Viernes, 24 de Noviembre de 2017
01:52 CET.
Venezuela

Dios, lágrimas y guerra

Los 19 millones de venezolanos que deben de acudir a votar en las elecciones presidenciales del 7 de octubre están obligados a sobrevivir a los agobios de la vida cotidiana, sus problemas económicos y los peligros de la violencia generalizada, bajo la cantinela implacable de una campaña que despliega todo el poder del Estado para reelegir al presidente Hugo Chávez.

Una mirada al panorama interno de aquel país enseña que, en los últimos meses, con el uso de las cadenas obligatorias de radio y televisión (ha hecho 70 trasmisiones), el jefe del Gobierno amenaza un día con la guerra civil si pierde los comicios y, la semana siguiente, llora frente a la cámaras con un ataque de nostalgia.

Con la potestad presidencial de utilizar a voluntad la radio y la televisión y con la prensa independiente debilitada por 13 años de controles y persecuciones oficiales, Chávez ha descubierto una fórmula especial para orientar su discurso y tratar de mantenerse en el poder otro sexenio: se deja guiar por su estado de ánimo.

Nada de asesores y especialistas. Si está molesto porque se le informa de avances en la carrera de su opositor Enrique Capriles Radonski, le anuncia a la nación que su rival es un majunche (una copia desvaída) que solo podrá gobernar el territorio de Tarzán y de la mona Chita. "Eres un cochino", le dice a Capriles, "no te disfraces. Mientras más te empeñes en disfrazarte más te vas a conseguir conmigo. Te vamos a pulverizar candidato del Imperio".

Otro día entra en una crisis mística y aparece bonachón y reconciliador, más cerca del cielo que de la tierra. Asegura que es un católico convencido, un cristiano que entregó su vida a Cristo en el momento en que Fidel Castro le informó en Cuba de que estaba enfermo de cáncer. "Llegué a pensar que tendría que salirme de la política, pero estoy recuperado (...) Ahora mi vida está encomendada a Dios y al Pueblo".

La presencia de Hugo Chávez con sus salidas amenazadoras o surrealistas va aparejada de un maratón de encuestas contradictorias. Los datos de esas indagaciones y las dudas sobre la imparcialidad del Consejo Nacional Electoral (controlado por partidarios del chavismo) completan el clima que se vive en la antesala de las elecciones que pueden dejar a Chávez en el palacio de Miraflores. O abrir el proceso de cambios que propone el programa político de Capriles Radonski.

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