Lunes, 11 de Diciembre de 2017
10:25 CET.
Opinión

El castrismo de la CEPAL

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En más de una ocasión, las burocracias de la ONU han dado muestra de falta de espíritu crítico hacia regímenes antidemocráticos. Durante el largo periodo de la Guerra Fría, no era leyendo los informes de la ONU que uno podía enterarse del desastre económico soviético ni de las vicisitudes de los pueblos de Europa Oriental. Esos informes no solían contradecir las altas tasas de crecimiento económico ni los avances en materia social que los regímenes comunistas pretendían exhibir.

Con la ayuda de esas distorsiones estadísticas, el socialismo y la planificación estatal parecían ser un contrincante viable de la economía de mercado auspiciada por el liberalismo y la social democracia, lo que inducía a ciertas agencias de la ONU a concebir y proponer políticas económicas opuestas al juego de las fuerzas del mercado.

En esa concepción estatista de la economía llegó a descollar la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). En los años 60 del siglo pasado, aquella agencia de la ONU aconsejaba a los países de la región erigir barreras proteccionistas a fin de cerrar el mercado a los artículos manufacturados provenientes del exterior y así promover la industrialización a través de la sustitución de importaciones.

Aquella estrategia no estuvo a la altura de las expectativas y resultó ser mucho menos eficaz que la política de promoción de exportaciones, más acorde con las leyes del mercado, adoptada en esa época por países del Extremo Oriente tales como Hong Kong, Corea del Sur, Singapur y Taiwán.

Muchos países latinoamericanos decidieron finalmente echar por la borda las recetas proteccionistas de la Cepal, abriendo sus economías al mercado mundial y adoptando políticas similares a las del sudeste asiático. Es por esto que un número cada vez mayor de esos países (con Brasil, Chile y Perú a la cabeza) compiten hoy con éxito en la economía globalizada.

Era de esperarse, pues, que la Cepal abandonara de una vez por todas sus atavismos estatistas. Sin embargo, a juzgar por los grandilocuentes elogios al sistema económico castrista formulados por su actual secretaria ejecutiva, Alicia Bárcena, tal no parece ser el caso.

En efecto, en una visita a La Habana efectuada recientemente, la Sra. Bárcena declaró que Cuba "ha dejado atrás" a muchos países de América Latina en el "cambio estructural" que propone la Cepal.

Hay que tener un gran tupé, o vivir en otro planeta, para presentar como modelo a una inoperante economía cubana que se mantiene con vida tan solo por los barriles de petróleo venezolano que le transfiere Hugo Chávez.

Ni siquiera los hermanos Castro osan formular declaraciones tan divorciadas de la realidad. Recordemos que a fines del 2010 Fidel tuvo que admitir que "el socialismo no funciona ni siquiera en Cuba", mientras Raúl advertía que la economía cubana se encuentra "al borde de un precipicio". Y no son los inocuos "reajustes" decretados por Raúl lo que podría modificar tan siniestro panorama.

El simple hecho de que un régimen fallido como el castrista pueda servir como ejemplo de "cambio estructural" pone en entredicho el tipo de reforma que en estos tiempos está propugnando la Cepal. Si es Cuba el país que está a la vanguardia de la implementación del "cambio estructural", no hay que ser adivino para predecir que las políticas propuestas actualmente por la Cepal tendrán la misma aciaga suerte que el proteccionismo de ayer.

Ésta no es la primera vez que la actual Secretaria ejecutiva de la Cepal se deshace en ditirambos a la gloria del régimen de los hermanos Castro. En febrero del año pasado, la misma Sra. Bárcena dictaminó que la América Latina tenía "mucho que aprender" de Cuba en materia de igualdad.

La igualdad en Cuba loada por la Sra. Bárcena no deja de ser un mito tan manipulado por el régimen como desmentido por la realidad.

A este respecto, cabe mencionar que tras realizar una encuesta independiente sobre el racismo en Cuba, la BBC concluyó que "los negros tienen inferiores puestos de trabajo, reciben menos ingresos, viven en las peores viviendas y son mayoría en las cárceles y una minoría en las universidades". El Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial de las Naciones Unidas mostró a su vez preocupación por la alta proporción de afrodescendientes en las cárceles cubanas (80-90% de la población reclusa).

La discriminación afecta igualmente al género femenino y a la juventud, como queda patente en la estructura del Buró Político del Partido Comunista, máxima instancia del poder en Cuba. Entre los 15 miembros que componen el Buró se cuenta una sola mujer, en tanto que la edad promedio de sus integrantes es de 68 años.

Si, como da a entender la secretaria ejecutiva de la Cepal, los resultados del castrismo son tan encomiables, no estaría de más formular la siguiente pregunta: ¿por qué el régimen cubano no permite partidos opositores, elecciones libres y una prensa independiente para así obtener el aval del pueblo cubano, único juez habilitado para pronunciar sentencias en la materia?

Coincidiendo con sus rimbombantes declaraciones en favor del sistema castrista, la Sra. Bárcena fue condecorada recientemente por la Universidad de La Habana. Para algunos ese galardón es un premio merecido; para otros, no es más que la recompensa a una complicidad.

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