Opinión

Venezuela: contrarrevolución o barbarie

En Latinoamérica, el moderno golpe de Estado es un golpe asestado desde adentro, desde el corazón del sistema parlamentario y la burocracia estatal, y ratificado en las urnas.

En su discurso del 21 de mayo de 1971 ante el parlamento chileno, Salvador Allende expuso el programa político que terminaría siendo el modelo de las modernas dictaduras constitucionales latinoamericanas:

"Chile se encuentra ante la necesidad de iniciar una manera nueva de construir la sociedad socialista: la vía revolucionaria nuestra, la vía pluralista, anticipada por los clásicos del marxismo, pero jamás antes concretada."

En Latinoamérica, el discurso marxista provee la coartada que permite al demagogo actuar con relativa impunidad. A partir de Allende, el desmontaje de las instituciones democráticas queda expresado arbitrariamente en lenguaje populista:

"Es necesario adecuar las instituciones políticas a la nueva realidad. Por eso, en un momento oportuno, someteremos a la voluntad soberana del pueblo la necesidad de reemplazar la actual Constitución, de fundamento liberal, por una Constitución de orientación socialista. Y el sistema bicameral en funciones, por la Cámara Única."

¿Cómo lograr la aceptación de un programa tan abarcador si la Unidad Popular contaba apenas con un tercio de los votos? ¿Cómo alcanzar la mayoría aplastante y la "Cámara Única"? Nathaniel Davis, embajador norteamericano en Chile durante los dos últimos años del gobierno de la Unidad Popular, nota, con genuino entusiasmo, que "mediante las nacionalizaciones, de facto o formalmente decretadas, Allende amplió el sector público día por día, de manera que su gobierno pudo dar empleo a miles de partidarios de la Unidad Popular."

Las textilera SUMAR contrató a mil trabajadores adicionales y Cervecerías Unidas duplicó su fuerza laboral luego de ser nacionalizada. La mina de cobre El Teniente sumó cuatro mil nuevos operarios. "Era el gran momento de los nombramientos políticos a todo lo largo y ancho de la burocracia estatal, hasta a nivel de conserjes", recuerda Davis, en su libro Los dos últimos años de Salvador Allende. "Por poner un solo ejemplo: la Corporación de Trabajadores Municipales (CORMU) creció durante el gobierno de Allende, de 200 a 12 mil empleados."

En cuanto a la procedencia del dinero para las reformas socialistas, el embajador explica: "Los altos precios del cobre permitieron al gobierno de Frei acumular alrededor de 350 a 400 millones en divisas. La Unidad Popular usó liberalmente ese dinero."

Nuevo modelo antiparlamentario

En Latinoamérica, el moderno golpe de Estado es un golpe asestado desde adentro, desde el corazón del sistema parlamentario y la burocracia estatal, y ratificado en las urnas. Las dictaduras latinoamericanas basadas en el reelecionismo rectifican y expanden la experiencia chilena.

La explicación vulgar del allendismo insiste en su ascendencia marxista; hay, incluso, algo de sano fanatismo en la manera en que Allende confía en la infalibilidad de "los clásicos". Pero, ¿qué tal si buscamos el significado del antiparlamentarismo en otras fuentes, en nuevas claves históricas, en los clásicos oscuros, censurados, que entran por la puerta del fondo a la cosmovisión izquierdista? La destrucción del parlamentarismo bicameral ocurriría de todas maneras, sustentada en un programa socialista, pero no de "orientación marxista", sino fascista. De hecho, las distinciones entre estos dos términos son cada vez más tenues:

"Así, nuestro movimiento se vio enfrentado a la siguiente disyuntiva: ¿debíamos, a fin de destruir el parlamento, integrarnos a él y hacerlo explotar desde adentro, o lanzar la ofensiva desde afuera, asaltando las instituciones como tales?"

Las pregunta de Hitler (en Mein Kampf, pg. 102, traducción inglesa de Ralph Manheim) sobre cómo destruir el parlamento, encuentra la respuesta definitiva en el discurso de Allende del 21 de mayo de 1971. El constitucionalismo burgués deberá ser atacado desde adentro y desde afuera; impugnado simultáneamente desde la ideología marxista y la praxis fascista.

Revolución 'contra' la revolución

Dicha por un médico de Valparaíso o por un guagüero caraqueño, la palabra revolución conserva el mismo significado, es una constante. Si la "revolución" queda definida universalmente, los objetivos de la contrarrevolución aparecen entonces de manera no menos inequívoca.

La democracia burguesa, como se demostró en el siglo XX, es la única alternativa a la institucionalidad fascista, por lo que los objetivos de la contrarrevolución son claros. La contrarrevolución debe abandonar toda pretensión revolucionaria y cumplir su tarea, la más peligrosa y difícil de la edad moderna. En los países donde el antiparlamentarismo allendista tomó el poder por las urnas, el problema se presenta, simplemente, como contrarrevolución o barbarie.

La barbarie no siempre asoma su oreja de guagüero, sino que puede presentarse en bata de laboratorio, de cuello y corbata: es una barbarie polimorfa, disfrazada de tecnología, de progresismo o de "arcaísmo técnicamente equipado" (Guy Debord, La sociedad del espectáculo, 1967). Tampoco debemos malgastar energías tratando de localizar su origen (el legado caudillista hispano, el régimen castrense jesuita, las secuelas de la Guerra Civil española, el peronismo o el bolchevismo, etc.), pues es un hecho que se trata, en cada instancia, de contrarrevolución o barbarie.

'Contradictio in terminis'

Si los términos del debate parecen duplicarse y retornar al punto de partida, es porque así lo previeron los constructores de socialismos. Las nuevas repúblicas fascistas se declaran "democráticas" y "populares" y, al mismo tiempo, "irremplazables" y "eternas". El desmantelamiento del parlamentarismo va acompañado del desmontaje paralelo del sentido común. La misma elección del vocablo "revolución" entraña ya una contradicción insoluble.

Pero no queda tiempo para debatir el verdadero sentido de las nociones falsas. Tampoco importa si la revolución es "en realidad" otra cosa, o si los fascistas la invocan en vano, o si los auténticos revolucionarios están en otra parte: en el mundo real, y dadas las actuales circunstancias, "revolución" es, únicamente, el asalto al principio de realidad cristalizado de una vez y por todas en las instituciones burguesas. Será cuestión de semántica, pero, a los efectos de la lucha contra los elementos antidemocráticos y antiparlamentarios, no hay que sentir vergüenza de ser llamado "contrarrevolucionario".

La barbarie como progreso

"La Rusia del año 17 tomó las decisiones que más afectaron a la historia contemporánea (…) Allí se aceptó el reto y se edificó una de las formas de construcción de la sociedad socialista que es la dictadura del proletariado…

"Hoy nadie duda que, por esta vía, naciones con gran masa de población pueden, en períodos relativamente breves, romper con el atraso y ponerse a la altura de la civilización de nuestro tiempo."

Sería fácil rebatir, desde la perspectiva postsoviética, la interpretación que Salvador Allende dio a la dictadura del proletariado. A los 54 años de haber sido instaurado por la violencia, Allende no encuentra motivos de escándalo en el Estado soviético: sencillamente, había llegado la hora de "romper con el pasado y construir un nuevo modelo de sociedad, no solo teóricamente más previsible, sino donde se logren las condiciones concretas más favorables a su logro".

Un contrarrevolucionario debe entender que el allendismo, pasado o futuro, supone la interpretación de la barbarie como progreso. Los presidentes latinoamericanos democráticamente electos (Fernández Kirchner, Morales, Correa, Maduro), extrapolando el viejo barbarismo prosoviético, ven en el castrismo un ejemplo de desarrollo. En las universidades norteamericanas, los académicos izquierdistas alaban los avances técnicos del llamado Período Especial cubano.

La locura de la Izquierda y su deshumanización son tales que comparados con ellos las dictaduras de derecha parecen un interregno de inteligencia y responsabilidad. Lo cual no dice mucho de las dictaduras de derecha, sino que obliga, más bien, a contraponer la época de Pinochet y el rechazo universal con que fue recibida, al interminable período del castrismo triunfante y su creciente popularidad.

A la exaltación del guevarismo a la categoría de religión oficial de la Izquierda, el contrarrevolucionario debe contraponer, sin desmérito, las vida y obra de los santos y mártires contrarrevolucionarios, en cualquier época y lugar en que el castrismo se impuso por la violencia o por las urnas. Llegó el momento de que Latinoamérica vuelva los ojos al glorioso legado contrarrevolucionario venezolano, que honre a los precursores de la sociedad futura, liberada de caudillismos y de antiimperialismos; que levante la vista al ejemplo excepcional de Narciso López, y del imprescindible, del maliciosamente olvidado Carlos Rangel.

El Bujarin de la salsa

Los argumentos izquierdistas son circulares: van siempre de la Izquierda a la Izquierda. El izquierdismo, como lo reconoció el salsero Rubén Blades en su virtuosa misiva, es una petición de principio, un do ut des, un oxímoron. El izquierdismo es la enfermedad infantil de la Razón, y produce idiotas.

La insistencia de la Izquierda en la autoridad de los "clásicos", en el fundamento "científico" de sus supersticiones, o en la perfectibilidad de "los errores que se comenten en nombre del izquierdismo" permiten al oportunista, el diletante y el demagogo militar confiadamente en sus filas. En su patético empeño de eximir a la Izquierda de la responsabilidad por la barbarie latinoamericana, Rubén Blades cae en la paradoja.

Cuando Blades escribe, en su epístola a los venezolanos, que considera "como una verdad, el hecho que el extinto Presidente Chávez haya demostrado, con sus consecutivas elecciones ganadas, el desprestigio de la partidocracia tradicional en Venezuela", está negando el primer reclamo de la oposición: restablecer el Estado de derecho, que el salsero llama sarcásticamente "partidocracia". De manera que también Rubén Blades, como buen izquierdista, condona la barbarie y justifica el desmantelamiento del pluripartidismo en nombre de una trillada "creación de oportunidades para el sector popular".

El trauma

El trauma y la herida incurable del allendismo aparece hoy en las calles de Caracas. Lo que nos hicieron creer, lo que se presentó como otro "socialismo con rostro humano", no era más que barbarie. Porque al desmantelar el parlamento y crear una Cámara Única, se siembra la semilla de la desunión y la violencia. Siempre que un gorila latinoamericano, así sea un gorila con un libro de marxismo bajo el brazo, pretenda interpretar el curso de la Historia en nombre de todos, y cada vez que un demagogo acuda al proletariado para justificar la dictadura, y cada vez que un presidente "cree oportunidades" para obtener votos, estamos ante la realización diferida del proyecto allendista expuesto en un discurso de hace 43 años.

Comentarios [ 22 ]

Imagen de Anónimo

Los Venezolanos estamos Con Maduro

Imagen de Amadeus

Fidel Castro tiene el maléfico encanto de fascinar a cuanto idiota del "buenismo" y la izquierda esté cerca de él. Como el majá de la fábula, encanto a Allende (la jutía) y lo "embarcó". Ahora este entraño engendro llamado Maduro corre la misma suerte de Salvador de Chile; en cualquier momento se la cobran. Moraleja: No se deje tirar el brazo de Fidel por encima, porque termina tieso.

Imagen de Anónimo

¡Qué linda la tinaja de Pomairino! ¡Y qué lindas sus palabras!

 

Imagen de Anónimo

Diios mio que atraso la de estos cubiches y que mal escrito la de este chiquillo de la calle que debiera dedicarse a sus chismes y dejar el analisis politico para la gente seria

Imagen de Anónimo

Pinochet no era mas que un alumno pésimo comparado con los Nazi-fascistas de los Tiranos Castro. ..

Imagen de Anónimo

que clase de aporte el de allende a los chilenos meterse un tiro en el cocorioco,y pinochet sea bendito por los siglos amen.

Imagen de Anónimo

Creo que no hay dudas de que Pinochet hubiese languidecido en su cuartel sino llega a existir Salvador Allende. Lo mismo que en Venezuela, Fidel Castro se paseó como un conquistador por todo Chile a finales del 71, y de salida recomendó la implementación acelerada del modelo radical antiparlamentario. La presencia de las trpoas de choque cubanas en Chile, desde Barbarroja hasta los gemelos De la Guardia, aseguró que la única salida al problema fuera la dictadura, no importaba si de derecha o de izquierda. Después de todo, la dictadura de derecha ha proporcionado mayores dividendos políticos al "constructo" izquierdista que ningún otro evento en la Historia latinoamericana reciente y, si juzgamos por la opinión del comentarista Pomairino, seguirá apuntalando el constructo castrista hasta el fin de los tiempos.

Imagen de Anónimo

Bien dicho, como un Sarmiento del Siglo XXI...LaM

Imagen de Armienne la Puta

Lo de Venezuela es la típica barbarie comunista.

Imagen de Pomairino

¿La experiencia chilena? ¿La de Allende o la de Pinochet?

Si se quiere hacer arrancar la táctica del reeleccionismo  y poderes extraordinarios a un grupo a partir de la "experiencia chilena", debe hacerse a partir de la constitución de Pinochet en 1980 y no del discurso de Allende en 1971.

Allende planteó una reforma constitucional, pero no tenía ninguna posibilidad que pudiese efectuarla durante su mandato. Los partidos del centro en octubre de 1970 obligaron a Allende a aceptar una reforma constitucional, llamada "de garantías constitucionales", como paso previo para aceptar la ratificación de Allende como presidente.

En 1973, Pinochet suspendió la constitución y en 1980 sometió a plebiscito su propio proyecto, constitución que aun rige. Esta constitución contemplaba la reelección indefinida y le daba poderes extraordinarios a un grupo (a las Fuerzas Armadas) encomendándole la tuición de todos los demás organismos del Estado, incluidos el presidente y el parlamento.

 El plebiscito que perdió Pinochet, en 1988, era obligatorio, prescrito por la constitución de 1980, para determinar si la ciudadanía aceptaba que Pinochet continuase a gobernar el país, pero sin parlamento. Porque perdió el plebiscito, Pinochet tuvo que llamar a elecciones de presidente y parlamento.