Jueves, 29 de Septiembre de 2016
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Europa

Del bipartidismo al caos

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Tanto lo pidieron que se ha cumplido. El bipartidismo griego ha pasado a la historia, al menos temporalmente. Los indignados helénicos materializan así su más caro sueño: un parlamento troceado en siete pequeñísimos pedazos, con dificultades añadidas para formar gobierno y el bonus de 21 diputados neonazis.

Los griegos votaron ingobernabilidad en medio del huracán de pobreza que los azota. En unos pocos años, Grecia lo ha vivido casi todo: primero el electorado castigó a la derecha por mentir sobre el estado real de la economía. Luego, los severos recortes lanzaron a la calle al país, y conservadores y socialistas se vieron obligados a gobernar en alianza. Ambos partidos siguieron recortando, incluso las pensiones.

PASOK y Nueva Democracia, que durante años atrajeron a los principales votantes del centroizquierda y el centroderecha, respectivamente, no sumaron mayoría para salvar su pacto. En sistemas parlamentarios al uso, la atomización del voto es causa de serios conflictos. Bélgica, por ejemplo, no tuvo gobierno entre abril de 2010 y finales de 2011 (más de 500 días) por la fragmentación sucesiva del sufragio. El actual ejecutivo belga, que dirige el socialista Elio di Rupo, es fruto de una débil alianza entre seis partidos.

Las diferencias con el sistema presidencialista francés, que dispone de la utilísima segunda vuelta, son sustanciales. Ahora la Cámara griega debe elegir al primer ministro, teniendo en cuenta las mayorías conseguidas, pero las otrora columnas vertebrales tropiezan para encontrar aliados. La victoria de diputados antisistema, entre ellos comunistas y neonazis, ha complicado el escenario.

No hay dudas de que la clase política tendrá que asumir responsabilidades directas en la desafección del electorado más cercano al centro. Cuando se tuercen los intereses entre partidos y ciudadanos, las reacciones suelen ser peligrosas.

Una eclosión parecida ocurrió en Venezuela. Cuando adecos y copeyanos salieron del juego, zambullidos en un mar de corrupción e incapacidad, apareció el nuevo Mesías. En varios países de América Latina ha terminado la alternancia entre socialdemócratas, liberales y democristianos, en teoría fuente de estabilidad. Sus malas prácticas, entre otros factores, han provocado el surgimiento de peligrosos experimentos como los de Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa... El sustento ideológico de los nuevos "movimientos" parece una especie de pastiche en función de dos únicos objetivos: debilitar el sistema democrático y retener el poder. Por su parte, Cristina Fernández y el peronismo, esa enfermedad argentina, merecen un análisis diferente, casi psiquiátrico.

Pero, en Grecia, a la incapacidad de sus políticos hay que sumar la clamorosa ineptitud europea. La gestión de la UE produce vergüenza ajena. Entre la escasa armonización fiscal de sus 27 miembros, los complejos nacionalistas y una moneda única a medio hacer, la crisis económica comunitaria pinta para largo. Los que han sido gobernadores de facto de la Unión, Angela Merkel y Nicolás Sarkozy, son corresponsables del desastre electoral griego por imponer la austeridad extrema como único remedio.

En la España venida a menos, no parece que vaya a producirse una inminente dispersión radical del voto. De momento, la derecha castradora continúa liderando las encuestas, con el 40%. Probablemente esto resulte frustrante para ciertos líderes de la #spanishrevolution, enemigos declarados de las fuertes mayorías en torno a los dos grandes ejes ideológicos.

A diferencia de Grecia, en España nadie se verá obligado a poner en práctica las estrambóticas propuestas de los comunistas, pese al incremento de sus escaños. Tampoco acecha el peligro de la ultraderecha, que no tiene ni un asiento en las cámaras. El bipartidismo español goza de buena salud, aunque, a largo plazo, apretar las tuercas hasta la extenuación podría resultar peligroso.