Miércoles, 23 de Agosto de 2017
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Colombia

La paz a cualquier precio

No cabe la menor duda de que la mayoría de los colombianos anhela la paz y sueña con el fin de la violencia política que azota el país desde mediados del siglo pasado. Y sin embargo, no hay consenso sobre la conveniencia y el enfoque de las negociaciones que empezaron hace exactamente un año en Cuba entre el gobierno de Bogotá y los guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Los resultados no están a la altura de las esperanzas que albergaba el presidente Juan Manuel Santos cuando anunció el inicio del diálogo. En un año las partes han logrado apenas dos acuerdos parciales sobre la cuestión agraria y la participación de las FARC en política cuando termine su desmovilización. Quedan por negociar los puntos más difíciles, sobre todo la responsabilidad penal de los guerrilleros acusados de crímenes de lesa humanidad.

La sociedad colombiana rechaza el repugnante trueque que proponen las FARC: la paz a cambio de una amplia amnistía. La guerrilla no tendría que responder por la toma de rehenes, los actos terroristas contra civiles o el reclutamiento de menores que ha practicado a gran escala durante décadas. Los dirigentes guerrilleros han dejado claro que no se someterán a ningún juicio y no pisarán la cárcel bajo ningún concepto. Además de un agravio para las víctimas, semejante impunidad sería una violación del derecho internacional.

Las encuestas revelan una profunda desconfianza de los colombianos hacia las negociaciones de La Habana, lo que ha erosionado la popularidad del presidente Santos. Después de marear la perdiz durante meses en cuanto a su decisión de presentarse a un segundo mandato presidencial —habrá elecciones en mayo de 2014—, Santos ha anunciado finalmente lo que todo el mundo sospechaba: será candidato a su propia sucesión, como se lo permite la modificación constitucional introducida en 2004.

El mandatario quiere "terminar la tarea" y parece convencido de que la paz está cerca. "Cuando se ve la luz al final del túnel, no se da marcha atrás", ha dicho, para justificar su decisión de continuar las negociaciones con las FARC. Sin embargo, tendrá que ganar primero las elecciones. No será fácil, ya que su antecesor, el carismático Álvaro Uribe, se opone al diálogo con la guerrilla y presentará un candidato contra el actual mandatario, que fue su ministro de Defensa. Después de una colaboración de varios años en la lucha contra la subversión, los dos hombres están ahora enfrentados.

Cuando le entregó la banda presidencial en 2010, Uribe estaba convencido de que Santos seguiría con su política de "seguridad democrática", que había propinado unos golpes sin precedentes a la guerrilla. Pero Santos optó por otra vía, sin descuidar la presión militar sobre la guerrilla. Uribe no le ha perdonado esa "traición" y hará todo lo que pueda para impedir un acuerdo con un grupo que el propio gobierno colombiano y varios de sus aliados (Unión Europea, Estados Unidos) califican de "narcoterrorista".

Uribe rechaza cualquier comparación con los procesos de paz que se dieron en Centroamérica o en África del Sur, tal y como argumentan los partidarios del diálogo con las FARC. La diferencia, dice el exmandatario con mucha razón, estriba en el hecho de que en esos países los grupos armados luchaban contra dictaduras militares o contra un sistema racista aborrecible. En cambio, en Colombia, la guerrilla quiere derrocar a un gobierno democrático y, además, está implicada en el narcotráfico, que es su principal fuente de financiación.

En tiempo de Uribe, con Santos en Defensa, las FARC perdieron más de la mitad de sus tropas —muertos en combate y deserciones–, y la casi totalidad de su cúpula histórica falleció bajo los bombardeos terriblemente eficaces de la aviación. ¿Por qué apartarse de la estrategia de Uribe, que tan buenos resultados había dado? Además, la guerrilla había perdido gran parte de su legitimidad política y se estaba convirtiendo cada día más en una organización criminal dedicada al narcotráfico.

Los expertos coinciden en que no hay salida militar al conflicto. Y además entra en juego el factor humano: Santos quiere dejar su propia huella en los libros de historia, algo totalmente legítimo. Está en "busca y captura" del Nobel de la Paz, agregan sus enemigos, y lo quiere conseguir a cualquier precio, por pura vanidad. El presidente está a tiempo de desmentir a sus críticos si, con la legitimidad de un segundo mandato, endurece el tono hacia las FARC y aumenta aún más la presión militar. Solo así podrá obligarlas a dejar las armas sin contrapartidas políticas o judiciales, más allá de la reinserción de los desmovilizados en la vida civil. Entonces sí, se merecería un Nobel de la paz. Soñemos.

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Comentarios [ 6 ]

Imagen de Anónimo

Las FARC fueron a negociar por sugerencia del genio macabro Fidel Castro  hace unos años, al ver que estaban derrotados, los instruyo a dar ese paso. En el peor de los escenarios, si son perdonados y se presentan en campaña politica con el apoyo logistico de la mas poderosa maquinaria demagogica del mundo ( La de los Castro) entonces ganarian y seria el fin de Colombia, le pasaria lo mismo que a Cuba y Venezuela, quedaria mas destruida y dividida que durante la duracion del conflicto. Que dios te proteja Colombia de la amenaza de la bestia roja!

Imagen de javier monzon velazques

El mejor remedio para la enfermedad que sufre Colombia es que gane el candidato uribista, y Santos se vaya para su casa. Por tal de reelegirse, Santos es capaz de aceptar las condiciones de impunidad que exigen los narcoguerilleros, lo que seria un escarnio para las victimas de mas de medio siglo de secuestros, asesinatos, torturas y de ventas de drogas.

Imagen de Anónimo

Escucho hablar de paz, obviando los crímenes de quien sea, especialmente de las FARC, que incluso violan y secuestran para su ejército a jóvenes indefensos. Se imaginan, que los Estados Unidos hubiesen aceptado la paz sin condiciones con Japón durante la Segunda Guerra Mundial. Siendo atacados en Pearl Harbor, sin justificación. A algunos colombianos les hace ilusión la paz sin condiciones, pero entre ellos y hay muchos apoyos a Uribe. Celebran esa paz, como a los franceses la llegada de María Antonieta como reina de Francia en el siglo XVIII (y después terminaron por decapitarla y vilipendiarla públicamente). Las masas no siempre tienen la razón en sus acciones. Las acciones se consultan en las urnas en democracia y no se imponen por el deseo de una banda de asesinos. De todos modos, existen soluciones para acabar con las FARC, que son necesarias, porque es gente maleada que no va a renunciar a la extorción para preservar sus privilegios (se ve en las conversaciones). Candela al jarro, hasta que largue el fondo, eso es lo que tienen que hacer los colombianos con las FARC. Ya estaban acabando con su dirigencia y después a reeducar a todos los pobres infelices de su ejército, que como Sendero Luminoso en Perú, obligaron a seguirles por la fuerza. Las FARC (con apoyo de Cuba) es la iniciadora de todo este conflicto, no los paramilitares ni Uribe. 

Imagen de Anónimo

Un país que lleva mas de 50 años en guerra, una guerra degradada en la que no solo violan los derechos humanos los insurgentes sino tambien las fuerzas militares, tiene el derecho de buscar la paz, así el lider de esa busqueda sea un jugador de poquer como Santos. Y algun grado de impunidad habrá. Cada día mueren personas en esta guerra. Cada día el presupuesto del país se desangra. Contrario a lo que dices las encuestan demuestran que a los Colombianos les hace ilusión la paz, así no tengan muchas esperanzas de que se logre en las conversaciones de La Habana. De hecho la firma del punto 2 le dio un impulso inmediato al presidente. Para que se concrete un acuerdo todos tendran que ceder en algo: hablamos de negociación, no de rendición. Sea cual sea la negociación, las FARC tendran, entre otras cosas, que ponerle la cara a las víctimas y contribuir al esclarecimiento de la verdad sombre muchos hechos confusos sobre los que los familiares de las víctimas esperan (el asesinato de los diputados del Valle, por ejemplo). Uribe en cambio, no pasa de ser un politico inescrupuloso que ha hecho de la guerra su plataforma política,  un populista, digno alumno de Fidel Castro (aunque su discurso sea de derechas). Cualquier paz va a ser polima y cara. Cualquier continuación de la guerra será cara al país. Solo son entusiaasta de la guerra aquellos cuyos hijos no entran en combate.

Imagen de Anónimo

Si se pregunta a cualquier colombiano, si está de acuerdo con la política del expresidente Uribe, de inmediato todos le apoyan, y se muestran contrarios a los paños calientes de Pastrana o Santos con las FARC. En primer lugar, no me parece de recibo, que se admita a las FARC como fuerza política en un parlamento democrático sin pasar por las urnas, como quiere Santos y piden las FARC. Yo creo, que en honor a la justicia, a toda esa gente de las FARC hay que llevarla a los tribunales internacionales y juzgar a sus dirigentes por genocidio, para que resulte imparcial cualquier veredicto, puesto que han secuestrado o asesinado no sólo a colombianos, sino también a extranjeros, y por tanto sus delitos rebasan el marco colombiano, al actuar incluso en países fronterizos. Para evitar males mayores, los colombianos tienen que cortar el mal de raíz, o muy pronto la senadora y defensora de las FARC Piedad Córdoba se convertirá en otro Maduro (en alianza con Venezuela y ad-láteres). Los colombianos deben impidir un acuerdo de paz con las FARC y deben exterminarla por la fuerza (porque no tienen alternativa frente al comunismo de esa banda), después deben juzgarlos por crímenes y narcotráfico. De ese modo, preservarán su democracia los colombianos, atacada por Venezuela, Cuba, Bolivia y Ecuador de diversas maneras, países que buscan poner fin a las libertades en Colombia, para llevarles al comunismo.

Imagen de Anónimo

Bertrand, pienso que al Santos presentarse a un segundo mandato constituirá, más que la elección de un presidente, un plebiscito sobre la paz bajo las condiciones que tú has expresado, incluso de Santos ser elegido para un segundo mandato, ´el debate le dirá si la paz a toda costa no será un precio muy alto para la democracia y el futuro de Colombia, yo como suramericano, incluiría para este subcontinente, porque con la enfermedad chavista en Venezuela y la anomalía de los demás integrantes del Alba en esta área pienso que es suficiente, COMENTARIO de Esopo.