Domingo, 25 de Septiembre de 2016
00:15 CEST.
Opinión

Periodismo maltrecho

En México, el crimen organizado parece haber tomado al pie de la letra el lema acuñado este año para la celebración, el 3 de mayo, del Día Mundial de la Libertad de Prensa: "Sin periodistas no hay periodismo. Sin periodismo no hay democracia". Y los grandes grupos delictivos no quieren ni prensa ni democracia. Por eso, con total impunidad, se dedican a eliminar a todos los que les pueden molestar. Lo acaban de hacer de nuevo en Veracruz, donde mataron con una crueldad pavorosa a varios reporteros.

Mientras los periodistas mexicanos arriesgan su integridad física en el ejercicio de su profesión, sus colegas europeos solo piensan en salvar sus empleos, amenazados por la crisis económica y los grandes cambios estructurales. En Madrid, cerca de 500 periodistas se concentraron en el paseo de la Castellana, el pasado jueves, para expresar su angustia ante los despidos masivos que se perfilan en el horizonte. Es una de las profesiones más afectadas por el desempleo y ningún medio está fuera de peligro, ni siquiera diarios tan poderosos como El Mundo y El País, que barajan una reducción de personal para frenar las pérdidas.

Como el resto del mundo, España ha entrado de lleno en la era digital, pero con una dificultad añadida por la brutal crisis económica, que golpea sin misericordia a la prensa de papel y merma los recursos necesarios para adaptarse a los nuevos tiempos. Además, las proclamas de algunos de sus directivos, que van pregonando urbi et orbi que "el papel ya ha muerto", no contribuyen a levantar los ánimos de los periodistas españoles. Claro, siempre estarán mejor que esos reporteros mexicanos que prefieren dejar la profesión antes que perder la vida.

El panorama es menos sombrío en otros países europeos de economía más dinámica. Es el caso de Alemania, claro, pero también de Francia, donde la campaña electoral ha dado mucho ímpetu a los medios. Las pasiones desatadas por los enfrentamientos entre los cuatro principales candidatos —dos de izquierda, François Hollande y Jean-Luc Mélenchon, y dos de derecha, Nicolas Sarkozy y Marine Le Pen— han sido exacerbadas por la cobertura en tiempo real en los canales de información permanente de la televisión y en las redes sociales.

Por primera vez en Francia, un medio digital ha cobrado relevancia en una campaña electoral. Lo ha logrado a través del escándalo, al denunciar una supuesta financiación ilegal de la candidatura del presidente actual, Nicolás Sarkozy. Según Mediapart, una web creada hace cuatro años, el exdictador libio Muamar Gadafi habría entregado 50 millones de euros para apoyar la campaña de Sarkozy en 2007. Ese rumor circulaba desde el año pasado, cuando el propio hijo de Gadafi, Saif al-Islam, amenazó con revelar "todos los detalles, las cuentas bancarias, los documentos y las transferencias". Nunca lo hizo, pese al papel determinante que tuvo el presidente francés en la intervención militar de la OTAN que acabaría con el régimen y la vida de Gadafi.

Por eso sorprendió la publicación por Mediapart, entre las dos vueltas electorales, de un documento supuestamente firmado en octubre de 2006 por el exjefe de los servicios secretos libio, Musa Kusa, que señala un "acuerdo de principio [para] ayudar a la campaña electoral de Sarkozy por un total de 50 millones de euros". No dice, sin embargo, si se entregó el dinero. El candidato presidencial denunció un "intento político de desestabilización" de su campaña y presentó inmediatamente una querella contra Mediapart por haber publicado a sabiendas un documento "falso". Desde Qatar, donde vive ahora, el propio Musa Kusa ha desmentido la existencia de esa nota, como lo ha hecho también el actual presidente libio, Mustafá Abdulyalil. En cambio, desde Túnez, donde está detenido, un exprimer ministro de Gadafi aseguró que el documento existe y que el dinero fue entregado.

Ninguno de ellos es de fiar, porque todos tienen un interés en el asunto, unos para quedar bien con Francia y otros para proteger su vida. El flanco débil está, sin embargo, en el medio digital que publicó el documento. Mediapart está dirigido por un controvertido exjefe de la redacción del diario Le Monde, Edwy Plenel, que "reveló" un escándalo muy similar en 1991. Esgrimió entonces una supuesta carta de un diplomático francés para acusar al Partido Socialista de haber recibido dinero del general panameño Manuel Antonio Noriega para financiar la reelección del presidente François Mitterrand en 1988. La carta era falsa.

Si se comprobara que también el documento libio es una fabricación de los enemigos de Sarkozy, Mediapart habrá hecho un flaco favor a la profesión. Parafraseando el lema del Día de la Libertad de Prensa, con este tipo de periodismo, tampoco hay democracia.