Domingo, 19 de Noviembre de 2017
15:54 CET.
Libia

Derrota islamista en Libia

"Libia sorprenderá al mundo", acaba de declarar el primer ministro Abderrahim El-Kib, que hablaba de las alentadoras perspectivas económicas para los inversionistas extranjeros. En realidad, la sorpresa ya se dio el 7 de julio, con las primeras elecciones libres desde la independencia, en 1952, cuando Italia tuvo que dejar su colonia norteafricana. Los islamistas esperaban beneficiarse de la ola que recorre el mundo árabe, pero se quedaron con las ganas. Arrasó la coalición formada por el más liberal de los candidatos, Mahmud Yibril.

Es una excelente noticia para los libios, que desmienten con sus votos los vaticinios siniestros de muchos observadores internacionales sobre los riesgos de una guerra civil o de una ruptura del país en dos o tres Estados. Desde la caída del régimen del coronel Muamar Gadafi, asesinado en octubre pasado, Libia ha entrado en una fase de inestabilidad preocupante. Por desconfianza, decenas de miles de milicianos que participaron en los combates contra las tropas del dictador no han querido entregar sus armas al Gobierno provisional. Y sin embargo, las elecciones se desarrollaron en paz —hubo algunos incidentes menores— y con una participación superior al 60%, lo que representa todo un éxito para un país que no tenía ninguna experiencia en ese campo.

Ahora, quizá, viene lo más difícil. Los Hermanos Musulmanes, que se presentaban bajo las siglas del Partido Justicia y Construcción (PJC), quieren impedir la formación de un Gobierno dirigido por el ganador de la votación, Mahmud Yibril. El líder del PJC, Mohamed Sawan, ha explicado que las credenciales religiosas de Yibril eran insuficientes "para asumir el control del país en tiempos tan difíciles, [cuando] es necesario reforzar la presencia del islam en todos los ámbitos". Sawan exige la formación de "un Gobierno que viva por el islam" y la redacción de una nueva Constitución basada en la ley islámica (la sharia), con el objetivo de "reeducar a la gente que no entiende el islam".

Antes de imponer su voluntad, el PJC tendrá que resolver un problema de aritmética. Según los resultados preliminares, Yibril y su Alianza de Fuerzas Nacionales (AFN), que reúne decenas de organizaciones de varias tendencias ideológicas, han conseguido 40 de los 80 escaños reservados a los partidos en el Congreso Nacional (Parlamento). Por su parte, el PJC se queda con 18 diputados apenas y pone ahora todas sus esperanzas en los 120 diputados independientes que hicieron campaña al margen de los partidos políticos, tal y como lo exigía la ley electoral. Nada permite pensar que esos nuevos parlamentarios tengan más afinidades con un bando o el otro, pero los islamistas intentan atraerles a su redil para conformar una mayoría en el Congreso y designar el nuevo Gobierno. Y, para lograrlo, no hay nada mejor que una campaña de descrédito contra Yibril, como la que están promoviendo.

Los islamistas están decididos a obtener por otra vía la victoria política que los electores les han negado. Los libios no han votado por el programa fundamentalista de los Hermanos Musulmanes, ni siquiera en los bastiones del radicalismo islamista, como la ciudad de Darna, donde la Alianza de Yibril consiguió muchos más votos que el PJC.

¿Por qué perdieron los islamistas? En primer lugar, porque no tienen el grado de organización de los Hermanos Musulmanes egipcios, que han obtenido votaciones espectaculares después de la destitución de Hosni Mubarak. Además, los islamistas libios están divididos en varias organizaciones que no se llevan bien entre ellas. Algunas tienen vínculos muy estrechos con Arabia Saudí y Qatar, que les financian generosamente. He aquí, quizá, el motivo principal del rechazo por parte de los libios, que están hartos de la intromisión permanente de esos dos países en sus asuntos internos.

En segundo lugar, los libios votaron por Yibril porque lo conocen. Este catedrático, que se formó en Egipto y EE UU, fue uno de los principales líderes del Consejo Nacional de Transición, el organismo que dirigió la lucha contra Gadafi. Demostró entonces su habilidad para movilizar el apoyo de la comunidad internacional contra el régimen del coronel. Y ahora sus compatriotas creen que es el hombre idóneo para construir un Estado de derecho y gestionar la inmensa riqueza petrolera de este país de apenas 6 millones de habitantes. Después de 42 años de dictadura, los libios no parecen dispuestos a someterse a un nuevo autoritarismo, ahora religioso.

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