Jueves, 29 de Septiembre de 2016
01:28 CEST.
Opinión

Histeria transoceánica

Los insultos y las amenazas vuelan entre ambas orillas del Atlántico desde que Argentina decidió, el pasado lunes, expropiar de mala manera la empresa española Repsol-YPF. Madrid y Buenos Aires se han enzarzado en una pelea que va mucho más allá del tradicional conflicto diplomático y pone en peligro las relaciones comerciales entre dos naciones amigas. Sorprende esta crisis —"la peor desde los tiempos de la colonia", escribe un editorialista argentino—, pero sorprenden aún más las reacciones violentas de los internautas y de algunos líderes de opinión en ambos países.

Si de las redes sociales dependiera, la antigua colonia y la madre patria estarían al borde de la guerra. ¡Menos mal que los dos países no tienen una frontera común! Internet ha trasladado el campo de batalla a los foros de los periódicos, especialmente en El País y La Nación, donde varios artículos sobre ese asunto han tenido miles de comentarios de lectores. En lugar de balas, españoles y argentinos disparan invectivas y descalificaciones mutuas. Los primeros exigen de su Gobierno todo tipo de represalias económicas contra Buenos Aires y conminan a los "sudacas a largarse de España ya". Los otros acusan a los "gallegos" de "colonialistas" y de "codiciosos": "nos chuparon la sangre y se regresaron a su país con las valijas llenas de dólares".

Un diario español tuvo a bien de investigar la genealogía de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner (la suelen llamar CFK en la prensa argentina o simplemente "Cristina" en los diarios afines) y descubrió que era nieta de un gallego de Lugo, como tantos otros argentinos. Ese hallazgo no ha contribuido a suavizar el tono de los medios españoles, que por lo general no tienen ninguna simpatía por la mandataria peronista. "La viuda negra de Kirchner muestra sus garras afiladas", tituló un medio digital, que definía a la presidenta argentina como "una Che Guevara con falda y botox". Es el mensaje que transmitía también una foto particularmente pavorosa de CFK publicada en la portada del diario ABC, con ese título: "Expolio". El jefe de opinión del mismo diario no dudó en pedir al Gobierno de Mariano Rajoy de "consensuar una estrategia conjunta con la Unión Europea y forzar a Argentina a la asfixia económica". Esto equivale a una declaración de guerra. ¿Dónde quedó la diplomacia para dirimir los pleitos comerciales?

Existen instancias para resolver este tipo de conflictos, y Repsol pedirá el arbitraje del Centro Internacional sobre Diferencias relativas a Inversiones (Ciadi), que depende del Banco Mundial en Washington. Los españoles saben, sin embargo, que Argentina no suele respetar los fallos adversos.

Todos los juristas independientes citados por la prensa internacional consideran que la expropiación unilateral de la filial argentina de Repsol es un acto ilegal. Señalan que el Gobierno argentino ha violado los acuerdos firmados en 1998, cuando privatizó Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), y que además ha maniobrado para provocar, antes de la nacionalización, una caída sustancial de la cotización de la empresa en la Bolsa.

Tampoco Repsol está libre de toda culpa. Los directivos de la petrolera no son angelitos y no tienen muy buena fama en los países donde actúan, desde Bolivia hasta Libia. Mientras les conviene, se acomodan a las exigencias de las autoridades locales, pagan comisiones ilegales y no se desviven por el medio ambiente. Bueno, como casi todas las petroleras. ¿Por qué de repente el Gobierno argentino, que solo tenía elogios para el trabajo de Repsol, acusa ahora a la empresa de no invertir lo suficiente y la responsabiliza del déficit energético que obliga al país a importar más combustibles cada año? Es una decisión claramente política, diga lo que diga Axel Kicillof, el niño mimado de CFK, que ha sido encargado de darle un envoltorio supuestamente técnico a la expropiación de YPF.

La votación casi unánime del Senado a favor de la nacionalización indica que el gobierno peronista ha acertado. Todos los partidos, incluyendo los que han criticado el procedimiento de una expropiación hostil, coinciden sobre "la necesidad de que el Estado recupere el control de ese recurso estratégico". Ahora bien, ¿habrá alguna empresa extranjera dispuesta a arriesgar las inversiones colosales necesarias para explotar el yacimiento de hidrocarburos no convencionales (gas de pizarra) descubierto el año pasado por Repsol? Lo más probable es que los chinos, actualmente solicitados, se lo piensen dos veces y opten finalmente por la seguridad jurídica, como la que ofrece el presidente colombiano: "Aquí nosotros no expropiamos", dijo Juan Manuel Santos para desmarcarse del griterío nacionalista de algunos de sus colegas. Ese es el mensaje que quieren oír los inversionistas extranjeros.