Lunes, 21 de Agosto de 2017
17:49 CEST.
Venezuela: Elecciones

Chávez se encomienda a Dios

Después de una campaña electoral de infarto, los venezolanos decidirán hoy si rompen el contrato que les une desde 1999 a Hugo Chávez y a su "socialismo del siglo XXI". Las encuestas y el nerviosismo evidente de los chavistas indican que el candidato único de la oposición plural, Henrique Capriles, tiene una posibilidad real de llegar a la presidencia. Sería un verdadero terremoto, y no solo en Venezuela. Los cubanos, que reciben petróleo de Caracas en nombre de la solidaridad ideológica, están especialmente preocupados ante la eventual llegada al Palacio de Miraflores de un presidente hostil. Los otros países del eje bolivariano —Bolivia, Ecuador, Nicaragua— se verían también afectados, al perder el principal motor financiero del ALBA, la alianza económica común. Y las organizaciones revolucionarias, como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), ya no se beneficiarían de la protección venezolana.

En las últimas dos semanas de la campaña, a medida que subía la intención de voto a favor del candidato de la Mesa de Unidad Democrática (MUD), los militantes chavistas han incrementado su agresividad contra los simpatizantes de Capriles —tres de ellos fueron asesinados a balazos— y contra los enviados de la prensa internacional, acusados de "manipular" los hechos a favor de la oposición. El chavismo entró en pánico cuando el MUD congregó, la semana pasada, a cientos de miles de personas en la céntrica avenida Bolívar de Caracas, hasta ahora un bastión revolucionario vedado a la oposición. La respuesta llegó unos días después con una manifestación multitudinaria convocada para escuchar un discurso de Chávez. Para lograr el lleno completo, el Gobierno y las empresas públicas dieron día libre a sus empleados, muchos de ellos procedentes del interior del país. El viejo recurso de los acarreados, como solía hacer el PRI mexicano en su época hegemónica o como hicieron tanto Anastasio Somoza como los sandinistas, hasta que los nicaragüenses se hartaron y los echaron del poder.

A diferencia de sus partidarios y de su entorno más cercano, el propio Chávez no descarta del todo una victoria de su adversario. En un primer momento, lo dijo para movilizar a sus huestes y prepararlas para una "guerra civil". Sin embargo, suavizó el tono en un discurso pronunciado en su estado natal, Barinas, el 15 de septiembre. Con lágrimas en los ojos, el caudillo se dirigió ese día a Dios para que le diera la victoria el 7 de octubre. No era la primera vez que pedía un favor divino. Lo había hecho meses atrás cuando suplicó a Cristo que le protegiera contra el cáncer que amenazaba su vida.

"No me lleves todavía, me quedan cosas por hacer", dijo entonces. Chávez ha sobrevivido todo este tiempo, desmintiendo así los rumores que le daban apenas unos meses de vida. Pero ahora necesita otro milagro que le permita ganar su cuarta elección presidencial. Él mismo lo ve aún más difícil que la lucha contra la enfermedad, y parece dispuesto a aceptar que su deseo no se cumpla. "Si no fuera posible, de todas formas gracias Dios mío", dijo en esa plegaria del 15 de septiembre. Claro, no podía quedarse ahí y, para no desesperar a sus tropas, se dirigió a ellas en términos más beligerantes: "Vamos a seguir batallando. Desplegando rumbo hasta el 7 de octubre. […] Hasta la victoria siempre".

Quizá, el repentino talante democrático de Chávez, que contrasta con su agresividad habitual, se deba a su fragilidad emocional a raíz de las tres operaciones, realizadas en Cuba, para extirparle células malignas. En cualquier caso, se respira en Caracas el fin de una época. Y si el líder bolivariano logra finalmente la reelección, lo más probable es que su estado de salud le impida gobernar y que los venezolanos voten de nuevo dentro de unos meses para llevar a Capriles a la presidencia.

La muerte ronda las dos revoluciones agonizantes del continente, la castrista y la bolivariana. Al derrotar a Chávez con el voto, los electores contribuirán también a debilitar aún más al régimen de los hermanos Castro. Con ello, se abre por fin la puerta a otras opciones políticas, entre ellas la izquierda democrática, amordazada por los partidos totalitarios que están en el poder en La Habana y en Caracas. Habrá, quizá, algunos obstáculos más en el camino, pero cubanos y venezolanos aspiran a tener gobiernos "normales", como Brasil, Chile o México, de izquierda o de derecha según lo decidan los propios electores.

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