¿Derechos Humanos o fundamentalismo? (II)

La Siria alawita

En la actual crisis, EEUU y Europa han enarbolado el imperativo moral para la intervención, sin fijarse en que apoyan los objetivos de los radicales sunitas.

¿Derechos humanos o fundamentalismo? (I): El entorno árabe. De la Grange: al Assad, el mal menor

¿Qué significa esta crisis en Siria? ¿Cuál es su carácter? ¿Cuáles son sus orígenes y sus expresiones? ¿Y qué clase de desenlaces podría esperar el mundo islámico para salir de ella?

Siria, a diferencia de los países árabes que escenificaron la Primavera Árabe, es una marmita de etnias con el potencial de "libanizarse" o "iraquizarse" si el actual régimen alawita es destronado.

Es muy prematuro asumir como indisoluble la actual partición en naciones árabes de este parche de terreno enclavado entre los Montes Taurus y los arenales de la Arabia, que antiguamente se apellidó la Gran Siria, y que por dos milenios estuvo uncida al carro de guerra de romanos, bizantinos, árabes, mamelucos, selyúcidas y otomanos, y del cual dejaron testimonios estupendos las audaces exploradoras inglesas Gertrude Bell y Freya Stark. 

En la antigüedad, Siria era el nombre genérico de la región comprendida entre la península de Anatolia, Turquía y el desierto de Sinaí. Es una comarca atiborrada de templos griegos, anfiteatros romanos, castillos de cruzados e imponentes arquitecturas árabes antiguas. La urbe de Alepo al norte y a orillas del legendario Éufrates, es la Hal-pa-pa de los textos de Ebla que datan 5.000 años; es la segunda ciudad de Siria y una de las más viejas del planeta; destruida por la Horda Dorada de Hulagú en 1260 y por Tamerlán, el cojo de hierro, en 1400.

El dominio de ese territorio fue objetivo constante de las antiguas civilizaciones, desde los faraones egipcios, que lo consideraban el corredor para sus carros de guerra, hasta los persas, que le veían como puente hacia el anhelado imperio universal. En la parte central de sus costas se desarrolló la civilización fenicia, entre los siglos XII y VII a. C.; aquella sociedad de marinos y comerciantes sin aspiraciones de expansión territorial, ni siquiera de unificarse bajo un Estado, pero cuyas independientes metrópolis crearon la primera economía mercantil del planeta.

La rivalidad colonial anglo-francesa echó a perder lo único que tenía sentido para ese paraje, la Gran Siria, que dividieron en seis entidades. El turco Kemal Atatürk recuperó un trozo del norte; los secretarios coloniales británicos dibujaron caprichosamente en un mapamundi los mandatos de Palestina, Transjordania e Iraq; y los franceses convirtieron su zona en Siria y Líbano. La parte que conservó el nombre de "Siria", está separada de Turquía por el arco de triunfo romano de Bab-al-Hawa, La Puerta del Viento de Basra.

Musulmanes 'heréticos' 

Pese a que el territorio ha sido cortado por todos sus costados, Siria —como el Líbano— es una cazuela de sectas, cofradías religiosas e intereses tribales parroquiales, rivales unos de otros y, peor aún, cada uno con su localización geográfica específica que la hace una versión levantina de los Balcanes.

Con sus baazares multinacionales (árabes, turcos, armenios, kurdos), Alepo es la entrada hacia la meseta turca de Anatolia, y conserva más vínculos históricos con el norte, con Mosul y Bagdad (ambos ahora en Iraq), que con el resto del territorio. En medio del país se halla el espacio musulmán sunnita de Hama, Homs y Damasco, donde se ha incubado la rebelde oposición.

La región austral está ocupada por la comunidad islámica de los drusos, denigrados por los árabes. Hacia el poniente montañoso, y contiguo al Líbano, está el núcleo de los alawitas, otra secta cuasi islámica que se haría del poder con Hafiz Al-Assad y su actual heredero Bashir Al-Assad.

Tanto la minoría étnica de los drusos como la de los alawitas son los remanentes de una ola de shiísmo procedente de Persia y Mesopotamia que hace un milenio se esparció por sobre la Gran Siria. Pero los alawitas no practican el shiísmo clásico de los iraníes y yemenitas. Ellos son, acaso, la rama con más afinidad cultural a los temibles asirios de la Antigüedad. Los alawitas conceptúan que antes del nacimiento los humanos eran estrellas, y por eso adoran a la Luna y al Sol, y beben vino en sus rituales que tienen mucho del paganismo fenicio y del cristianismo, como las navidades, el domingo de ramos, pan y vino en las ceremonias.

A mitad de camino entre el Islam, el cristianismo y las antiguas religiones mesopotámicas, los alawitas se consideran musulmanes, pero el resto del mundo islámico los califica de heréticos, entre otras razones por su creencia en la divinidad de Alí, el primo del profeta Mahoma. Así, desde el siglo IX su historia ha sido la de una facción mística islámica menospreciada por sus primos religiosos, sentimiento acrecentado por el velo de misterio con el cual cubren el coro central de su credo.

Además, los alawitas han resistido el espíritu de hostilidad y fanatismo que anima a la religión islámica contra todo aquello que no sea islámico, perpetuado en el Corán y las Suras e inserto en el corazón de los fieles; al punto que durante el Imperio Otomano a los alawitas no les era permitido testificar en las cortes.

No les quedó más remedio que refugiarse en el secularismo turco y en la sombrilla preventiva que ofrecía el multi-etnicismo de la Gran Siria, para escudarse del fundamentalismo de los islámicos sunnitas. De la minoría alawita —y de los drusos—, reclutaban fusileros y burócratas tanto los visires otomanos como los colonialistas franceses, granjeándose el rencor que aún perdura en los árabes sunitas de Damasco.

Cuando Francia dominaba en la Siria como resultado de la Primera Guerra Mundial, los alawitas rehusaron verse insertos en una nación sunita y reclamaron en vano a las autoridades parisinas que les permitiesen crear un pequeño Estado en la orilla mediterránea. Al ser rechazados, esta vez lejos de sufrir como minoría subyugada en una comarca dominado por los musulmanes sunitas, conquistaron el país y transformaron al resto de los musulmanes entonces en ciudadanos de segunda clase.

El clan Assad

Los alawitas abrazaron el baasismo, un corpus doctrinario inspirado por el nacional-socialismo alemán de la década 1930, que cobró ímpetu entre los árabes de Damasco, Bagdad, Beirut y Palestina. El baasismo concluyó como una pose intelectual que infló el racismo a los árabes sunitas contra los cristianos y judíos y que parió los regímenes dictatoriales en Siria e Iraq, e influyó en los militares egipcios que derrocaron al rey Farouk, y en los oficiales yemenitas que establecieron la república norteña de Sanaá, en los años 1960.

La aspiración de su clase política, incluyendo al clan Assad, ha sido el empeño de rediseñar todas las fronteras improvisadas por los europeos para restaurar la añorada Gran Siria. Pero, por ser esta Siria más pequeña que la anterior de los turcos es que no dispone de atractivos políticos para la unificación de todo el Levante.

En noviembre de 1970, el general Hafiz Al-Assad, el padre de Bashir, asumió el poder e inició un movimiento de renovación, introduciendo reformas en las estructuras económicas y sociales. Hafiz Al-Assad fundó una brutal policía política que serían los dedos de su puño de hierro y el del actual Bashar Al-Assad. Estas fuerzas de seguridad constituidas por alawitas, kurdos y drusos —que mezclan el Islam con elementos gnósticos— permanecen totalmente leales a la dinastía Assad.

Siria participó activamente en las guerras árabe-israelíes de 1967 y 1973, durante las cuales los tanques israelíes aplastaron sus ejércitos y ocuparon la meseta del Golán. También integró con Argelia, Yemen y la OLP, el llamado Frente de la Firmeza, opuesto a la política estadounidense sobre Palestina y a los acuerdos de Camp David. Sus tropas formaron parte también de la Fuerza Árabe de Disuasión que en 1976 intervino para supuestamente evitar una partición del Líbano.

Pero eso no fue óbice para que Siria alentase el terrorismo internacional. Así, utiliza a los shiítas en el sur libanés para hostigar a Israel, y ejerce control sobre Hizbullah en el valle libanés del Bekaá, a la vez que ha facilitado inteligencia, dinero y el tráfico internacional a organizaciones tipo Al-Qaeda.

La repentina muerte de Hafiz Al-Assad hundió al país en duelo por el único gobernante que conociera la mayoría de los sirios. Prontamente, se realizaron las maniobras pertinentes para designar al único hijo con vida del occiso, Bashar Al-Assad quien, luego de haber sido nombrado comandante de las fuerzas armadas se proclamó como nuevo presidente.

Esta dinastía baasista de los Assad de Siria, con su dudoso credo islámico, ha perdurado más que cualquier otra no sólo porque fuese brutal, sino porque ha sido sagaz. Para ellos sólo existen agentes y enemigos, y para mantener el poder utilizan todo el arsenal letal que ofrece la tecnología de guerra y de espionaje.

La base de su hegemonía ha sido la alianza entre su ejército y su seguridad con la élite económica del país. Aunque esta clase de comerciantes y pequeños capitalistas irónicamente está integrada por familias sunitas al igual que por acomodadas familias de armenios y de cristianos ortodoxos, concentradas en las importantes ciudades de la Siria occidental, en el corredor de Damasco a Alepo.

Inicialmente, esta clase económica se mantenía distante de la crisis política y la contienda civil, pero al irse incrementando la misma y adquiriendo la oposición un componente fundamentalista, ella se ha pasado radicalmente al bando de Assad, algunos por supervivencia —druzos, kurdos y cristianos—, otros por una mejor opción, como los opulentos comerciantes sunitas.

Bajo la bota alawita el movimiento fundamentalista sirio optaría por la semi-clandestinidad, mientras el régimen ilegalizaba la internet y los teléfonos móviles. A pesar de que el clan alawita en el poder construyó numerosas mezquitas, como un medio para aplacar a los fundamentalistas sunitas, cuyas aspiraciones por un Estado islámico fueron ahogadas sangrientamente, la represión de los Assad ha sido tan feroz que el señalado opositor clérigo sunita Adnan Anour, tras exiliarse en Arabia Saudita, proclamó que cuando los verdaderos musulmanes arrebataran el poder a los alawitas, violadores de los sagrado en el Islam, les esperaba ser descuartizados para alimentar a los perros.

Decisiones desacertadas

Por tanto, la situación interna de Siria es muy compleja. La población es mayoritariamente sunnita, sub-urbana y rural, identificada por sus atavismos tribales. Las crecientes dificultades económicas en las pasadas tres décadas acuíferos han provocado el malestar y la impopularidad del régimen en las áreas no urbanas, sobre todo al fracasar los experimentos de agricultura estatalizada, especialmente el cultivo algodonero. 

La juventud desencantada ante la inseguridad económica ha despoblado el interior en busca de mejores horizontes, apiñándose en los suburbios de las urbes en el occidente de Siria. Muchos se enlistan en el ejército y en las fuerzas de seguridad que se hallan dislocadas en las fronteras, otros se han sumado a los bandos rebeldes opositores armados.

Al regir la vida económica y la sociedad, cada turbulencia intestina pone de inmediato en crisis a la estructura alawita, y ello se ha patentizado en la ola de protestas masivas que ha sacudido toda la región en 2011. Sin dudas, a las demandas violentas y rebeldías armadas que tienen lugar, se agregan las decisiones políticas (muchas de ellas desacertadas) que siguen asumiendo tanto los "enemigos", como Estados Unidos, la Unión Europea, como los "aliados" Rusia, Irán y China, las cuales complejizan aún más todo este escenario.

En la actual crisis, Estados Unidos y Europa han enarbolado el imperativo moral para la intervención, sin fijarse en que apoyan objetivos no-sirios, en particular los propósitos que buscan los radicales sunnitas, quienes responden a los gobiernos de Turquía y Qatar. La estación televisiva Al-Jazeera, ubicada en Qatar, se ha destacado por su sistemática campaña de oposición a Bashar Al-Assad en toda la región, en contraste con la opinión pública siria que en su mayoría se halla a su favor.

Una encuesta llevada a cabo por la prestigiosa firma californiana YouGov, a principio del año, arrojó que el 55% de los sirios rechaza a los rebeldes armados y no quiere que Bashar al-Assad dimita como presidente, en contraste con los árabes encuestados en otros países de Medio Oriente, quienes votaron en un 81% por su renuncia. Asimismo, el 68% de los sirios rechaza todas las sanciones, incluyendo las de la Liga Árabe.

Es una verdad que la Siria de los Assad es una entidad política congelada en el tiempo, en la cual cualquier tratado de paz entre Israel y Palestina, aparte de atraer las consabidas bandas de turistas cazadores de monumentos, atenta contra la supremacía alawita sobre su sociedad; de ahí la ferocidad con que Bashar ha reaccionado ante los pedidos de renovación y reformas políticas hechos por los sunitas.

Esta dirigencia alawita se halla aterrorizada ante la perspectiva de un cambio a lo Mubarak o Gadafi, pues la caída del régimen de Bashar implicará, para ese 12% alawita, verse expuesto a la aniquilación, no sólo por lo de "mahometanos infieles", sino también en revancha por haber construido y apuntalado un monstruoso sistema político represivo.

Y no sólo la suerte de los alawitas es la que se halla en juego, sino también la de otras minorías como cristianos, kurdos y drusos, a los que también les esperaría una represión atroz.

En realidad, ante la ausencia de mecanismos de sucesión en el poder en todo el orbe islámico, la balanza puede inclinarse hacia los fundamentalistas, o a los exmilitares sunnitas con sed de venganza. Y, esto, resulta una contradicción en términos, y todo lo contrario a lo que se busca. Uno de los contextos más plausibles y que poco a poco se configura es que el remedio puede ser "tan peor" como la enfermedad.

Comentarios [ 11 ]

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La guerra en Siria es obra de EEUU.Es el escalon por el camino hacia el petroleo.Mientras haya caos mejor! Pero cuando lleguen a Iran veremos...Algunos pronostican la 3 guerra mundial ya que el objetivo es ahislar a Rusia y liberarse de la deuda externa.

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Benemelis aquí en Brasil a los libaneses y sirios lo llaman turcos porque la primera gran emigración fue a finales del siglo 19 y principio del 20, llegaron con pasaporte turco, en ese tiemp o ese trretirio estaba ocupado por el imperio Otomano, mi papá que era libanes llego a Cuba en el la decada del 20 con un pasaporte frances que era la metrpoli que gobernaba ese territorio entonces, a nosotros nos lllamaban moros, erroneamente en alución a los arabes que ocuparon a España, por más de 800 años, que provenian del Norte Africano, papa decia que el era sirio de Monte Libano. Despues de la segunda guerra mundial,Gaulle, le dió la independencia a ese territorio que se convitió en dos republicas Siria y el Líbano entoces fue que papá empesó a coger conciencia de que él era libanes y nosotros los piñones de moros que teniamos una patria ancestral cubierta por cedros, El Libano, COMENTARIO de Esopo

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Anónimo 12:59 am, recuerdo que el central Australia estaba en Matanzas, así como el central España Republicana, pero no recuerdo en qué provincia está el central Londres. ¿Las Tunas o Guantánamo?

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Anonimo de las 11:38

Disculpa por el error ortográfico, un dedo mal puesto en dos teclas juntas, pero bueno, eso se perdona cuando el español no es mi lengua materna, sino el inglés de Londres no el de Miami 

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A quien escribio este Articulo, Juan F. Benemelis!!! estubo Ud. en la Galera 8 en La Cabana en 1963???

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Cuidado a quien tu ayudas, puede ser, que quien venga sea mucho peor, que quien esta, ese es el Fanguero en que USA cae muy a menudo!!! Siempre he dicho, el que usa el Corazon para pensar, esta Frito!!!! EL CORAZON, SIENTE Y LA MENTE PIENSA Y HACE LAS DECISIONES, quien invierta estos terminos, se Jodio!!!

Artemisa Consultant Inc!!!

El mismo de Generacion Y!!!

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Gracias por tan buena explicación.Recien entiendo el complicado meollo del dilema.

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La verdad es que yo entiendo mucho de sunitas, chiitas, mamelucos y toddas esas tribus; lo unico que se es que hay que tener cuidado, nada mas por criticar o burlarte de lo que ellos creen te la arrancan sin miramientos, los cubaniches somos diferentes nos cagamos en Dios, Fidel y hasta en la madre de los otros y de un par de trompones no pasa la cosa. Aunque los negrones del Blas Roca a cambio de una jabita los mandan de Respuesta Rapida contra las Damas de Blanco y se me parecen un poco a los cabeza de culero.

El Mongo

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Benemelis, tu artículo es bien informativo, instructivo y educativo, pero nuestra, fehacientemente, que el problema sirio es mucho más complejo de los que muchos han pensado y accionado hasta el momento. Muy significativa la encuesta de YouGov, Cito:”a principio del año, arrojó que el 55% de los sirios rechaza a los rebeldes armados y no quiere que Bashar al-Assad dimita como presidente, en contraste con los árabes encuestados en otros países de Medio Oriente, quienes votaron en un 81% por su renuncia. Asimismo, el 68% de los sirios rechaza todas las sanciones, incluyendo las de la Liga Árabe. Por los resultados de la encuesta  se puede inferir que hay que procurar una solución al conflicto en correspondencia con lo los anhelos de los sirios y no con las aspiraciones de esos otros países del Medio Oriente por obvias razones . Ha sido muy acertado que DDC te haya incluido entre sus colaboradores, COMENTARIO de Esopo.

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Anónimo 10:32, banal es tu ortografía. 

Felicidades a DDC por este trabajo del sr. Benemelis, a quien felicito encarecidamente.