Lunes, 26 de Septiembre de 2016
02:28 CEST.
Egipto

La peste o el cólera

Los activistas egipcios están de pésame por el rumbo inesperado que ha tomado su revolución. Después de dieciséis meses de movilización en la plaza Tahrir y cientos de muertos, no han logrado conquistar espacios políticos en el nuevo parlamento. Peor aún, la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, el 16 y 17 de junio, se disputará entre dos candidatos que simbolizan el pasado. Los egipcios tendrán que escoger entre un islamista de los Hermanos Musulmanes y un militar del antiguo régimen, es decir, entre la peste y el cólera.

Así lo ve Mahmud Salem, uno de los activistas y blogueros más destacados de la primavera egipcia. "¿Por cuál de los dos vamos a votar?", se pregunta en el transcurso de un debate en la Casa Árabe de Madrid. "Algunos de mis amigos irían más por Ahmed Shafik (el militar) que por Mohamed Morsi (el islamista), solo para evitar que los Hermanos Musulmanes tengan el control de todas las instituciones. Los islamistas dominan ya las dos cámaras del Parlamento y, además, con una mayoría abultada". Mahmud lo tiene claro: no va a votar por ninguno de los dos, ni con la nariz tapada. Sin embargo, no se abstendrá tampoco. "Depositaré un voto nulo en la urna, porque no quiero que alguien use mi papeleta en mi lugar". Después de sesenta años de dictadura, con candidatos únicos y elecciones amañadas, no se puede esperar que el fraude desaparezca de un día para el otro.

El bloguero no comparte, sin embargo, el pesimismo de sus amigos de la plaza Tahrir, esa inmensa explanada en el corazón de El Cairo donde muchos acampan de nuevo para expresar sus frustraciones. "Hemos perdido la batalla electoral, es cierto, pero hemos logrado algo muy importante: hemos sacado del poder a Hosni Mubarak y hemos impedido que su hijo le sucediera, como lo tenían previsto". Y si Shafik, que fue el último primer ministro de Mubarak, gana finalmente la presidencia, ¿no sería un regreso a la situación anterior? "Más vale un enemigo conocido —ya sabemos cómo combatirlo— que un enemigo del cual no sabemos nada".

Shafik llegó detrás de Morsi en la primera vuelta (24% y 25% de los votos, res pectivamente), pero está en una posición mucho más cómoda para ganar las elecciones. El expiloto de la Fuerza Aérea, que combatió en las dos últimas guerras contra Israel (1967 y 1973), cuenta con el apoyo sin fisuras del aparato del Estado y de las fuerzas de seguridad. Sus mensajes van dirigidos en prioridad a esa mayoría silenciosa que no fue a votar en la primera vuelta —la abstención fue del 56% — y desea el regreso a la normalidad. Ofrece su larga experiencia de militar para acabar con el caos provocado por la revolución y enderezar una economía en plena crisis, en parte por la paralización de la potente industria turística.

El exprimer ministro de Mubarak tiene, además, el apoyo de las minorías religiosas, que están aterrorizadas ante la perspectiva de una victoria de los islamistas. Los cristianos coptos (10% del electorado) y los musulmanes sufíes (medio millón solo en la ciudad de Alejandría) son regularmente agredidos por los salafistas, que pertenecen a la rama más radical del islam. El principal líder espiritual sufí, Sheikh Gaber Kasem al-Kholy, no ha dudado en pronunciarse a favor de Shafik, "el mejor candidato para desarrollar un Estado democrático donde los coptos y los musulmanes tendrán los mismos derechos".

Los coptos, en cambio, son mucho más discretos, porque temen represalias, tanto de los islamistas como de los revolucionarios de la plaza Tahrir, que les tildan de "traidores" porque respaldaron en masa a Shafik en la primera vuelta. Según el bloguero Mahmud Salem, el 85% de los coptos habrían votado por el militar. "Es una decisión totalmente lógica y no se les puede criticar, porque son los que más han sufrido desde que empezó la revolución". Seis de sus iglesias han sido atacadas en 2011, mucho más que los años anteriores, y varios terroristas islamistas, que habían participado en atentados mortales, han sido liberados en los últimos meses.

En última instancia serán los electores musulmanes, no los coptos, los que decidirán cuál de los dos candidatos será el primer presidente electo democráticamente en Egipto. Los jóvenes de Tahrir tendrán cuatro años por delante para prepararse y escoger un candidato propio. Así se hacen las transiciones pacíficas.