España

La inmensa tarea de los nuevos reyes

El prestigio de Juan Carlos creció mientras España prosperaba y cayó en picado cuando la economía se hundió.

Francisco Franco murió en 1975 seguro de que el futuro de España estaba "atado y bien atado". Nunca he creído la hipótesis de que "El Caudillo" preparó una transición post mortem hacia la democracia. Franco era un hombre de orden y cuartel, melancólicamente convencido de que los "demonios familiares" del separatismo y la anarquía inevitablemente conducirían a los españoles a la catástrofe, a menos que una mano dura lo evitara.

Afortunadamente, Juan Carlos, el joven Borbón seleccionado, educado y designado por Franco para continuar su régimen autoritario al frente del Estado, tenía una idea diferente de España. Sabía que solo podía o valía la pena reinar en una nación democrática en la que la Corona estuviera subordinada a la Constitución y al Parlamento, como era la norma en el norte de Europa occidental.

El monarca no perdió tiempo. Con la ayuda de las Cortes, acertadamente reclutó a Adolfo Suárez como presidente de Gobierno. Fue el negociador ideal para lograr un cambio que parecía imposible: a trancas y barrancas, porque no fue fácil, los franquistas se transformaron en demócratas, los socialistas abandonaron el marxismo, los comunistas renunciaron al leninismo, los vascos y catalanes silenciaron y aplazaron sus pulsiones nacionalistas, el ejército se subordinó a la jefatura de los civiles —salvo el limitado espasmo golpista de 1981—, la Iglesia Católica bendijo la metamorfosis, y todos admitieron la monarquía.

Juan Carlos, heredero de una dinastía desacreditada ante los ojos de los españoles, dos veces derribada por una sociedad que no amaba ni respetaba a la familia real, a lo que se agregaba el origen espurio de su poder, arbitrariamente impuesto por Franco, los necesitaba a todos para poder reinar con legitimidad moral (tenía la política), pero todos necesitaban a Juan Carlos para ocupar cierto espacio en un orden democrático que surgió milagrosamente en apenas tres años.

La transacción funcionó espléndidamente, al menos por un tiempo. Los españoles, como se ha dicho mil veces, no se hicieron monárquicos, pero sí juancarlistas. Casi todo el país le agradeció al Rey el establecimiento de la democracia y su actitud decidida cuando varios militares trataron de derribar el Gobierno por la fuerza. El consenso general era que sin la tutela de Juan Carlos y su predicamento en las Fuerzas Armadas, el tránsito hacia la democracia se habría interrumpido.

Esa primera transición duró 39 años. Algo más que el franquismo. En ese periodo, con aciertos y fallos, los grandes partidos gobernaron en el ámbito nacional o regional, solos o en coalición, y las instituciones funcionaron razonablemente bien. Solo faltaba por ponerse a prueba la transmisión de la autoridad dentro de la monarquía.

Acaba de suceder. Con la abdicación de Juan Carlos I y la asunción al trono de su hijo, quien reinará como Felipe VI junto a Letizia, la reina, se cierra el ciclo y comienza una segunda etapa en la que las prioridades generales son otras: propiciar la creación de empleo, lo que entraña generar el surgimiento de empresas; combatir la corrupción; enfrentarse constructivamente al separatismo vasco y catalán, si ello es posible; y revitalizar la monarquía, hoy muy devaluada por los escándalos económicos del yerno del rey, Iñaki Urdangarín, y por el comportamiento un tanto frívolo de Juan Carlos I, quien se marchó con una "amiga" a África a cazar elefantes en medio de una severa crisis económica.

La inmensa tarea que Felipe y Letizia tienen por delante desde el día uno de su reinado, es convertir a los españoles de juancarlistas desengañados en monárquicos convencidos de la utilidad de una institución que los conecta con su vieja historia nacional y forma parte de las señas de identidad colectivas, como sucede en Holanda, Inglaterra o Escandinavia.

Los dos tienen el talento, la formación, las virtudes y la simpatía que se necesitan para poder consolidar la monarquía, pero esa peculiar institución no se sostiene de manera autónoma, sino dentro de la estructura de un Estado que tiene que funcionar con probidad y eficiencia, para ganarse el respeto de una sociedad que necesariamente debe percibir que posee posibilidades de mejorar progresivamente su calidad de vida si hace los necesarios esfuerzos.

El prestigio de Juan Carlos creció mientras España prosperaba y cayó en picado cuando la economía se hundió. Felipe y Letizia serán pronto los reyes de España. Están llenos de buenas intenciones, pero les  tocará a Rajoy y a los que vengan detrás gobernar bien para que la monarquía se sostenga. En 1981 el rey salvó a la democracia. Ahora la democracia debe salvar a los reyes.

Comentarios [ 19 ]

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Anónimo - 9 Jun 2014 - 2:02 am.

Sí, pero ten en cuenta que España ya no es un país soberano ni se gobierna sola. Es parte de la UE y de la OTAN. Tiene que acatar las políticas que otros le impongan, desde lo económico a la política exterior. En ambos casos, y en muchos otros, tiene soberanía limitada. Así que aunque quisiera 'reunificar pasados terrritorios' es Estados Unidos el que decide eso. Claro, debería de estrechar más esos lazos, pero está 'atrapada' por la UE. Tal parece que, en lo interno, es un país en transición o quizá en descomposición. Lo cual es una verdadera lástima. Quizá le espera el futuro de la antigua Yugoslavia.

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 Anónimo 7 de junio 11.20, el mejor comentario, acertado.

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Es una lástima que los españoles en inmensa mayoría sean tan regionalistas, en esto aún van de alpargatas, que un país que fue imperio y cabeza del planeta por tanto tiempo mantenga esa manera individualista y complejo de superioridad ante las demás regiones, nunca conseguirá recuperar un lugar merecido ante El Mundo, por su riqueza cultural incomparable con ningún otro país. Mientras el resto de La tierra se agrupa y rompe barreras en comercio y política para ser fuerte, España se desintegra a pedazos, a estas alturas de un mundo moderno y con poder económico para acabar con la pobreza e imponer derechos para todos, España debía estar reunificando sus pasados territorios, no destruyendosé así misma como lo esta haciendo.

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Aunque Juan Carlos el rey, meritos aparte, resulto ser un poco jodedorcito, es mejor "malo" conocido, que malisimo por conocer, pues malisimos son los que enarbolan banderas rojas con la hoz y el martillo y pullovers del Che, mientras gritan por una Republica a la que le clavarian el punal a traicion  si alcanzaran el Poder.

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Anónimo de las 7:26

Estoy de acuerdo con usted en muchos de sus puntos, pero hay algunos puntos que quisiera aclarar. Primero, la monarquía en España nada tiene que ver con otras monarquias europeas. La española es una institución reciclada solo por los deseos de Franco; segundo, ya España es una nación federativa. Las regiones son independientes, pero además, si Cataluña, la más rica de las regiones, deja de ser parte del reino, la economía se les va a pique y el resto de las regiones, encabezas por el país Vasco, tratarán de hacer lo mimo.

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La versión edulcorada de una casa real tan corrupta que el monarca se ha visto obloigado a abdicar. Donde hasta un deportista de poca monta pensó que podía forrarse como todos los demás, lo han tricado y va a pagar el pato.

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Los españoles aprobaron y votaron por la monarquía constitucional. Esa constitución no contempla un referédum sobre si tener o no monarquía o república. Entonces surge lo de la reforma constitucional, algo que varios partidos y mucha opnión pública apoyaría. Entonces talvéz hacia eso se encaminen las cosas en la España del futuro. Y de paso, aprovechar para hacer legal y permitir el referéndum que quieren los catalanes para convertirse oficialmente en nación aparte. Sea lo que sea, ese problema no se va a ir, ya sea con rey o con presidente.  Por otra parte, en España hay algunos que tienen una idea muy peculiar sobre lo que es una república. Pero lo cierto es que ni es panacea ni es de izquierdas ni marxista ni de derechas. El rey en sí tiene poco poder, es solo un símbolo. Los ingleses ahí tienen a la reina y Bélgica, Holanda, Suecia etc. son monarquías, pero países muy democráticos, prósperos etc. Y con más igualdad que España. En fin, veremos lo que pase en España. No soy español y voy a meter mi cuchareta, pero opino que si los catalanes, que tienen su propia identidad, al igual que los vascos, no quieren seguir formando parte del Estado español, lo mejor es que los dejen ir. Es mejor tener un país con el que todos se sientan idenficados. Talvéz España se convierta en un estado federativo. O quizá veremos otra España con menos territorio. Le deseo lo mejor al próximo Felipe VI y a todos los españoles.

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A Juan Carlos de Bobon le encanta mandar a callar, ahora tampoco quiere que hablen los españoles. Referendun ya!

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La famosa transición ocurrió hace casi cuarenta años. Es cierto que el Rey jugó un papel primordial, pero también lo jugó Adolfo Suarez y esa etapa está más que superada. Ahora el problema de España no es su pasado sino su futuro. La famosa reunificación nunca se ha realmente consumado. Cataluña y el País Vasco no se resignan a ser controlados desde Madrid y eso solo por mencionar los casos más extremos. Los nuevos monarcas que representan una institución anticuada y no muy popular con el pueblo español, tendrán que trabajar muy duro para ganarse la confianza y el respeto del pueblo español. Si optan por una vida de extremos, con safaris en el Africa y vacaciones en Ibiza, no solo pondrán en grave peligro una institución siempre vista con sospecha, sino que además, la mera existencia de una España integral correrá el riesgo de verse balcanizada.