Domingo, 20 de Agosto de 2017
02:06 CEST.
Venezuela

Oraciones y piñata

En esta hora de confusión y sobresaltos, cuando el presidente Hugo Chávez está lejos y a la espera de que la muerte le dé razones sobre el famoso túnel resplandeciente, mucha gente en Venezuela se pregunta qué grado de intensidad tendrá la rebatiña entre los altos jefes por el dinero extraviado o escondido del petróleo de los venezolanos.

Hay una bronca pública aplazada por el sillón de Miraflores y por el poder político en la que participarán Elías Jaua, Adán Chávez y Diosdado Cabello, los herederos desahuciados por la selección de Nicolás Maduro, y el importante escuadrón de militares que se tapa los galones con trajes caros y ha guardado las gorras que cubren sus cabezas en forma de plato. Pero la confrontación por el dinero es subterránea.

La lucha por el control del país va a comenzar con los últimos padrenuestros y avemarías por el alma de Chávez. Esta otra guerra está en plena ebullición y es un combate silencioso de alto nivel profesional entre expertos formados en la rigurosa escuela del país más corrupto de América Latina.

Durante años se han denunciado en Venezuela miles de casos de corrupción de funcionarios, desde alcaldes, gobernadores y ministros hasta jefes de organismos estatales o tarugos y entusiastas animadores del socialismo del siglo XXI y de la eliminación de la pobreza. La de ellos en primer lugar.

Para el experto Gustavo Coronel una nueva y corrupta clase social actúa en Venezuela y está conformada por contratistas del Estado, familiares y amigos de los jefes, oficiales de las fuerzas armadas y miembros de la burocracia estatal.

Ese es el grupo que se bate sin banda sonora en los pasillos del palacio presidencial y en otros sitios en los que se manejan los dólares de la nación.

En estos días revueltos por el enigma de los movimientos sutiles de los corruptos se recuerda que la familia del presidente, donde hay verdaderos peritos en la materia, pasó de vivir en una casa que le entregó el gobierno de Raúl Leoni a los pobres y tener un pequeño pedazo de tierra, a poseer ahora unas 17 fincas con más de 45 mil hectáreas.

Chávez ha socializado y bendecido la corrupción a favor del populismo, de los parientes, los cómplices y los sirvientes. Ya, a estas alturas, debe saber que la riqueza y el poderío pueden ser un poco de aire puro y un minuto más.


Este artículo apareció en El Mundo. Se reproduce con autorización del autor.

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