Lunes, 26 de Septiembre de 2016
23:39 CEST.
Colombia

Secuestros o política

La decisión de la guerrilla colombiana de renunciar a la odiosa práctica del secuestro no obedece a consideraciones éticas. Es un gesto político para crear las condiciones de una negociación y buscar una solución al conflicto que ha desangrado el país en los últimos cincuenta años. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) parecen estar convencidas de que el presidente, Juan Manuel Santos, no podrá resistir la tentación de figurar como el hombre que firmó la paz. Para Santos sería, además, un potente argumento de campaña para un segundo mandato. Pero, ¿qué es lo que busca realmente esta guerrilla?

Con excepción de sus aliados políticos, nadie les creyó cuando anunciaron, el 26 de febrero, que iban a poner fin a lo que llaman las "retenciones de personas con fines financieros". Es el eufemismo que usan para definir los secuestros de civiles para conseguir fondos. Según País Libre y Nueva Esperanza, dos organizaciones dedicadas a apoyar a las víctimas de secuestro, la guerrilla tiene en su poder a cientos de personas (la mitad habrían fallecido). Además, las FARC han mantenido en cautiverio a decenas de "rehenes canjeables", políticos y miembros de las fuerzas de seguridad que el grupo armado ha pretendido intercambiar por guerrilleros presos. En su comunicado, también anuncian la liberación de los últimos diez "canjeables" que quedan en sus manos.

Los secuestros llegaron a ser la principal vía de financiación de las FARC, antes de quedar relegada por la más rentable actividad del tráfico de cocaína. Es más, tener cautivos en la selva se ha convertido en un lastre para una guerrilla cada vez más arrinconada por la imparable ofensiva de las fuerzas armadas. Además, las fotografías y videos de rehenes encadenados y maltratados han tenido un enorme costo en términos de imagen dentro y fuera de Colombia. En contraste, las operaciones de rescate llevadas a cabo por el Ejército, que privaron a la guerrilla de sus rehenes más valiosos, como Ingrid Betancourt, contribuyeron a elevar la popularidad de los militares y del Gobierno.

Más que una concesión, renunciar a los secuestros era casi una necesidad operativa para las FARC. Además, seguirán con el narcotráfico y la "vacuna" (extorsión): si antes amenazaban con secuestrarte si no pagabas la vacuna, ahora te incendian la empresa, intimidan a la familia o, si te resistes demasiado, te matan.

Ahora bien, la clave de esta aparente flexibilización hay que buscarla en la nueva correlación de fuerzas. La estrategia de combate frontal puesta en marcha por el ex presidente Álvaro Uribe (2002-2010) tuvo un efecto demoledor para una guerrilla que había llegado a controlar buena parte del país. Las FARC han perdido 12 mil de sus 20 mil efectivos (bajas en combate, deserciones masivas y presos), y la mayoría de sus dirigentes históricos han caído en ataques del Ejército. Los ordenadores incautados a los líderes guerrilleros han dejado al descubierto todos los secretos de la organización, desde sus redes de apoyo hasta la complicidad de Hugo Chávez.

A raíz de la publicación de esos documentos, el presidente bolivariano, que había permitido la entrega de dinero y armas a las FARC, tuvo que poner freno a esas actividades hostiles hacia su vecino. Ahora, la enfermedad de Chávez genera una gran incertidumbre en la cúpula guerrillera. ¿Qué pasará con la retaguardia confortablemente instalada en Venezuela si Chávez no sobrevive al cáncer?

Los cambios surgidos en la dirigencia de las FARC a raíz de la muerte, en 2011, de su secretario general, Alfonso Cano, podrían haber abierto la puerta a un cambio de estrategia. El nuevo jefe, Rodrigo Londoño, alias Timochenko —que por cierto se escondía en Venezuela— es, según algunos analistas, menos dogmático que su antecesor.

Sea como fuere, el anuncio de las FARC ha sido recibido con sumo escepticismo por la opinión pública colombiana, curtida ya por años de mentiras. De hecho, varios días después del comunicado, la guerrilla secuestró a un grupo de trabajadores petroleros en Arauca. Y sigue con su campaña de atentados contra las infraestructuras y las fuerzas de seguridad.

El presidente Santos, en cambio, no quiso cerrar ninguna puerta. "Valoramos el anuncio de las FARC de renunciar al secuestro como un paso importante y necesario", dijo. Pero exigió la liberación inmediata de todos los secuestrados, el fin de las emboscadas y el cese de ataques contra la población civil. Santos, ex ministro de Defensa con Uribe, sabe con quién se juega los cuartos. Les ganó la partida militar y está dispuesto a rematar en la mesa de negociación. Ahora que el país por fin ha despegado, los colombianos no le perdonarían que cediera ante un grupo que les ha hecho tanto daño.