Viernes, 30 de Septiembre de 2016
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Periodismo

Engaños

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Si el régimen sirio es realmente el responsable de la matanza de 116 civiles en la población de Hula, la semana pasada, ¿por qué la oposición sintió la necesidad de engañar a la prensa internacional con la entrega de una foto tomada nueve años antes en Irak? Varios medios cayeron en la trampa, empezando por la BBC, que rectificó solo cuando el autor de la foto, el italiano Marco Di Lauro, protestó airadamente. Quizá, entonces, no fueron las tropas de Bashar el Assad, o no solo ellas, quienes mataron a esos civiles desarmados, entre los cuales figuraban 49 niños.

Las mismas interrogantes surgen a propósito del secuestro del periodista francés Roméo Langlois por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). ¿Por qué esa guerrilla, que siempre ha sometido a sus rehenes a todo tipo de vejaciones, trató con tanta exquisitez al corresponsal del canal de televisión France24? Llegó, incluso, a regalarle una cámara de video para que filmara su propia liberación en una aldea remota del sur del país, donde lo fue a buscar una delegación internacional. ¿Podría haber sido un secuestro acordado entre las FARC y Langlois?

Vivimos en un mundo donde la información nunca ha sido tan abundante y tan veloz. Sin embargo, no hemos aprendido todavía a defendernos de la propaganda, especialmente cuando proviene de una zona de conflicto lejana o cerrada a la prensa. Hoy, los "movimientos de liberación" recurren a sus activistas expertos en el uso de las redes sociales. Y es así como se cuelan informaciones verosímiles pero falsas o dudosas. En esa carrera por ser el primero en publicar la nota, casi nadie toma el tiempo de contrastar los datos. Además, muchos periodistas caen en la tentación de dar más credibilidad a la versión de los grupos armados, incluso cuando la otra parte es un gobierno democrático, como es el caso en Colombia.

Con sus declaraciones imprudentes —las FARC "me han tratado como a un invitado"—, el francés Roméo Langlois ha demostrado que pertenece a ese grupo de corresponsales fascinados por las guerrillas, como hubo tantos en Centroamérica en los años 80. Sin embargo, no creo que su secuestro fuera un montaje, como lo han denunciado algunos colombianos y como lo sugiere el ex presidente Álvaro Uribe. El periodista acompañaba al Ejército en una operación rutinaria de destrucción de laboratorios de cocaína cuando fueron atacados por las FARC. Murieron cuatro soldados, incluyendo el encargado de la seguridad del francés. Hasta aquí, parece que fue un encuentro casual. Todo cambió cuando los guerrilleros se dieron cuenta de que tenían entre sus manos a un periodista simpatizante de la causa. Se pusieron las pilas, y Langlois estuvo feliz de poder colaborar en el show mediático que sería su liberación, 32 días después, en presencia de la Cruz Roja Internacional y de un enviado del nuevo presidente francés, el socialista François Hollande.

El periodista anunció que tenía una carta para Hollande, donde las FARC pedían la mediación de Francia para facilitar una negociación de paz en Colombia. La reacción sorprendentemente franca de Hollande, que recibió a Langlois en el palacio del Elíseo, acabó con las pretensiones de la guerrilla de involucrar a otros actores en el conflicto colombiano: "No tenemos que interferir en la política de Colombia […], Francia no tiene que comprometerse en ningún proceso". A las FARC les salió el tiro por la culata, porque lograron incomodar al presidente Juan Manuel Santos, que parecía muy dispuesto a dar unos pasos para abrir un diálogo con la guerrilla.

Volvamos ahora a Siria, donde ambas partes se acusan mutuamente de masacrar a cientos de civiles. Sabemos de sobra que Bashar el Assad es capaz de cualquier cosa para mantenerse en el poder. Sin embargo, hay también cada vez más indicios de que la oposición armada está dispuesta a hacer lo que sea para provocar una intervención militar internacional, como en Libia el año pasado. El Ejército Libre Sirio y los otros grupos armados se parapetan en las zonas pobladas para atacar a las Fuerzas Armadas, que responden con artillería. Pasó en la ciudad de Homs hace unos meses y ahora ha sido Hula, un pueblo cercano. Los civiles son rehenes de una estrategia cruel que no tendrá éxito. Los rusos, principales aliados de Damasco, no darán su brazo a torcer. Y los gobiernos occidentales, a pesar de las declaraciones lacrimógenas de sus dirigentes, no tienen la más mínima intención de lanzarse en una aventura mucho más peligrosa que la invasión de Irak en 2003.