Jueves, 14 de Diciembre de 2017
20:02 CET.
Turquía

De Tahrir a Taksim

¿Se repite en Turquía el escenario egipcio de la plaza Tahrir, donde la oposición se congregó durante meses hasta conseguir la caída, en 2011, del viejo régimen militar de Hosni Mubarak y abrir el camino a una victoria electoral de los Hermanos Musulmanes? Solo que a la inversa: en Estambul, los manifestantes de la plaza Taksim rechazan el autoritarismo de un primer ministro islamista, Recep Tayyip Erdogan, y exigen el regreso a los principios del Estado laico fundado por el general Kemal Atatürk en los años veinte del siglo pasado.

No se puede hablar por el momento de una "primavera" como la que llegó al mundo árabe a finales de 2010. A diferencia de los dictadores defenestrados en Túnez, Egipto o Libia, Erdogan ha llegado al poder en 2002 por la vía democrática y puede alardear de un balance económico solvente, con un crecimiento anual promedio de más del 5% en la última década. Además, su país es candidato a la Unión Europea.

Sin embargo, la brutalidad de la represión contra los disconformes recuerda los métodos de la policía egipcia o tunecina y ha tenido los mismos efectos contraproducentes: ha dado alas a la oposición ciudadana en apenas dos semanas de protesta, que se ha extendido al resto del país, y ha dañado la imagen del gobierno turco en el exterior.

Todo empezó el 28 de mayo con una pequeña manifestación de apenas 50 personas, acampadas en el parque Gezi, adyacente a la gigantesca plaza Taksim. Los activistas querían impedir la destrucción de una de las últimas zonas verdes del centro de Estambul, que ha crecido a un ritmo frenético durante las últimas décadas (menos de 3 millones de habitantes en 1980, 14 millones hoy). En su lugar, las autoridades municipales han autorizado un proyecto inmobiliario que incluye, entre otras cosas, un centro comercial.

La población no fue consultada, como tampoco lo fue para otras obras de gran calado, que incluyen la construcción de un tercer puente sobre el Bósforo. Así gobierna Erdogan. Sus tres victorias electorales y su gran popularidad le parecen un motivo suficiente para no tomar en cuenta a las minorías, sobre todo las que critican su alianza con unos empresarios voraces, muchos de ellos originarios de Anatolia, la parte asiática de Turquía, donde el primer ministro cuenta con mucho apoyo.

Esta vez las cosas no le han salido bien. Después de cinco muertos, decenas de heridos graves y cientos de detenidos, un tribunal ha ordenado la suspensión temporal de la destrucción del parque y Erdogan ha hecho dos concesiones: se ha reunido con varios representantes de la Plataforma de Solidaridad por Taksim y ha anunciado un referéndum sobre el proyecto de centro comercial. Sin embargo, mantiene el mismo talante poco conciliador, al calificar a los activistas de "vagos" manipulados por "extremistas" y "terroristas". Y sigue pensando que Turquía es víctima de una conspiración externa con la complicidad de la prensa internacional.

Aquí está la paradoja. Erdogan no se aplica a sí mismo la medicina que recetó con mucha insistencia a los dictadores árabes para que dialogaran con la oposición y buscaran una salida negociada a los conflictos. Si no fuera por la intensa cobertura mediática —la prensa nacional ha tardado mucho en publicar información sobre los acontecimientos de Taksim— y por la candidatura de Estambul a los Juegos Olímpicos de 2020, el primer ministro hubiera ordenado desalojar sin miramientos a los manifestantes.

Por primera vez en sus diez años en el poder, el líder del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP, en sus siglas en turco) ha tenido que dar un paso al costado. A lo largo de sus tres mandatos, Erdogan ha logrado meter en cintura a las Fuerzas Armadas, principal poder fáctico desde la época de Atatürk. En cambio, no ha podido con unos pocos activistas que han sabido expresar el hartazgo de la clase media urbana ante sus métodos autoritarios y su intransigencia.

Si miles de turcos de todas tendencias políticas han hecho acto de presencia en la plaza Taksim con sus familias, no fue sólo por solidaridad con las víctimas de la represión. Fue también porque querían expresar su rechazo a una serie de medidas tomadas unilateralmente por el gobierno de Erdogan, sobre todo las que limitan la libertad de la prensa y el acceso a internet, la censura de la televisión, las restricciones al consumo de alcohol o el apoyo a los rebeldes sirios contra la dictadura de Bashar el Assad.

Cuando el AKP ganó las elecciones de 2011 con casi el 50% de los votos, Erdogan se comprometió solemnemente a que "los derechos del ciudadano [serían] siempre lo primero". Los ciudadanos acaban de recordárselo. ¡Y de qué manera!

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Comentarios [ 3 ]

Imagen de Anónimo

Bertrand, quería agregar que está previsto en el proyecto del Shopping aledaño a la Plaza Taksim, que el edificio central será una arquitectura que se asemeja una construcción típica del Imperio Otomano, eso muestra lo que he dicho en otras ocasiones que los sueños se desvanecen pero las ideas persisten. En estos momentos el primer ministro turco es un musulmán al igual que el presidente, aunque el presidente tiene poderes limitados él debe tener la potestad suprema de disolver el parlamento en periodos de crisis y convocar elecciones, por lo que Erdogán se debe sentir con carta blanca para continuar con sus desmanes. Otra cuestión es que Erdogan, no puede aspirar a otro mandato como primer ministro y está tratando de introducir una ley constitucional para aumentar los poderes del presidente para en los próximos comicios aspirar a ese puesto con la intención de convertirse en un Putin turco, COMENTARIO de Esopo.

Imagen de Anónimo

En todo el mundo normal, incluso el árabe y hasta en China, la gente se levanta y protesta. Los cubanos somos la raza mas arrastrada y cobarde de letrinoamérica donde la dignidad es bandera solo de las mujeres, que son quienes tienen los pantalones y le plantan cara al monstruo, y de algunos pocos hombre, todos emprisionados, torturados, golpeados por la dictadura. Sea para ellas y ellos todo mi respecto.

Imagen de Anónimo

Bertrant muy buen análisis, solo quería enfatizar que los manifestante representan a las minorías turcas contra la gran mayoría musulmana, que se hacen llamar los hijos de Mustafá Kemal Atatürk, donde incluso la constitución autoriza a las fuerzas armadas a tomar el poder si peligran los derechos de las minorías, aplastada por la gran mayoría musulmana, actualmente según he leído de 10 generales hay dos en precisión para evitar un golpe de estado. Si todo esto está pasando en Turquía, miembro de la OTAN, candidata a la UE, con una constitución que garantiza los derechos de las minorías sopona de un golpe de estado, que pasará en Siria con las minorías si los Integristas Islámicos se hacen del poder con el apoyo directo de Arabia Sauditas y Emiratos Árabes por un lado, Turquía y los Hermanos Musulmanes por el otro, con el apoyo y la anuencia de occidente y para colmo con la participación de Al Qaida, COMENTERIO de Esopo.