Viernes, 19 de Enero de 2018
22:18 CET.
Venezuela

Finales reescritos

Uno de los aportes más siniestros del socialismo real a la Historia de la humanidad es la invención de vidas falsas. Y la alteración de las fechas y las circunstancias de la muerte, tanto de hombres y mujeres sencillos y anónimos, como de los jefes totalitarios, también obligados a despedirse del mundo, si al partido le hacía falta, con una frase redactada en el laboratorio de propaganda.

En la vida pasaba de todo como está escrito, pero lo que trascendía y se publicaba tenía que ser de utilidad al Estado y debía desinformar al enemigo. Así es que en esa categoría de desgracias destinadas a ser secretos cabían desde la represión y los crímenes contra los opositores, hasta los accidentes de tráfico, los actos de corrupción de la jerarquía y las infidelidades de las esposas y las amantes de los ministros.

Entre los casos más singulares de ese afán controlador hay que mencionar otra vez el del veterano Walter Ulbricht, máximo dirigente de la República Democrática Alemana (RDA) cuando murió en el verano de 1973. Falleció mientras se celebraba en Berlín un festival internacional de jóvenes comunistas de todo el mundo. El partido dio la noticia acompañada por una declaración del viejo estalinista que, enredado en su agonía, tuvo el tino de pedir que continuara el guateque revolucionario hasta los claros del almuerzo.

La voluntad de manipular la realidad y de presentarla como el destino en perfecta armonía con los planes de los políticos en el poder sigue vigente hoy en países como Cuba, Corea del Norte, Vietnam y China. Sin embargo, es Venezuela quien me trae a la memoria a Ulbricht con la muerte sentada en la cama y preocupado por la alegría de los jóvenes antiimperialistas que bebían marejadas de cerveza en las calles.

El vicepresidente Nicolás Maduro lo hace recordar porque, con un simple anuncio, le devuelve la salud a Hugo Chávez operado, muy grave, inconsciente y en reposo absoluto hasta unas horas antes. Lo pone a caminar, a hacer ejercicios y a dar órdenes sobre "temas vitales de la economía y del plan de la patria".

Maduro aprendió en La Habana. Y Chávez volvió enseguida a ser feliz y saludable porque Maduro y el partido lo necesitan.

 


Este texto apareció en El Mundo. Se publica con autorización del autor.

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