Miércoles, 22 de Noviembre de 2017
12:27 CET.
México

El problema es el líder

Enrique Peña Nieto se equivoca cuando dice que Andrés Manuel López Obrador es un "mal perdedor" porque no acepta su derrota electoral. En realidad, el candidato de la izquierda está afectado por un síndrome mucho más pernicioso y, sin duda, incurable en su caso: tenemos aquí a un político que no cree lo más mínimo en la democracia electoral. Cuando el voto le favorece —fue electo jefe del gobierno del Distrito Federal en el año 2000—, no pasa nada. En caso contrario, López Obrador ha demostrado que no duda en recurrir a cualquier artimaña para descalificar la victoria de su contrincante. Lo hizo en 2006 contra Felipe Calderón y parece dispuesto a hacerlo de nuevo contra Peña Nieto, cueste lo que cueste al país y a la izquierda.

Malos perdedores hay muchos en política, pero no suelen atrincherarse en una rebelión contra las instituciones. Los hay en las democracias avanzadas pero, a mal tiempo buena cara, el candidato derrotado termina siempre reconociendo la victoria de su adversario. Y cuanto menos tarda en hacerlo, mejor para la salud de las instituciones. En mayo, Nicolás Sarkozy aceptó su derrota apenas unas horas después del cierre de las casillas, sobre la base de un conteo rápido que daba una ventaja de solo cuatro puntos a favor del candidato socialista. En cambio, con una diferencia de siete puntos en su detrimento, confirmada por un recuento oficial, López Obrador no se rinde casi una semana después de la votación.

Después de exigir un recuento "voto por voto" para corregir un supuesto "fraude masivo", el candidato de la izquierda y sus asesores han entendido que no lograrían nada por esa vía. Existe hoy en México un consenso muy amplio sobre el buen funcionamiento de la mecánica electoral, que ha permitido la alternancia política a partir del año 2000. Descartado el fraude, los dirigentes del Movimiento Progresista han optado por abrir otro frente, el de la "coacción de los electores" a través de la "compra de votos" y del trato desigual de los candidatos por las grandes televisoras.

Está claro que Peña Nieto era el favorito de los dos principales grupos de comunicación del país. ¿Es eso un motivo para anular la elección? No. Se puede lamentar que no haya más imparcialidad en esos medios pero, en cualquier caso, es imposible medir cuál es la influencia real de la televisión sobre el voto del ciudadano. En cuanto a la compra de votos, López Obrador se ha metido en un charco con sus acusaciones contra la campaña de Peña Nieto. No porque no sea cierto, sino porque el propio candidato de la izquierda no puede dar lecciones en este campo, como lo ha recordado en una declaración demoledora su antigua compañera de partido Rosario Robles.

"Cuando yo era jefa de Gobierno [del Distrito Federal] y Andrés Manuel candidato [en el año 2000] me pidió despensas, cientos de miles, para la campaña a la Jefatura de Gobierno; claro que no se las di", dijo la ex dirigente del PRD, que se sumó hace poco a la campaña de Peña Nieto. "En todas las campañas que le conozco, incluida ésta, en lugar de decir que esas prácticas son inaceptables y se deben erradicar de la vida pública, dice agarren lo que les den y voten por mí; alienta esa práctica", agregó.

López Obrador no ha logrado deshacerse de su pasado autoritario y ha tomado a la izquierda como rehén de su ambición mesiánica por llegar al poder como sea. Y la izquierda no ha tenido las agallas de deshacerse de un líder que le impide crecer y ganar por las buenas. El éxito extraordinario obtenido por el candidato del PRD a la jefatura del DF, Miguel Ángel Mancera, que ha conseguido el 63,5% de los votos, es el mejor antídoto contra el viejo liderazgo del tabasqueño. Es sintomático que López Obrador haya logrado mucho menos votos que Mancera el pasado 1 de julio en la Ciudad de México.

Solo la izquierda puede pararle los pies a un líder que ha perdido el rumbo y amenaza con someter el país a un nuevo chantaje sexenal, en un intento destructivo por desestabilizar al próximo gobierno. Y sería un gran servicio a México, cuya imagen en el exterior se ve de nuevo enlodada por la actuación de un puñado de irresponsables.

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