Viernes, 30 de Septiembre de 2016
01:27 CEST.
Colombia

¿Reconciliación en La Habana?

La incorporación del tema sobre la reconciliación colombiana en las conversaciones que tienen lugar en la Habana provoca una interrogante. ¿Cuál es el significado y alcance exactos que se desea atribuir al concepto de "reconciliación"?

El arte de la diplomacia es encontrar un lenguaje que pase la prueba del consenso colectivo. El desafío viene después: cuando pasado un tiempo hay que enfrentar la fragilidad de un acuerdo que al inicio cada cual leyó a su manera.

Al abordarse el debate sobre la reconciliación es pertinente recordar que no es asunto que pueda "pactarse". Mucho menos entre unas pocas víctimas invitadas a las conversaciones. La reconciliación es un proceso gradual, individual, de alto contenido emotivo, que puede facilitarse u obstruirse desde el estado pero no decretarse. Reconciliación y convivencia no son la misma cosa.

Lo que puede pactarse es el modo de asumir la futura convivencia entre víctimas y victimarios. Asegurar la existencia de instituciones y normas que favorezcan esa convivencia constituye una responsabilidad estatal aunque también lo sea, en parte, de la sociedad civil.

La reconciliación es resultado de un proceso de cicatrización prolongado. Pero asegurar la convivencia entre víctimas y victimarios en un marco institucional apropiado constituye una urgencia impostergable.

La convivencia no supone el perdón de las víctimas. La reconciliación sí. Pero perdonar o rehusar el perdón son derechos inalienables de las víctimas. Violentarlo supone abrir la posibilidad de que la paz se quiebre de nuevo en el futuro. En este asunto ningún grupo de víctimas puede negociar la renuncia colectiva a ejercer ese derecho individual.

Las amnistías estales son otra cosa. No representan, como a veces se piensa, un perdón oficial. No suponen la inocencia de los acusados, sino la suspensión o cancelación de los procedimientos acusatorios, e incluso sentencias ya dictadas, por razones de Estado. Es el recurso al que acuden los negociadores para poder facilitar un acuerdo de paz. Pero si bien una amnistía puede ser necesaria, no tiene por qué equivaler a ausencia de justicia.

Las amnistías renuncian a la justicia criminal punitiva, pero no suponen que el Estado tenga que renunciar también al reconocimiento de culpabilidades y la aplicación de fórmulas restaurativas de justicia. La primera de todas es el establecimiento de la verdad y el reconocimiento de la dignidad de las víctimas. Otras pueden ser de naturaleza material y suelen pasar por indemnizaciones y compensaciones muy diversas.

Acudir al concepto religioso del perdón para legitimar amnistías estatales sin memoria, verdad, ni justicia alguna, constituye una apuesta muy arriesgada. Si se renuncia a reconocer los agravios ocurridos y toda forma de justicia se barre bajo la alfombra del llamado a una dudosa "reconciliación", será difícil poner coto al natural deseo de venganza suscitado por actos atroces.

Los procesos de paz no muestran lecciones universales a copiar sino experiencias a tener en cuenta. Cada país ha de aportar una combinación original y diferente de soluciones propias a los temas de verdad, memoria, justicia y reconciliación. No se pueden calcar experiencias ajenas. Pero tampoco puede evadirse la responsabilidad hacia las víctimas.

Por último, pero no menos importante, hasta ahora el llamado proceso de paz colombiano en La Habana no ha analizado la responsabilidad de los actores externos de ese conflicto, como en su momento hicieron las comisiones de la verdad en otros países latinoamericanos.

¿No debiera entonces Raúl Castro,ahora que es Jefe de Estado, marcar distancia de aquel pasado, asumir la responsabilidad histórica del Estado cubano en el conflicto colombiano y comparecer también ante las víctimas para pedirles perdón? ¿No debiera acaso asumir la responsabilidad que corresponde al Gobierno de la Isla en restaurar el daño que sus acciones causaron?

Ser sede de estas conversaciones no es señal inequívoca del supuesto cambio de mentalidad que ahora se atribuye a los gobernantes cubanos. Un acto genuino de constricción y responsabilidad en este caso pudiera llegar a serlo.

 


Este artículo apareció en Infolatam. Se reproduce con autorización del autor.

Comentarios [ 4 ]

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LA MANO PELUDA DE LOS CASTROS SOBRE AMERICA LATINA: VENEZUELA LA PRIMERA  GUERRILLA BRIONES MONTOTO, TUPAMAROS, SENDERO LUMINOSO, FARC, ML19, CHILE(ALLENDE), BOLIVIA, BRASIL (LULA EL PRIMERO), EL SALVADOR...Y TODAVIA ESOS QUE SUFRIERON DESESTBILIZACIONES LE RINDEN PLEISTECIA A ESTA CAMARILLA DE ASESINOS CASTRISTAS.....LA IZQUIERDA TRASNOCHADA, PARASITA Y FORIBUNDA TIENE EL SINDROME DE ESTOCOLMO ...Y TODO POR UN BARRIL DE PETROLEO.

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Juan Antonio estoy de acuerdo contigo con lo relacionado a la reconciliación que tanto se usa y abusa con respecto a la problemática cubana, pienso que lo responde a nuestro objetivo principal, la democratización de Cuba, es convivencia y convivencia en primer lugar entre los demócratas cubanos y también la conveniencia de una convivencia con el castrismo en la procura de una transición a la democracia de Cuba. Porque Juan Antonio para llegar a esa lejana meta de la reconciliación se requiere de una transición ordenada a la democracia y establecer un estado de derecho que le haga justicia a las víctimas del castrismo y por otro lado permita el establecimiento de una comisión de la verdad para que ponga en claro los desmanes del castrismo en toda su vida útil. Utilicé tus esclarecedores criterios para abordar la problemática cubana porque no tengo ningún interés en la cuestión colombiana porque es muy específica ya que ellos disfrutan de una democracia estable multipartidista muy alejada de la cubana que está bajo una dictadura totalitaria, diferente a tu pedido, lo que le pido a Raúl Castro, como presidente de Cuba, es inicie reformas políticas que conduzcan a la democratización de Cuba, COMENTARIO de Esopo.

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Absolutamente cierto. Pero no se podrá nunca llevar a los Castro a una Comisión de la Verdad y que acepten sus múltiples y criminales culpas. ¡Una pena! Sus acciones injuriaron a varios continentes.

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Excelente artículo. Claro y conciso.