Opinión

Cedo la palabra

Para seguir la discusión acerca del pensamiento del Papa sobre el mercado, el autor presenta un texto del académico Alberto Benegas Lynch.

Observo que mis comentarios sobre el papa en este diario despiertan cierta pasión. Supongo que es lo que suele suceder, aunque sea tangencialmente, cuando se tocan temas religiosos. Tanto el primero que consigné, que era favorable, como el último, que era crítico. Como siempre sucede, hay lectores que tienen otros puntos de vista y los expresan con solvencia intelectual y decencia. Hay otros que coinciden con lo que yo he escrito y así lo manifiestan gentilmente. Incluso, a veces tienen la cortesía de defenderme de ciertos despreciables ataques personales. A todos ellos, naturalmente, les doy las gracias. Creo que a ambos grupos hay que agradecerles el tiempo y la molestia que se toman.

Pero hay, también, otras personas que se dedican a insultarme y a repetir viejos infundios propagados por el aparato de difamación que maneja y reitera la inteligencia cubana. Las dos falsedades más utilizadas por estos sujetos son mi supuesta vinculación a la CIA o a acciones terroristas como las que realizaba el Movimiento 26 de Julio durante la lucha contra Batista, o las que llevaban a cabo muchos de los extranjeros adiestrados en Cuba, como es el caso de Carlos el Chacal, preso en Francia desde hace unos años debido a los asesinatos que cometió en ese país.

Ambas acusaciones en mi contra son absolutamente falsas. Para explicar por qué insisten en ellas, publiqué un capítulo del libro El otro paredón. En definitiva, es un constante esfuerzo de la dictadura por tratar de silenciarme.

En todo caso, el propósito de este nuevo texto es darle la palabra a otro escritor para que intervenga en el debate con un artículo que, previamente, ha sido publicado por el Instituto CATO de Washington, un think-tank de orientación libertaria. Se trata del Dr. Alberto Benegas Lynch (pariente, por cierto del Che Guevara), un distinguido economista argentino, católico, que conoció al cardenal Jorge Mario Bergoglio, hoy papa, quien eligió el   sobrenombre de Francisco, muy a tono con su proverbial humildad.

Creo que los argumentos de Benegas, cuyo texto sigue a continuación, deben ser tomados en cuenta.

 

Otra vez, el Papa Francisco


Esta es la sexta vez que me pronuncio sobre las ideas económico-sociales del actual pontífice de la Iglesia Católica: la primera vez, en diciembre de 2011: "Mensaje del Arzobispo de Buenos Aires"; la segunda en marzo de 2013 en un reportaje que me hicieron en CNN; la tercera en octubre de 2013, en "La malvinización del Papa";  la cuarta en noviembre de 2013, en "Teología de la Liberación"; la quinta en otra entrevista en CNN en este mes de diciembre, y ahora lo hago nuevamente a raíz de la "Exhortación Apostólica 'Evangelii Gaudium'" recién promulgada.

En este último caso, el Papa Francisco lamentablemente vuelva a insistir con sus ideas estatistas y contrarias a la sociedad abierta reflejada en los mercados libres. Sin duda esto tiene una clara dimensión moral puesto que la tradición del liberalismo clásico y sus continuadores modernos se basan en el respeto recíproco y la asignación de los derechos de propiedad como sustento moral de sus propuestas filosóficas, jurídicas y económicas. De allí es que el primer libro de Adam Smith, ya en 1759, se tituló The Theory of Moral Sentiments, preocupación mantenida por los más destacados exponentes de esa noble tradición.

No quiero repetir aquí argumentos que ya consigné en mis antes referidos trabajos, solo me circunscribo a los aspectos más sobresalientes del nuevo documento del actual Papa en materia económico-social.

El aspecto medular del documento (que comentaremos brevemente puesto que el espacio no nos permite abarcar todos los aspectos) se encuentra en el segundo capítulo. Para darnos una idea del espíritu que prima, se hace necesario comenzar con una cita algo extensa para que el lector compruebe lo dicho en palabras del texto oficial.

"Así como el mandamiento de 'no matar' pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir ‘no a una economía de la exclusión y la inequidad’. Esa economía mata. […] Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida.

En este contexto, algunos todavía defienden las teorías del 'derrame', que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante. Mientras tanto, los excluidos siguen esperando. Para poder sostener un estilo de vida que excluye a otros, o para poder entusiasmarse con ese ideal egoísta, se ha desarrollado una globalización de la indiferencia. Casi sin advertirlo, nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos, como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe. La cultura del bienestar nos anestesia y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado, mientras todas esas vidas truncadas por falta de posibilidades nos parecen un mero espectáculo que de ninguna manera nos altera".

En verdad, las reflexiones del Papa resultan sorprendentes debido a las inexactitudes que contienen. En primer lugar y antes que nada, debe precisarse que el mundo está muy lejos de vivir sistemas de competencia y mercados abiertos sino que en menor o mayor medida ha adoptado las recetas del estatismo más extremo en cuyo contexto el Leviatán es cada vez más adiposo y cada vez atropella con mayor vehemencia los derechos de las personas a través de múltiples regulaciones absurdas, gastos y deudas públicas colosales, impuestos insoportables e interferencias gubernamentales cada vez más agresivas, todo lo cual no es siquiera mencionado por el Papa en su nuevo documento.

Sin embargo, la emprende contra la competencia y los mercados libres que dice "matan" como consecuencia de la supervivencia de los más aptos, sin percatarse que los que mayores riquezas acumulan hoy, en gran medida no son los empresarios más eficientes para atender las demandas de su prójimo sino, en general, son los profesionales del lobby que, aliados al poder político, explotan miserablemente a los más necesitados.

También omite decir que la desocupación es una consecuencia inevitable de legislaciones que demagógicamente pretenden salarios superiores a los que las tasas de capitalización permiten como si se pudiera hacer ricos por decreto. Tasas que desafortunadamente son combatidas por las políticas gubernamentales que prevalecen.

Dichas tasas constituyen la única causa de la elevación en el nivel de vida de la gente. Si no somos racistas y nos damos cuenta que las causas no residen en el clima imperante ni en los recursos naturales (recordemos que África es el continente que exhibe la mayor dosis y que Japón es un cascote donde solo el veinte por ciento es habitable), podremos concluir que dichas tasas permiten incrementar salarios e ingresos en términos reales.

Si un pintor de brocha gorda de Angola se muda a Canadá percibirá un aumento en sus ingresos cuatro veces superior al que venía obteniendo. No es que el canadiense sea más generoso que el angolés, es que está obligado a abonar esos salarios debido a las tasas de inversión en su país. Es por ello que en lugares donde las aludidas tasas son elevadas, en general no existe tal cosa como "servicio doméstico". No es que el ama de casa estadounidense no le gustaría contar con ese servicio, es que, salvo contadas excepciones, no lo pueden afrontar.

Llama la atención que el Papa se refiera a la compasión del modo en que lo hace, puesto que, precisamente, aquella contradicción en términos denominada "Estado Benefactor" es lo que no solo ha arruinado especialmente a los más necesitados y provocado la consecuente y creciente exclusión, sino que se ha degradado la noción de caridad que, como es sabido, remite a la entrega voluntaria de recursos propios y no el recurrir a la tercera persona del plural para echar mano compulsivamente al fruto del trabajo ajeno.

En resumen, los valores y principios de una sociedad abierta no matan, lo que aniquila es el estatismo vigente desde hace ya mucho tiempo. Es importante citar el mandamiento de "no matar", pero debe también recordarse los que se refieren a "no robar" y "no codiciar los bienes ajenos". En este sentido, estimo de una peligrosidad inusual el consejo papal basado en una cita de San Juan Crisóstomo cuando escribe el Papa: "animo a los expertos financieros y a los gobernantes de los países a considerar las palabras de un sabio de la antigüedad: 'No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos'".

¿Ese es el consejo agresivo al derecho de propiedad que el actual pontífice les tramite a los líderes políticos del momento? ¿No es suficiente el descalabro que vive el mundo por desconocer los valores de la libertad? ¿Está invitando a que se usurpen las riquezas del Vaticano o solo se refiere a las de quienes están fuera de sus muros y la han adquirido lícitamente?

A continuación el Papa escribe que "Hoy en muchas partes se reclama mayor seguridad. Pero hasta que no se reviertan la exclusión y la inequidad dentro de una sociedad y entre los distintos pueblos será imposible erradicar la violencia. Se acusa de la violencia a los pobres y a los pueblos pobres pero, sin igualdad de oportunidades, las diversas formas de agresión y de guerra encontrarán un caldo de cultivo que tarde o temprano provocará su explosión.  […] Esto no sucede solamente porque la inequidad provoca la reacción violenta de los excluidos del sistema, sino porque el sistema social y económico es injusto en su raíz".

Debe precisarse, por un lado, que en una sociedad libre la desigualdad de rentas y patrimonios es inexorable consecuencia de las compras y abstenciones de comprar que lleva a cabo la gente en los supermercados y equivalentes en la medida que considere lo satisface o no el empresario en cuestión. El comerciante que acierta obtiene beneficios y el que yerra incurre en quebrantos. Por otra parte, las desigualdades fruto del privilegio significan un asalto al fruto del trabajo ajeno por parte de ladrones de guante blanco a través de bailouts y otros fraudes con el apoyo de instituciones nefastas como el FMI, del mismo modo que ocurre con los gobernantes que roban al contribuyente para abrir cuentas numeradas en países más civilizados al efecto de poder salvar su patrimonio mal habido que surge de las políticas irresponsables que ellos mismos ejecutan.

Pero lo que resulta más preocupante es que, puesto todo en contexto, el Papa parece estar insinuando una justificación a la violencia como reacción a lo que estima es el sistema competitivo, de mercados abiertos y del respeto a los derechos de propiedad.

También es pertinente apuntar que la llamada "igualdad de oportunidades" es incompatible con la igualdad ante la ley. Si un jugador de tennis mediocre jugara con un profesional y se pretende otorgarle al primero igualdad de oportunidades, habrá que, por ejemplo, maniatar al segundo con lo que se lesionaría su derecho. La cuestión es que todos mejoren sus oportunidades pero no igualarlas desde que cada uno es diferente, único e irrepetible. La igualdad es ante la ley, no mediante ella.

En definitiva, la sana preocupación por la pobreza no se resuelve intensificando las recetas estatistas y socializantes sino en aconsejar el establecimiento de marcos institucionales por el que se respeten los derechos de todos. Si se hiciera la alabanza de la pobreza material y no la evangélica referida al espíritu, la beneficencia quedaría excluida puesto que con ello se mejora la condición del receptor. Y si se dice que la Iglesia es de los pobres, debería dedicarse a los ricos puesto que los pobres estarían salvados. Además, todos somos ricos o pobres según con quien nos comparemos.

Desde luego que repugna y alarma sobremanera el observar la miseria en la que muchos viven, pero es urgente comprender que esa situación es consecuencia de los permanentes ataques al progreso que infringen los gobiernos que, en lugar de limitarse a garantizar derechos destruyen las posibilidades de elevar la condición de tanta gente herida en su dignidad a través de inflaciones monetarias, presiones fiscales inauditas y tremendos bloqueos a los arreglos contractuales pacíficos que no lesionan derechos de terceros.

En la medida en que esas políticas empobrecedoras no han tenido lugar, en esa media es que se ha permitido mejorar la situación de miseria en cuanto a la producción de alimentos, de medicamentos, de educación, de vivienda y tantas otras manifestaciones de progreso que sacaron a nuestros ancestros de la condición original de las cavernas y la miseria que no se logra por arte de magia sino con trabajo, ahorro y perseverancia en el sistema de la libertad que incentiva la creatividad y el respeto al prójimo.

En esta línea argumental, es de gran importancia tener presente consideraciones bíblicas sobre pobreza y riqueza material para constatar el significado de estos términos en el contexto de los valores morales que deben primar sobre toda otra consideración, en concordancia con los dos mandamientos antes mencionados que hacen referencia a la trascendencia de la propiedad privada, lo cual es del todo armónico con los postulados de una sociedad abierta.

Así, en Deuteronomio (VIII, 18) "acuérdate que Yahveh tu Dios, es quien te da fuerza para que te proveas de riqueza". En 1 Timoteo (V,8) "si alguno no provee para los que son suyos, y especialmente para los que son miembros de su casa, ha repudiado la fe y es peor que una persona sin fe". En Mateo (V,3) "bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos" fustigando al que anteponga lo material al amor a Dios (amor a la Perfección), en otras palabras al que "no es rico a los ojos de Dios" (Lucas XII,21), lo cual aclara la Enciclopedia de la Biblia (con la dirección técnica de R. P. Sebastián Bartina y R. P. Alejandro Díaz Macho bajo la supervisión del Arzobispo de Barcelona): "fuerzan a interpretar las bienaventuranzas de los pobres de espíritu, en sentido moral de renuncia y desprendimiento"  y que "la clara fórmula de Mateo —bienaventurados los pobres de espíritu— da a entender que ricos o pobres, lo que han de hacer es despojarse interiormente de toda riqueza" (tomo VI, pgs. 240-241). En Proverbios (11-18) "quien confía en su riqueza, ese caerá". En Salmos (62-11) "a las riquezas, cuando aumenten, no apeguéis el corazón". Este es también el sentido de la parábola del joven rico (Marcos, X, 24-25) ya que "nadie puede servir a dos señores" (Mateo, VI, 24).

Se que el Papa está imbuido de las mejores intenciones, pero las intenciones y la bondad de la persona —como es el caso— no son relevantes, lo importante son las políticas que se llevan a cabo. En este cuadro de situación, por último, es de interés tener presente lo estipulado por la Comisión Teológica Internacional de la Santa Sede que consignó el 30 de junio de 1977 en su Declaración sobre la promoción humana y la salvación cristiana que "De por sí, la teología es incapaz de deducir de sus principios específicos normas concretas de acción política; del mismo modo, el teólogo no está habilitado para resolver con sus propias luces los debates fundamentales en materia social […] Las teorías sociológicas se reducen de hecho a simples conjeturas y no es raro que contengan elementos ideológicos, explícitos o implícitos, fundados sobre presupuestos filosóficos discutibles o sobre una errónea concepción antropológica. Tal es el caso, por ejemplo, de una notable parte de los análisis inspirados por el marxismo y leninismo […] Si se recurre a análisis de este género, ellos no adquieren suplemento alguno de certeza por el hecho de que una teología los inserte en la trama de sus enunciados".

Los fanáticos que siempre dicen amén a todo son cómplices del problema, puesto que como ha dicho el actual Papa refiriéndose a los cortesanos: "son la lepra de la Iglesia". Si fuera por ellos —salvando las distancias— todavía estaríamos con los Borgia.


Alberto Benegas Lynch es académico asociado del Cato Institute y presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Argentina.

Comentarios [ 27 ]

Imagen de Anónimo

Hay un dicho que dice que “la Cabra siempre tira para el monte”, CAM y sus seguidores no acaban de comprender que la actual situación de Cuba y de los cubanos, no es entre el socialismo vs capitalismo, ni tampoco entre comunismo vs neoliberalismo, la cuestión es entre DICTADURA MILITAR\TOTALITARISMO\CASTRISMO vs DEMOCRACIA. Si realmente CAM es un democrata, en vez de denigrar, difamar y demonizar al Papa Francisco debería usar sus inflencias, si es que la tiene, para que el Vaticano abogue ante el castrismo y la Iglesia Cubana para que se inicien reformas politicas que conduzcan a la democracia de Cuba, COMENTARIO de Esopo.

Imagen de Anónimo

CAM, al castrismo le quedan días. Le quedan los días que ellos mismos han prefijado. Se están asegurando de no dejar nada con pie. Se lo están cargando todo. Cuando todo esto pase y la historia nos pase la factura, a personajes como tu, los cubanos de a pie no tendrán que agradecer nada. A personajes como tu le debemos el castrismo. Como le debemos el chavismo, el orteguiSmo, el evismo, el correismo. Ustedes, la reacción, los reaccionarios son la verdadera causa de tantos males.  Tu si acaso representas a los batistianos y representas a la reacción. Retirate y cede la palabra! 

Imagen de César Rodríguez

Parece que Robin Hood era socialista y no lo sabía. Pero cuando los pobres dilapidan todo lo que le robaron a los ricos, al ser incapaces de crear nada, solo de consumir bienes robados, tienen que permitir de nuevo que un grupo vuelva a crear riquezas, para que luego venga otro Robin Hood (a veces calvo, a veces barbudo, siempre pirata) y vuelva a insitar el defalco y así sucesivamente, per secula seculorum. Nada que .."El vivo vive del bobo y el bobo de la bobería"......

Imagen de Anónimo

Es penoso ver como un tipo como Montaner en su vejez expone al publico su declinacion mental. No es otra cosa que un archireacionario disfrazado de liberal. Como escritor, aparte de sus novelitas de relajo, es una pluma tarifada. Y ahora resulta que hay que tenerle lastima porque los castristas hablan mal de el. Pobre hombre.

Imagen de Anónimo

Le creere lo que dice Francisco cuando entrege al pueblo las riquezas del Vaticano y haga una iglesia pobre para los pobres.  Mientras el viva en el vaticano y esten bajo su tutela los billones de dollares del banco del baticano, que no paga impuestos,  no le creo nada de lo que diga.  

Imagen de Anónimo

La derecha neoliberal esta cundia de miedo, panico y terror.  Hace rato que la mayoria de los latinoamericanos, que de tontos no tienen un pelo, concluyeron que el neoliberalismo es una doctrina creada para la explotacion de aquellos Perfectos Idotas que todavia creen en ella, algunos de ellos gracias al famoso Manual CAMerino.Pero aun quedan unos cuantos creyentes: en Chile, Colombia, Peru y Mexico, y algunos paises cetroamericanos. Ahora se aparece el Papa, con la credibilidad que se ha ganado y parece estar dispuesto con sus declaraciones a clavarle el ultimo clavo al feretro neoliberalista para que lo acaben de enterrar.Ergo, Montaner y otros estan tocando las campanas y la corneta, llamando a todas las tropas a presentar contraargumentos tout de suite antes que rellenen el hueco.Buena suerte, jijijiji.

Imagen de Anónimo

Solo los que de clase media para arriba estarian de acuerdo con carlos alberto.  El papa no usa lenguaje llano apra complacer a la plebe. de hehco la plebe esta muy ocupada buscando trabajo o trabajando 2 o 3 partFrancisco habla claro para que uds, ricachoncitos de papi que no entienden la contradiccion en la escencia del capitalismo, no salgan con palabreria barata pero con  cunnos de oro.

Dada esta contradiccion escencia, el libre mercado y le neoliberalismo no solo crean pobres cada vez maspobres; sino que aceleranlas crisis  y el fin. Asiq ue deberian agradecer que alguine les ponga una curita.

Imagen de Anónimo

Excelente análisis y felicitación por tan brillantes reflexiones Carlos Alberto.

Anónimo preséntate con nombre y apellido o es que te rebasa la cobardía?

Imagen de R Carlos

(cont...)El núcleo del pensamiento de Cristo era conservador, no revolucionario o populista. Jesucristo nunca dejo que usaran su poder de convocatoria para tratar de cambiar a ningún gobierno. Él sabía que no valía la pena, porque los gobiernos al fin y al cabo, son el reflejo de los pueblos sobre los que gobiernan. Como buen conservador, toda la doctrina de Jesucristo es un llamado a la responsabilidad individual. Como amante de la libertad del ser humano, Jesús no creyó en ningún gobierno, ni legislación, ni obligación exterior para encausar la tarea de auto superación a la que están llamados todos los seres humanos inteligentes. Jesús sabía que esta era una tarea individual de cada ser humano. 

Imagen de R Carlos

(cont...)La demanda de arreglar el mundo desde arriba, los alivia de tener que comportarse civilizadamente con los demás, por lo menos hasta que el mundo que ellos ansían no quede arreglado como es debido por un gobierno “justo”.  Aunque Jesucristo tuvo planteamientos populistas,  el núcleo de su  doctrina era comprometer a los seres humanos individuales a que se arreglasen a sí mismos primero, como única vía  para llegar después a un mundo mejor. Como todas las personas que tienen dos dedos de frente,  Jesucristo comprendió que el verdadero desafío que tienen los seres humanos inteligentes no es cambiar el mundo para su beneficio, sino cambiarse a sí mismos para entender y aceptar al mundo y a las demás personas.  Cuando Jesucristo dice “al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”, está diciendo básicamente que el ser humano tiene un compromiso consigo mismo que no depende de ningún gobierno o régimen.