Miércoles, 14 de Noviembre de 2018
Última actualización: 18:31 CET
Opinión

Adiós al embargo

Las evidencias señalan hacia el fin del embargo. Ellas bailan a la vista del más miope experto, por encima y por debajo —dentro— de intereses económicos y políticos capaces de derretir el más platinado escrúpulo humanístico.

Apuesto a que Obama podría celebrar las navidades de 2013 con ese punto a su haber, quizás —exagero, claro— hasta con una visita a la Nunciatura Apostólica de La Habana, de la mano del archbishop de Miami Thomas Wenski y del habanero Miguel H. Díaz, su embajador hasta hace unas semanas en el Vaticano, conocido profesor de teología, interlocutor en más de una conversación sobre "el caso Cuba", en Roma y en Washington.

Las piezas del muñeco apenas esperan el nuevo año para armarse, no sin ciertas dificultades. Solo un enorme imponderable retrasaría la función pragmática, arrolladora, a completarse —inexorablemente— antes de que en 2016 Obama termine su segundo período presidencial.

La Unión Europea acaba de dar pasos para desactivar la Posición Común (1996). Catherine Ashton, jefa de la diplomacia comunitaria, confirmó que los ministros europeos de Asuntos Exteriores acordaron "negociar un acuerdo de cooperación" con La Habana. El español del PP Gonzalo de Benito corrió a apoyar la flexibilización, ante —dijo— la "evolución positiva de Cuba".

En días recientes —alrededor del 19 de noviembre— el cardenal Jaime Ortega, a pocas horas de Bruselas —¿se daría un saltico para entrevistarse con algunos ministros?—, pronunció en la alemana universidad católica de Eichstätt, una conferencia sobre el papel de la Iglesia en el logro de una mejor convivencia social, entiéndase de su nuevo papel como único mediador interno reconocido por el gobierno.

El XI Seminario Internacional del Programa de Diálogo con Cuba de muchas maneras, no siempre explícitas, coincidió en la valoración de los cambios, sobre todo a partir de la visita de Benedicto XVI, de los consecuentes empujes —el Vaticano dicta lecciones en esto, como saben, por ejemplo, los polacos— para una transición pacífica.

No es casual que la revista católica Palabra Nueva salude las leyes que implementa el gobierno, desde las menos totalitarias para emigrar o visitar a familiares, y para los cubanos que vivimos fuera; hasta las autorizaciones a trabajos por cuenta propia, cooperativas, venta de casas, autos y demás medidas tendientes a parecernos —como antes de 1959— a la Nicaragua de Somoza…

Obama se anotará en 2013 un punto más a su estela de primer presidente negro de EE UU. Recibirá los aplausos casi unánimes de los gobiernos del planeta, porque según la última votación de noviembre en Naciones Unidas, 188 países votaron en contra del embargo y solo tres a favor.

También, desde luego, la acolmillada felicitación de Wall Street; de los estados productores de trigo, maíz, pollo, arroz…; de los consorcios turísticos e inversionistas inmobiliarios y mineros; de sectores industriales como el automotriz, el energético y el petrolero, según las pruebas vía satélite de que hay reservas explotables.

Además, por si fuera poco —dicen las encuestas—, cuenta con el apoyo de la mayoría que Ricardo Alarcón llama, desde su cumbre de hipocresía cariñosa: "comunidad cubana en el exterior". Los demócratas obtuvieron la victoria electoral en Florida, dieron a Obama los 29 electores y el triunfo a su partido en condados que eran feudos republicanos, añejados defensores del embargo.

A las evidencias precedentes —y otras aún especulativas—, se añaden un Obama en su último mandato, por lo que será más libre a partir del 20 de enero; la reactivación dinámica de la política hacia América Latina, algo descuidada en estos cuatro años, ante la competencia de Brasil; y un pequeño detalle: lograr lo que once administraciones sucesivas no han podido obtener.

Porque el adiós —no olvidarlo— es una decisión de Washington. De más nadie. Son sus intereses, aunque geopolíticamente compartamos propósitos y haberes, aunque Miami sea la segunda ciudad de Cuba por el número de habitantes y la primera por su prosperidad.

Le conviene a Estados Unidos. Nada más. Y sobre pequeños obstáculos a resolver de un plumazo, de un sonriente convenio —concesiones mutuas— donde no faltarán frases como derechos humanos, libertad, democracia, vínculos históricos, paz… Será fumar un Cohíba de la paz.

Buen augurio para los cubanos que pensamos que el embargo ha sido regalarle Goliat a David, justificar represiones y autoritarismos, perpetuar a los hoy vejestorios en el Poder absoluto y un etcétera que lo petrifica de casi tan obsoleto como los Castro, la Guerra Fría que lo enquistó y el comunismo disparatado que nos condujo al desastre como nación.

Pero ni pensar en que los no obnubilados por rencores o sueños idílicos sobre un levantamiento interno, ignoramos cuán duro será ese adiós al embargo, con las consecuentes eliminaciones de la ley de Ajuste Cubano, el ninguneo de la valiente oposición interna, el olvido de fusilados, encarcelados, suicidados, enloquecidos; tantas familias desgajadas y miserias del cada día…

¡Claro que será traumático!

La Administración Obama también lo sabe. Solo lo ignoran algunos ilusos, dignos de una novela de Balzac o de un cuento de Kafka. Porque después qué…

Después ya ha llegado, cada licencia que otorga el gobierno hace a Cuba menos socialista —como afirma Darmien Cave en el New York Times—, cada empresa mixta, cada arrendamiento, cada día que hace más viejos a los viejos dirigentes.

¿Pero cómo será el día después del fin del embargo y la normalización de relaciones entre Cuba y Estados Unidos? ¿Podrá aguantarse que los guerrilleros corruptos lo celebren como su triunfo? ¿A qué huele la capacidad de perdonar? ¿Qué metáfora puede hallarse entre reconciliación y cansancio, entre borrón y cuenta nueva?

Preguntas a la Esfinge, que no saldrán en el twitter de Benedicto XVI o en los caracoles de algún turi-babalawo, en los noticieros hispanos de la tele o en el Granma… Apenas en la mirada curiosa de algún jubilado que peleó en Playa Girón y ahora vende fosforeras rellenadas en la Calzada de Jesús del Monte. Apenas en algunos periodistas independientes, como Yoani Sánchez y su blog Generación Y. Apenas en las protestas de un Antonio Rodiles. A-penas…

Desde luego, como Cuba se halla bajo el manto papal, esperemos que en 2014, cuando finalmente nos acerquemos al status actual de Guatemala y Haití; cuando el "patriciado" criollo sean los Castro-Espín y demás nuevos ricos, ¡Dios nos coja confesados!

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