América Latina

De la Feria de Trujillo a la Cumbre de los Castro

¿Ha oído usted hablar, amigo lector, o leído algo, a propósito de la "Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre"? Lo más probable es que no. Y ello no por falta de cultura histórica de su parte, sino simple y llanamente porque la misma no pasó a la posteridad.

Aquella Feria fue inaugurada en diciembre de 1955 por el tirano Rafael Trujillo en la capital de la República Dominicana (llamada "Ciudad Trujillo" para satisfacer su megalomanía) con el objeto de resaltar los supuestos "logros" de los primeros 25 años de su régimen. En dicho evento se dieron cita dignatarios del mundo occidental, deseosos de promover las relaciones comerciales con el país anfitrión y firmar contratos con el régimen, que manejaba la economía del país como si fuese un negocio familiar.

Bochornosamente, la falta absoluta de libertad y de perspectivas económicas en la República Dominicana de entonces no se tomó para nada en consideración en la decisión de aceptar la invitación del tirano.

Mientras la Feria tenía lugar, disidentes y mendigos eran conminados a quedarse en sus hogares, a no mostrarse ni hablar en público, a fin de no dañar el espectáculo tan meticulosamente preparado por el tirano y sus secuaces.

Hoy, siete décadas más tarde, observamos el mismo fenómeno en la Cuba de los Castro, donde un grupo de jefes de Estado latinoamericanos, atraídos por el cebo de una supuesta apertura comercial, se dio cita en la II Cumbre de la CELAC, ignorando de paso el sufrimiento de los cubanos privados de libertad y de condiciones de vida humanas y decentes.

A semejanza de "Ciudad Trujillo", La Habana de los Castro se acicaló como pudo y trató de esconder la pobreza y el descontento, obligando a mendigos y disidentes a desaparecer del campo visual de tan honorables huéspedes.

Los protagonistas principales de la pantomima de la CELAC tienen nombres y apellidos. Están en primer lugar los dirigentes del eje chavista —Maduro, Correa, Cristina, Ortega y Morales— quienes, cual alcahuetes de la diplomacia, movieron cielo y tierra para hacer que la cumbre de la CELAC se celebrase en la capital latinoamericana de la represión.

Ahí está igualmente Dilma Rousseff, la misma que, a pesar de haber padecido en su país los vejámenes de una dictadura militar, se niega hoy a recibir a las representantes de las Damas de Blanco, sometidas regularmente a acosos, golpizas y detenciones arbitrarias por parte del castrismo.

También se ufana de haber acudido a la cita el presidente mexicano Enrique Peña Nieto, quien viajó a Cuba en pos de un doble objetivo. En primer lugar, lograr que firmas mexicanas puedan participar en el proyecto de expansión del puerto del Mariel. En segundo lugar, conseguir que los hermanos Castro, en recompensa por ese viaje, se dignen a apaciguar la izquierda filo-castrista mexicana, virulentamente opuesta a las reformas de corte liberal que en el sector energético ha puesto en marcha el ejecutivo de aquel país.

El máximo galardón del contubernio y la indolencia lo obtiene el actual Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza. He ahí alguien cuya principal credencial ética, la que le dio el prestigio que le ha permitido ocupar funciones de primer plano, es el haber estado exiliado durante la dictadura de Augusto Pinochet. Pero ese pedigrí moral, Insulza lo ensucia al dar la espalda a su responsabilidad, como Secretario General de la OEA, de promover y consolidar la Carta Interamericana de la Democracia, cuyo preámbulo estipula que "la democracia representativa es indispensable para la estabilidad, la paz y el desarrollo de la región".

Es ese Insulza quien declara sin sonrojo alguno que no vino a La Habana para incomodar a sus anfitriones, los mismos que le han negado a los cubanos, durante 55 largos años, el derecho a escoger sus gobernantes (como hiciera en Chile el dictador Augusto Pinochet, a quien Insulza desde el exilio tanto criticó).

Mientras los notables de América Latina se revuelcan en la connivencia, el cubano de la calle queda relegado a la condición de comodín. Su sufrimiento no cuenta, como tampoco cuenta su legítimo anhelo de respirar el oxígeno de la libertad.

El espectáculo es sin duda alguna harto desolador. No obstante, el precedente sentado por la Feria de Trujillo permite abrigar halagüeñas esperanzas.

En efecto, con la celebración de la Feria antes citada, el régimen trujillista lucía más sólido que nunca. El déspota dominicano parecía haberse salido con las suyas. Y sin embargo, apenas un lustro más tarde —con la ayuda de una comunidad latinoamericana mejor inspirada que en 1955— la pésima gestión de la economía y el descontento popular acabaron por dar al traste con ese régimen de pies de barro.

Aunque no les guste a los alabarderos de la CELAC, la gerontocracia castrista está abocada a una suerte similar. Pues no son las raquíticas "actualizaciones" de Raúl, ni siquiera la creación de una "zona económica especial" en el Mariel, lo que podrá enderezar el entuerto de la incompetencia económica consubstancial al régimen castrista.

A este respecto, el diario londinense Financial Times señala que "los empleadores en el puerto del Mariel tendrán que reclutar y licenciar personal a través de una agencia de empleos del Estado, lo que eleva los costos de operación y afecta adversamente el atractivo de dicho puerto". Citando al agregado comercial de una embajada occidental, el mismo artículo añade que "el costo de la mano de obra en el Mariel será el doble del valor correspondiente en República Dominicana".

Evidentemente, no son los salarios de miseria percibidos por el trabajador cubano lo que puede explicar el diferencial de costos entre Cuba y República Dominicana. La causa del problema es más profunda; la misma reside en la mil veces probada incompatibilidad de los regímenes socialistas con los requisitos de la rentabilidad.

Así, pues, a semejanza de la Feria de Trujillo, la cumbre de la CELAC no logrará evitar el fracaso inexorable del actual régimen cubano. Pero sí habrá servido para poner al desnudo la podredumbre moral y el oportunismo cómplice de ciertos gobernantes latinoamericanos y representantes de organizaciones regionales.

Comentarios [ 6 ]

Imagen de javier monzon velazques

Siempre me he hecho una pregunta que no logro contestarme: Si Trujillo- o Stroessner, o Somoza, etc.- se hubiese inteligentemente  "convertido" al comunismo-como hizo Fidel Castro- habria sido derrocado? La represion violenta y la sutil, y el espionaje a nivel de hogar, que manejan los sistemas comunistas, inimaginables ni en el trujillismo, tal y como lo reflejo la novela de Orwell, dificultan sobremanera la caida.

Imagen de Anónimo

Genial paralelo.  La Feria ocurrió bajo la “presidencia” del hermano menor, Héctor [ver L. Derby, “The Dictator’s Seduction”, que reseñé en EL CARIBE {Sto. Domingo} 13/11/09].

Prof. Rolando Alum [NJ]

Imagen de Anónimo

Hay una realidad el comunismo es irreformable. No importa lo que hagan su destino está definido, y ellos lo saben. Solo quieren asegurarse morir antes del fin. No quieren terminar como Erick Honecker o peor, como N. Ceaucescu. Quizás lo logren, pero ese sistema, con el nombre que le pongan de acuerdo a la estación, no funciona. Veremos su final. No me cabe dudas.

Imagen de Anónimo

Cuanto mas se puede decir en torno al olvido de todos eso pueblos que nos rodean y que son complices silenciosos de la tortura a que esta sometida el pueblo cubano por las de cinco decadas,no creo que sean menos asesinos que los Castros todos arbelgan las mismos sentimiento,pero mas tarde que nunca Cuba lograra sus democracia y la resauracion de sus derechos

Imagen de Anónimo

....LA FE QUE TENEMOS ES QUE EL EJEMPLO DE LA EX-UNION SOVIETICA, CABALGA EN NUESTRA MENTE......ESE REGIMEN CASTRISTA  TIRANICO LLEGARA A  SU FIN....Y CUBA SERA RECONSTRUIDA.....Y ESOS GOBERNANTES CON LOS OJOS TAPADOS......MORDERAN SU DERROTA MORAL  EN AMERICA LATINA Y EL MUNDO....

Imagen de azayas48

Coincido plenamente con la opinión del autor de este artículo. Lo felicito. Y tiene razón, yo no había oído hablar de la Feria de Chapitas. Igual pasará con ésta. Saludos.