Domingo, 20 de Agosto de 2017
02:06 CEST.
Venezuela

Chávez traiciona a Bolívar

"Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo a un mismo ciudadano en el Poder. El Pueblo se acostumbra a obedecerle y él a mandarlo, de donde se originan la usurpación y la tiranía". La advertencia lanzada por Simón Bolívar el 15 de febrero de 1819 ante el Congreso de Angostura, donde presentó su proyecto de Constitución, cobra actualidad ahora que Hugo Chávez se prepara a ejercer su cuarto mandato presidencial en Venezuela. El ideario político del Libertador, rescatado oportunamente por las redes sociales, pone en evidencia a su autoproclamado heredero, que va camino de convertirse en un auténtico dictador, aunque sea por la vía electoral.

La oposición no discute la victoria de Chávez, que ha ganado con una diferencia de diez puntos sobre Henrique Capriles, el candidato de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), una amplia coalición de partidos de izquierda y de derecha. "Aquí no hubo fraude", dijo Capriles, que quiso parar en seco las protestas de algunos de sus partidarios, convencidos de que sí hubo manipulaciones electrónicas de las listas electorales. El líder de la oposición busca evitar "el radicalismo que tanto daño ha hecho a Venezuela" y, al mismo tiempo, mantener la dinámica actual en previsión de las elecciones para gobernadores estatales, el próximo 16 de diciembre. A pesar de la enorme diferencia de recursos a favor de los candidatos chavistas, que se benefician de toda la maquinaria del Estado, la MUD mantiene su apuesta por la vía electoral.

Ahora bien, ¿por qué ha ganado Chávez y, además, con una ventaja superior a la que pronosticaban las encuestas? Casi todos los analistas llegan a las mismas conclusiones. "Chávez sigue demostrando que nadie administra como él la esperanza de los pobres", dice Alberto Barrera, coautor de una excelente biografía del caudillo (Chávez, sin uniforme, Editorial Debate). Es un gran comunicador, populista y demagogo, que no duda en dirigirse directamente a "su" pueblo a través de cadenas televisivas obligatorias. El Gobierno dispone de recursos petroleros colosales para financiar programas sociales muy amplios. Las estadísticas oficiales muestran una reducción sustancial, en los últimos doce años, de la pobreza, de la desigualdad y de la mortalidad infantil. Y, como colofón, los chavistas sacan siempre a relucir la encuesta realizada en varios países por Gallup, que ubica a Venezuela como la sexta nación "más feliz del mundo", detrás de Dinamarca, Suecia, Canadá y Australia, y por delante de Estados Unidos.

Tanta felicidad puede sorprender en un país que figura entre los más violentos del planeta y donde la tasa de criminalidad se ha duplicado desde la llegada de Chávez al poder, en 1999. La violencia, que afecta sobre todo a la clase media y a los pobres, es el principal punto negro en el balance del Gobierno, además de la corrupción y del derroche de los recursos nacionales para financiar a los regímenes amigos, empezando por Cuba. ¿De qué sirve mejorar el nivel de vida de los pobres si el Estado es incapaz de garantizar el derecho a la vida? Sin embargo, los resultados electorales parecen indicar que la mayoría de los ciudadanos desconfían también de la oposición para luchar contra la criminalidad.

A pesar del avance espectacular conseguido por Capriles, si se compara con las tres elecciones presidenciales anteriores, la oposición sigue pagando el precio de los atropellos cometidos por los Gobiernos de los años 80 y 90. Después de la derrota del 7 de octubre, algunos opositores han llegado a la conclusión de que "con los votos no existe ni la más remota posibilidad de desplazar a Chávez del poder". A diferencia de otros países democráticos, como España, donde el socialista Felipe González también ganó cuatro elecciones consecutivas y gobernó durante 14 años, antes de ser derrotado en 1996 por el conservador José María Aznar, el caudillo bolivariano no parece dispuesto a permitir la alternancia en Venezuela. Sus amenazas —si no gano yo, habrá guerra civil—, sus transgresiones repetidas de la ley electoral y su desprecio por la oposición son síntomas claramente antidemocráticos.

Hay, pues, motivos para sospechar que Chávez y su entorno no están dispuestos a ceder el poder en caso de derrota. Para ellos, la oposición no existe porque no es el "pueblo", ese "pueblo bolivariano" que solo puede votar por los dirigentes actuales. Es sintomático que el caudillo usara siempre descalificaciones e insultos groseros a lo largo de la campaña electoral cuando hablaba de Capriles. Cuando éste se comunicó con él para felicitarle, entonces, "por primera vez", Chávez lo llamó por su apellido. Al discípulo de Bolívar le falta mucho camino por recorrer para subsanar ese déficit democrático.

Síguenos en Twitter, Facebook o Instagram. Si resides en Cuba, suscríbete a nuestro boletín con una selección de los contenidos más destacados del día. Si vives en cualquier otro punto del planeta, recibe en tu buzón de correos enlaces a lo más relevante del día.