Miércoles, 28 de Septiembre de 2016
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Literatura

Duele México

El México que nos duele. Crónica de un país sin rumbo, de Alejandro Rosas y Ricardo Cayuela (Planeta, Temas de Hoy, 2011) es un ensayo sin pretensiones, pero muy oportuno. Los autores, ambos nacidos en 1969, se consideran "parte de la generación que ha participado en la transición democrática" y, sin menospreciar los avances, "como lo hacen otros frívolamente", lamentan que el resultado haya sido "decepcionante". ¿Los responsables? La clase política, que no ha estado a la altura de las circunstancias, y también "la falta de mentalidad democrática de la que adolece una parte significativa de la sociedad".

Desde una perspectiva diferente —histórica para Rosas y vivencial para Cayuela—, los dos ensayistas llegan a una conclusión idéntica: "el país que hemos construido en doscientos años, esencialmente ha fracasado: no somos una nación ni justa ni próspera ni segura". La corrupción generalizada y la manipulación de la ley en función de intereses particulares han impedido la construcción de un "verdadero Estado de derecho". Y la falsificación permanente de la historia nacional ha sido, especialmente desde la revolución, una herramienta ideológica al servicio de los gobiernos de turno. Lo preocupante, aseguran los autores, es que poco ha cambiado desde la alternancia en el poder en el año 2000, después de setenta años de "dictadura perfecta". La sociedad sigue cautiva de su pasado autoritario, y las perspectivas no son muy halagüeñas, a falta de una renovación de la clase política y de un debate en profundidad sobre el futuro de la nación.

Me ha llamado la atención el capítulo dedicado por Ricardo Cayuela al auge espectacular de las clases medias. Lo hace sin cortarse un pelo, a sabiendas de que sus comentarios disgustarán a muchos. Describe el México que descubrió a su regreso en 2006, después de cinco años en Madrid como director de la edición española de la revista Letras Libres. "El país se llenó de gordos. De iletrados con poder adquisitivo. De abúlicos con ínfulas. (…) El sueño de la clase media se trocó en un par de lustros en una pesadilla. Y aun así nuestros más sublimes intelectuales, de honestas e impolutas trayectorias filo-priistas, siguen mareando la perdiz con el enésimo plan para que México sea algún día un país de clases medias. Señores, salgan de sus mansiones fortificadas en San Ángel y Polanco y dense una vuelta por el país real. Verán sus expectativas colmadas y nuestros sueños rotos; sus profecías cumplidas y nuestras esperanzas deshechas".

No se trata, sin embargo, de un alegato en contra del "milagro mexicano", que ha sacado de la pobreza a millones de ciudadanos "gracias al libre comercio, las pequeñas y medianas empresas de servicios, el auge de las nuevas tecnologías". El autor aplaude el hecho de que los mexicanos ya no esperan todo del Estado y crean sus propios negocios. El problema está en el modelo de desarrollo que menosprecia la educación y privilegia el consumismo exacerbado, con sus consecuencias trágicas para el medio ambiente. La contaminación, la deforestación, el desabastecimiento de agua potable amenazan la viabilidad de las grandes ciudades, que crecen sin ninguna planificación. Y con el aumento exponencial de las clases medias, se venden más coches, se abren más restaurantes y se multiplican los centros comerciales que "como hongos postatómicos destruyen el paisaje de todas las ciudades del país", se lamenta Cayuela.

Esa descripción no es exclusiva de México. Vale para cualquiera de los nuevos países capitalistas surgidos de lo que se llamaba antes el "tercer mundo". No es un consuelo, es un agravante. Acabo de ver en la prensa marroquí una campaña publicitaria que anuncia a bombo y platillo la apertura inminente, en Casablanca, del "quinto centro comercial más grande del mundo", el Morocco Mall. Ese "templo del lujo" acogerá, entre otras cosas, a todas las prestigiosas tiendas de ropa, unos 60 restaurantes y "la tercera fuente musical más alta del mundo, más de sesenta metros". La clase media, en plena expansión en un país de 31 millones de habitantes y mucha pobreza, se precipitará para comprar en ese nuevo santuario del consumismo. No lo dudo. Parafraseando a Ricardo Cayuela, Marruecos también se está llenando de gordos y de iletrados con poder adquisitivo. Empieza a pasar lo mismo en China y en la India, donde viven más de dos mil millones de personas. Si no se cambia rápidamente el rumbo hacia un desarrollo sostenible, el deseable crecimiento de las clases medias puede convertir en realidad las profecías apocalípticas del calentamiento global.