  "...... Yo no hice nada, yo solo seguí las órdenes de las voces en mi cabeza que me decían que destruyera al pueblo Cubano......"

Imagen de Anónimo

Si mas de 163,000 presos pasaron durante los anos que edtuvo al 'frente de la orquesta', solamente han podido acusarlo de 14, al parecer esta ganado la batalla de quedarse en la calle sin pasar un noche en la jaula. QUE DESFACHATEZ!!!!

Imagen de Juan

Bueno, que los seguidores de Castro pongan atención. Por que le va ha pasar lo mismo. Este mensaje va para un tal Camilo de el G2.  El legusta darle golpe a las Damas de Blanco.

Imagen de Anónimo

Los comunistas nunca son culpables de nada, siempre le hechan la culpa a alguien, si no lo supiéramos los cubanos.

Imagen de Anónimo

Si me conceden el Privilegio de darle un Matillazo en cada Ojo, voy a Rumania y me pago el Viaje y  el Hospedaje, de mi bolsillo, y miren que Jodienda, no soy Rumano, soy Cubano!!!

Imagen de Anónimo

¿Y es que no le dieron tiempo a refugiarse en EEUU?