Jueves, 18 de Enero de 2018
20:56 CET.
Opinión

Un pacto por España

Haría bien España en inspirarse en el Pacto por México, firmado el pasado diciembre por los principales partidos a partir de una agenda consensuada que prioriza el interés nacional. La sociedad española, agobiada por una crisis económica sin precedentes, se siente traicionada por sus dirigentes políticos. Ni la izquierda ni la derecha, actualmente en el poder, han logrado frenar el desplome del nivel de vida y el crecimiento imparable del desempleo, el mayor de la Unión Europea. Y para colmo, los escándalos de corrupción se multiplican y salpican a las más altas autoridades del Estado, Familia Real incluida.

La tradicional tolerancia de los españoles hacia la corrupción se está acabando. Hasta hace poco, nadie se quejaba del dinero "negro" que aceitaba la economía familiar. Evadir el impuesto era parte de la picaresca nacional. Todos se beneficiaban y consumían como nuevos ricos. Al menguar el pastel de la prosperidad en los últimos cuatro años, sobre todo con el hundimiento de la industria del ladrillo —España ha construido más casas que cualquier otro país europeo—, se ha cerrado el grifo del dinero fácil. No para todos, sin embargo.

Algunos han sacado provecho de la crisis, como esos altos funcionarios de la Junta de Andalucía, gobernada por los socialistas desde 1980, que han tenido que responder ante los tribunales por el uso fraudulento de cientos de millones de euros de fondos públicos destinados a quienes han perdido su trabajo. El llamado "escándalo de los ERE" (expedientes de regulación de empleo) es el mayor caso de corrupción por el momento, pero no es el que más alboroto ha provocado.

El premio a la indignación social se lo está llevando la otra gran organización política del país, el Partido Popular (PP, conservador), que ganó con holgura las elecciones de noviembre de 2011. El extesorero del PP, Luis Bárcenas, se ha convertido en las últimas semanas en el hombre más odiado de España. Quizá también en el más temido por sus antiguos amigos, entre los cuales figura el propio presidente del Gobierno, Mariano Rajoy.

A sus 55 años, Bárcenas no quiere terminar con sus huesos en una cárcel. Y para evitarlo, ese andaluz con físico de boxeador y pinta de galán de telenovela ha encendido un ventilador que esparce nombres y amenazas en la prensa. Todo empezó con un artículo publicado el 18 de enero en portada de El Mundo, que tiene una línea editorial cercana al gobierno del PP. Según ese periódico, Luis Bárcenas amagaba con revelar los detalles de la supuesta financiación ilegal de su partido si no se le garantizaba su exculpación de los cargos que se le imputan en un caso de corrupción anterior, la trama Gürtel. El extesorero del partido haría públicos los nombres de los altos cargos del PP que habían recibido sobresueldos en dinero negro. Los fondos utilizados provenían de comisiones cobradas a empresas, sobre todo constructoras, a cambio de contratos públicos.

No hubo que esperar mucho tiempo para que Bárcenas soltara sus "bombas atómicas", según la expresión que le fue atribuida por El Mundo. Unos días después de la advertencia, El País tomaba el relevo y publicaba en portada "Los papeles secretos de Bárcenas", 14 páginas extraídas, al parecer, de los cuadernos de apuntes contables del extesorero. Allí estaban los nombres de lo más granado de la cúpula del PP, incluyendo a Rajoy, todos supuestos beneficiarios de sobresueldos pagados en metálico. Era la llamada "contabilidad B", la que no se declara a Hacienda.

No se sabe aún si esas notas manuscritas reflejan hechos reales o si son una fabricación del propio Bárcenas para chantajear al presidente Rajoy o para disfrazar su propio enriquecimiento sospechoso. El extesorero no es un prodigio de honestidad, como lo demuestra la ocultación en Suiza de una cuenta personal de 22 millones de euros, cuyo origen está bajo investigación. Auténticas o no, las hojas publicadas han desatado un verdadero terremoto político. El efecto ha sido devastador para el PP y el Gobierno, que se han limitado a responder con la publicación de la declaración de la renta de Rajoy y con los balances contables del partido. Como era de esperarse, esa respuesta tibia no ha convencido a nadie.

Los españoles esperan algo más de sus dirigentes para reconciliarse con una clase política que parece haber perdido la brújula y no conecta con la ciudadanía. Quizá ha llegado el momento de renovar esos Pactos de la Moncloa que crearon, en 1977, el consenso para conducir una transición ejemplar hacia la democracia después de la dictadura franquista. Para salir de la crisis económica y moral que la corroe, para no hundirse más en el desánimo y la depresión, la sociedad española haría bien en aparcar sus odios cainitas y resucitar el espíritu de la Moncloa.

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