Miércoles, 21 de Noviembre de 2018
Última actualización: 12:47 CET
Argentina

Enigmas argentinos

El kirchnerismo ha muerto, ¡viva el peronismo! Gane o pierda el oficialismo en las contiendas electorales, siempre triunfa ese engendro amorfo que ha condenado a Argentina al fracaso permanente desde que el general Juan Domingo Perón ocupó, por primera vez, la presidencia de la República a mediados de los años 40 del siglo pasado.

Las elecciones legislativas del 27 de octubre —se trataba de renovar la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado— no han sido un éxito para el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Y no fue una sorpresa. Todas las encuestas habían anticipado que los electores aprovecharían esa oportunidad para expresar su malestar ante la inflación galopante (11,2% según el Gobierno, 25% según los expertos independientes), el control de divisas o la inseguridad.

Lo sorprendente, sin embargo, es la levedad del castigo que los argentinos han aplicado a un gobierno claramente incompetente en el campo económico y muy dado a la crispación política. La coalición dirigida por el Frente para la Victoria (FpV), que apoya a la presidenta Kirchner, ha conseguido el 33% de los votos y sigue siendo la principal agrupación política en las dos cámaras del Parlamento, donde conserva la mayoría absoluta.

Es cierto, la mandataria no ha obtenido los votos necesarios para forzar la reforma constitucional, que le hubiera permitido presentar su candidatura a un tercer periodo en la Casa Rosada. Sin embargo, esa opción parecía descartada desde que la presidenta tuvo que ser intervenida, a principios de octubre, por un hematoma craneal que la mantiene alejada de toda actividad política por el momento.

Algunos analistas matizan en la prensa argentina: no fue una derrota a nivel nacional para el kirchnerismo, pero sí lo fue en los cinco distritos electorales más importantes, entre ellos la provincia de Buenos Aires, considerada la llave para llegar a la Casa Rosada. Los conservadores liderados por Mauricio Macri, alcalde de la capital, los radicales y los socialistas obtuvieron buenos resultados en sus distritos respectivos, pero el verdadero ganador de esos comicios es un disidente del kirchnerismo, Sergio Massa.

Finalmente, todo queda dentro de la gran familia peronista. Massa trabajó en los años 90 con el presidente Carlos Menem, el peronista "neoliberal". Luego, fue un estrecho colaborador de Néstor Kirchner en la Casa Rosada, donde se quedó para dirigir el gabinete de la actual mandataria, en 2008 y 2009. Sin embargo, en junio pasado, Massa se alejó del kirchnerismo para fundar el Frente Renovador, el nuevo traje del peronismo supuestamente de oposición.

A sus 41 años, Massa se presenta como la cara fresca del peronismo, pese a su larga carrera dentro del aparato kirchnerista. Su buena gestión en la alcaldía de la ciudad de Tigre, al norte de la capital, fue su principal argumento de campaña, pero Massa debe su holgada victoria de la semana pasada —el 44% de los votos— al apoyo que le ha dado buena parte del peronismo de la provincia de Buenos Aires, la más poblada del país.

Se abre así la lucha por la candidatura a la elección presidencial de 2015, cuando Cristina Kirchner termine su periodo. Fuera del peronismo, las opciones parecen por el momento bastante limitadas. En cambio, dentro de la "familia", se vislumbra una feroz batalla entre varios políticos. Circulan los nombres del actual gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli, y de dos kirchneristas de hueso colorado, los gobernadores de Entre Ríos y Chaco, Sergio Urribarri y Jorge Capitanich. Y ahora aparece Sergio Massa, cuyo capital electoral consiste en desmarcarse de la actual mandataria.

Los peronistas nunca pagan por los desmanes de sus antecesores en el poder. Tienen una aptitud asombrosa para renacer bajo la batuta de otro líder. Y los argentinos demuestran una insólita capacidad de aguante ante la mediocridad de sus dirigentes. Según cómo les va y en función de la época, los peronistas son de derecha o de izquierda, liberales o fascistas, a favor o en contra de las nacionalizaciones. En los últimos 60 años, el peronismo se ha empeñado en copar todos los espacios en la vida política, sindical y universitaria del país.

Tenía razón Jorge Luis Borges cuando decía que "los peronistas no son ni buenos ni malos; son incorregibles". Solo que el escritor se quedó corto al limitar su diagnóstico a los peronistas, cuando hubiera podido extenderlo a esa mayoría de argentinos que tropiezan una y otra vez con la misma piedra y no logran sacar adelante a uno de los países del continente con más potencial económico e intelectual.

9 comentarios

Imagen de Anónimo

Carlos Delgado, Miami USAPara mi, nacido en Cuba y errante por el mundo desde el 1967, la sociedad politica de America Latina es una burunda, una basofia total. Nada buena saldra de lo que se creo en el 1492, con una explotacion brutal de un continente, por barbaros de la peninsula Iberica.Por ende, nada saldra que nos de paz y estabilidad permanente. Peronismo, chavismo, fidelismo, etc, es la misma enfermedad congenita que viaja por todos nuestros paises y que no tiene cura.Vivamos la vida y al carajo con lo demas.

Imagen de Anónimo

Aguante el de nosotros con sus articulos

Imagen de Anónimo

(cont.) A grandes rasgos esto explicaría el por qué no ocurre esa némesis en las urnas que el articulista parece reclamar: el peronismo no es izquierda o derecha, es ambas cosas, es Argentina, es el terreno fértil para la renovación generacional de su burguesía y es el guiño a la izquierda en forma de elemental estado de bienestar, formula un proyecto identitario de nación hecho a medida. No comparto el cliché de atribuirle como mal al kirchnerismo la crispación política (es de siempre), esta se genera en puntos críticos del debate democrático y se debe a una sociedad escindida y desbalanceda en su composición durante toda su historia. El argumento de relación entre mediocridad y voto es baladí, a escala global los gobernados han descubierto que sus gobernantes saben cada vez menos del asunto que les ocupa (entre otras tristes cuestiones) así como notan, por ejemplo, que los medios, independientes u oficiales, son portadores de ideología con intereses particulares. Vale preguntar por qué el ciudadano europeo tolera los excesos de sus improductivas monarquías, a la vez que le dicen sin pudor que el estado de bienestar es insostenible. De esas trampas salva el interés por entender y participar en la política.Detalles: Massa no es peronista, es una figura de ruptura, ya se verá de qué tipo; su gestión en Tigre ha sido inocua. Y Borges no es un buen ejemplo de sabiduría política.

Imagen de Anónimo

El bosquejo de definición de "peronismo" que suscribe es acertado, aunque si se reduce al plano de la acción política y no se identifica como construcción cultural, histórica, paradigmática y compleja, con raíces muy profundas en el imaginario social, entonces se llega inevitablemente a la perplejidad que el artículo plantea. El otro "enigma" de por qué los gobernados eligen cada vez opciones políticas que no les satisfacen y que han probado "ineficacia", tiene múltiples respuestas; algunas serían, el deseo mayoritario de preservar la institucionalidad en un país escenario de sucesivas dictaduras, de numerosos estados de excepción constitucional y probarse a sí mismos como nación capaz de construir un proyecto legítimo de estado de derecho; la despolitización gradual de la sociedad argentina (muy a tono con lo global) que tuvo su punto álgido en los 90's y que la crisis de 2001 recondujo hacia la militancia, sin lograr convocar plenamente al ciudadano a la cosa pública: la política; que la administración que tanta queja provoca ha extendido un armado político territorial efectivo, con más puntos en común al peronismo (esa pasión nacional) que cualquier otra fuerza precedente, dígase lo que se diga, no ha sido una administración del todo ineficaz (poco ha impactado a nivel social la crisis de 2008 en Argentina) y ha tenido, por mériro o azar, el aval de gobernar en una etapa de visible restauración económica.(cont.)

Imagen de javier monzon velazques

El peronismo es un snobismo. Un nombre en el que cabe cualquier cosa, como se dice en el articulo: casi desde la extrema izquierda, hasta la extrema derecha.  Que hizo Peron; cuales fueron los logros de sus gobiernos?... Evita fue una populista gritona que pedia castigos para los opositores en el mejor estilo de los mitines de repudio en Cuba. Y de alla para aca, el colofon ha sido Cristina, ladrona convicta del erario publico, y artifice de negocios fraudulentos que la han convertido en la mujer mas rica de la Argentina. Y todavia el peronismo sigue al bate;  crealo o no lo crea. 

Imagen de Anónimo

    El argentino es peculiar en todos los terrenos, y hasta ellos lo reconocen. En el fondo, a la política también la tratan como a tantas otras cosas, por eso sobrevienen las ilusiones perdidas al cabo del tiempo. Muchos de ellos ven la realidad y no quieren creer que sea del modo que se presenta. La política y la vida, para la mayoría de ellos, es como un teatro en el que los protagonistas escogidos acaban sucumbiendo a sus errores y defectos. Ahí tienen a Cristina tremendamente histriónica en todo y para todo, la propia Evita Perón fue actriz y Mennem no se resignaba a perder la pose de actor del modo que fuese, incluso en el quirófano. A veces me parecen como una nación sin los pies en su tierra, al tener muchos de ellos la cabeza en Europa y los sueños en Palermo... Malas selecciones en varios terrenos, y ahí están los resultados.

Imagen de Anónimo

massa no es peronista.

Imagen de Anónimo

Como argentino no peronista, le diré que el análisis es extremadamente breve pero cierto. Lo que agregaría es que es un partido político que muta constantemente, de derecha a izquierda (incluso con sus mismos líderes) y que da pocas explicaciones a su electorado, que los vota más por una cuestión más personalista que ideológica.Y otra cosa muy importante: los dirigentes saben como dividir y acallar a la oposición, y cuando no son gobierno luchan de las formas más diversas para conseguirlo.No por nada Chávez en su última etapa nombró tanto al Gral. Perón. Encontró un mecanismo más o menos legal de perdurar en el poder en base al mando de tropa y sindicalistas, con fuerte condimento populista.

Imagen de Anónimo

Es cierto el planteamiento, pero no es problema argentino. Es -casi ya- un síndrome latinoamericano. El Lapón Libre.

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