¿DDHH o fundamentalismo? (VI y final)

La 'puerta sublime'

Turquía proyecta su poderosa silueta en el Medio Oriente y el Asia Central, alterando la ecuación política de esa enmarañada geografía.

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Después de la faraónica, la dinastía otomana es la más estable de la historia, con un ejército cuyas raíces llegan hasta las legiones romanas. Herederos del califato de Bagdad y de los kanatos mongoles, tomaron Constantinopla en 1453, convirtiendo al Mediterráneo en un lago turco. En realidad, solo reemplazaron el barniz bizantino por el islámico. Sus sultanes eran meros emperadores bizantinos y sus mezquitas, incluso, copias del viejo estilo arquitectónico de las iglesias ortodoxas.

La gran diferencia del califato turco con el resto de los que fraguó el Islam es que Turquía fue una continuación directa del extraño engendro griego y bizantino, donde la Pax Otomanica igualmente marcó el maridaje entre las civilizaciones euro-cristianas y las asiáticas, en medio de un entorno multiétnico y multicultural que albergaba a los tres credos monoteístas.

Si bien es cierto que en los umbrales del siglo XX el coloso otomano estaba enfermo, no se reconocieron los vientos de reforma y remozamiento que acometían los Jóvenes Turcos, aquel núcleo de oficiales conscientes de la prepotencia militar y económica de la civilización occidental y de la necesidad de modernizar su conservador mundo islámico.

La suerte de los otomanos quedó sellada con el error de coligarse con Alemania, el perdedor de la Primera Guerra Mundial; y con ver las regiones de su imperio (los Balcanes, el Cáucaso, la Gran Siria, Mesopotamia, la península árabe) transformadas en un semillero de Estados islámicos artificiales que conformaron un tablero político hasta hoy inestable.

Así, París y Londres descarrilaron la obra de los Jóvenes Turcos, que buscaban forjar un moderno Estado secular multinacional, desde casi todo el mundo islámico articulado a Europa, que estuviese regido por una clase media profesional y englobara todo el petróleo del Medio Oriente. Solo la habilidad política y militar de Mustafá Kemal (Atatürk), el héroe de Galípoli y el más brillante de los nacionalistas del siglo XX, pudo salvar la meseta de Anatolia, fundando en pilares seculares a la República de Turquía.

En la democracia turca, asentada después de la Segunda Guerra Mundial, la teocracia militar ha sido la fibra reformadora y revolucionaria de la sociedad —herencia de los reformistas de Atatürk—, secundada tras bambalinas por las comunidades financieras de los judíos turcos, griegos y armenios, la otrora élite bizantina de Estambul. En la actualidad, el Estado Mayor es quien, en realidad, maneja Turquía y su política exterior.

Turquía arrastra la complicación kurda, el único grupo minoritario que quedó sin Estado después de ese conflicto. Siria, que mantiene una querella con Turquía por el desvío del río Éufrates, reclama la porción sureña turca de Hatai y alienta el terrorismo kurdo. Con Armenia subsiste un enorme resquemor por la masacre de un millón de armenios en 1915 y la expulsión de Anatolia de los que quedaron con vida.

Estambul convenció a la OTAN para que intercediera a favor de los musulmanes de Bosnia, y sus negociantes han invadido nuevamente los Balcanes. En el caso de Iraq, Turquía no ha cesado en sus reclamos sobre la provincia petrolera de Mosul, que espera recuperar.

Pasando por Estambul

Turquía alimenta una estrategia a largo plazo en Azerbaiyán, donde se ha sumergido en la economía y entrena al ejército. Allí busca construir un oleoducto de mil millas desde Bakú al puerto mediterráneo de Ceiján, proyecto endosado en 1999 por el presidente norteamericano Bill Clinton. La geografía que confirió a Turquía ser la "Puerta Sublime" al Asia, puede asignarle el mismo papel en el siglo XXI. Ahora que el imperio soviético se esfumó, el Mar Negro puede trocarse en su traspaís. La rivalidad por el Cáucaso —con reservas de petróleo superiores a las de Iraq e Irán combinadas— promete ser entre Turquía y Rusia. El Occidente cristiano de nuevo reconoce en Estambul una pared de contención a la flamante y agresiva autocracia ortodoxa rusa.

Es exagerado decir que un moderno imperio Bizantino-Otomano está naciendo en el Bósforo, pero no puede omitirse la realidad de que Turquía pueda proyectar su poderosa silueta en el Medio Oriente y el Asia Central, alterando la ecuación política de toda esa enmarañada geografía. El destino de Iraq también pasa por Estambul.

Otra omisión de Estados Unidos ha sido ignorar la estrategia y la dinámica de Rusia, proyectada como un polo de influencia en el Medio Oriente. La prioridad de la Casa Blanca se ha centrado en Turquía, por razones políticas y como mediador, y en Irán, para lograr su cooperación en el desmantelamiento de las fuerzas militares norteamericanas en Afganistán e Iraq.

Tanto Bruselas como Moscú consideran el "hogar euroasiático" como la llave europea para su estabilidad estratégica, su desarrollo económico y su solución del reto demográfico, buscando reemplazar las migraciones islámicas del África norte, con migraciones cristianas de la Europa oriental.

Asimismo, el enarbolado "hogar euroasiático" es tenido como el instrumento para construir un bloque geo-estratégico y geo-económico, capaz de afrontar al dragón chino y disminuir su dependencia de Estados Unidos.

La Unión Europea reconoce la hegemonía rusa en la cuenca del Mar Negro, a través del cual pasan los hidrocarburos a Europa. Tanto Bruselas como Moscú están confiados que con la evolución y consolidación del "hogar euroasiático", se consolidará una dependencia mutua pero balanceada, en el campo de la energía y en otras esferas económicas vitales.

No sin razón, tanto Turquía como Irán gravitan cada vez más hacia Moscú, obviando las históricas rivalidades entre los tres países y aceptando el tácito predominio estratégico ruso en el Cáucaso y Asia Central.

Cooperación regional

Así, debido a sus yacimientos energéticos y a su importancia geográfica, tanto Bakú, Tiblisi como Yereván se van conformando en un bloque para negociar con mayor fuerza con Rusia, Irán y Turquía. Esa es la esencia del llamado "Nuevo Cáucaso", producto del imperativo de una cooperación regional, que responde a la visión del presidente azerbaiyano Ilham Aliyev, para integrarse en el "hogar euroasiático" dominado por Bruselas y Moscú.

Y todo ello, ante el daltonismo político de la Casa Blanca, que trata a los tres países del Cáucaso como entidades económicas individuales.

Acaso la concesión más importante, y menos conocida, que ha hecho Washington fue permitirle a Irán ser el proveedor principal de gas natural para el gasoducto de Nabucco (de Nabucodonosor), conjuntamente con Turkmenistán, que corre de Turquía y tendría como clientes a Bulgaria, Grecia, Albania, Italia, Croacia, Bosnia, Montenegro, Rumanía, Hungría, Austria.

Con el pacto hecho por Europa para recibir gas del Cáucaso, vía Rusia; con el acuerdo de China para recibir gas y petróleo del Asia Central y con los campos de gas y petróleo de Azerbaiyán en un limbo, debido al conflicto en Nagorno-Karabaj, Estados Unidos ha estimado que la única fuente viable a corto plazo para contrabalancear la dependencia europea de Rusia es el gasoducto de Nabucco, pero conectado a Irán.

La dificultad ha sido el embargo y las nuevas sanciones contra Teherán, que han obligado el desvío del oleoducto por Armenia y Turquía, mascarándolo entonces como si fuese gas proveniente de Armenia. Así, el principal promotor del embargo y las sanciones contra Irán, léase Estados Unidos, ha fraguado la manera de violar su propio embargo y sus sanciones.

Turquía se beneficia con el tránsito del oleoducto hacia Europa, el cual constituye una carta de presión para su negociación con la Unión Europea. A pesar de estos provechos inmediatos, tanto Turquía como Irán se encuentran desconfiados ante el fantasma de un posible conflicto armado de Washington en Siria. Uno de los temores es que una erupción violenta desestabilice todo el tablero político que se ha ido tejiendo respecto a los recursos gasíferos y petroleros del Cáucaso.

Comentarios [ 1 ]

Imagen de Anónimo

Dicen que el Czar Nicolas le apodo a Turquia, "El Hombre Enfermo de Europa."  La palabra Bosphurus quiere decir "garganta" en turco, y que el barrio de Tarabya en Istanbul era conocido como Therapia (griego) cuando Cavafi vivio ahi cuando un infante, hace mas de 100 annos.  Ataturk prohibio las barbas y cambio el alfabeto. Como hay que aprender y tan poco tiempo.  Agradecida por su tarea... Recomiendo: " Istambul:  Memories and the City," c. 2004 por premio Nobel Orhan Pamuk.  LaM