Viernes, 30 de Septiembre de 2016
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Venezuela

La despedida

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¿Qué podrían pensar los escritores del llamado realismo mágico del espectáculo protagonizado por Hugo Chávez despidiéndose rumbo a Cuba, otrora paraíso transformado en Averno, a un nuevo encuentro con su enfermedad? Esperpéntico Grand-Guignol tropical que muestra las intuiciones éticas y estéticas de un desgobierno que, por más que lo intente disimular, se está cayendo a pedazos. Invocaciones de todo tipo a las diversas deidades del panteón sincrético chavista (¿alguien sabrá quiénes son esos mentados "dioses de la sabana"?), apretando a la realidad para que se rinda ante la voluntad del Líder Máximo. Confusión de la historia con sus aspiraciones de ser mito, la pasión sentimentaloide colocada por encima de una verdadera razón civilista y republicana. (Chávez viaja a Cuba, mientras el macabro reporte semanal indica que vamos con alas desplegadas a batir el récord del pasado año en materia de asesinatos por parte del hampa organizada.)

El comandante-presidente-mártir, en plena temporada de Globos de Oro y de premios Oscar, dentro de su batahola tropical rumbo al aeropuerto, lucía cual pez en el agua. Y es que para dicho papel —el de supuesta víctima que lucha contra un destino que se le atraviesa en sus designios de poder— se ha preparado toda su vida. Porque, él así lo ha dicho, se considera la reencarnación de Simón Bolívar. Y por ello, nada podría ser más argumentalmente correcto que su desaparición sea como la del héroe patrio. A Chávez —es muy sabido— le gusta citar a Bolívar, especialmente al Bolívar "hombre de las dificultades", o al de la última proclama en Santa Marta: "si mi muerte contribuye a que cesen los partidos y se consolide la Unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro."

Lo que pasa es que, enloquecido por su ego gigantesco, Chávez no se da cuenta de que el papel le queda grande, que si algo se recordará de su gestión presidencial es que en vez de unión impulsó el odio, en vez de concordia, persecución y enemistad, en lugar de independencia, la mayor dependencia posible frente al anciano dinosaurio de Cuba. Nunca, como con Chávez, Venezuela fue menos independiente y más colonia, desde 1830 hasta la fecha.

¿Capriles contra el reemplazo de Chávez?

Sobre los temas de la despedida y del retorno, de la adversidad y su confrontación, tratará Chávez de construir una narrativa para enfrentar al joven líder de la república civilista y democrática, Henrique Capriles Radonski. No le queda otra opción, ante la pérdida de vigencia de sus dos tácticas convencionales de lucha electoral: la representación del futuro frente al pasado, y la de la lucha de clases, pobres contra ricos.

Ambas tácticas se derrumbaron el 12 de febrero, en las primarias opositoras. Chávez es el pasado, frente a un enérgico, juvenil y exitoso gobernador de Miranda, Capriles Radonski. Y es que Chávez no solo es ya pasado después de trece años en el poder; él siempre significó el retorno del pasado, de la Venezuela caudillista y militarista. Y el argumento de la lucha de clases da risa cuando, una vez más, los barrios de Petare, de Maracaibo, del Oeste de Caracas, se levantaron para votar por los candidatos democráticos.

Capriles entra a la liza con la mayor de las legitimaciones posibles: más de tres millones de venezolanos unidos en un nuevo pacto republicano, quizá superior al Pacto de Puntofijo, que consolidara la unidad democrática a la caída de la dictadura de Pérez Jiménez en 1958.

Chávez, por ende, para sobrevivir e intentar recuperar el terreno que él mismo se ha encargado de perder, está comenzando la Misión más importante de su vida: La Misión Pobrecito Yo.

Con su Misión Pobrecito Yo, construida a la medida de su aparente despedida política y personal, seguirán las manipulaciones, engaños y mentiras acostumbrados por este gobierno. ¿Por qué los paraguayos, argentinos o brasileños están informados día a día de los padecimientos de sus mandatarios, y los venezolanos no podemos saber en verdad qué le pasa a Chávez? El problema va mucho más allá de la burla y el escarnio que generan sargentos como Cabello o Izarra, desautorizados por el propio Chávez, luego de que llamaran "canalla" a la prensa independiente, venezolana y extranjera, que sí sabía del nuevo viaje de Chávez a Cuba, y de que era muy posible que se necesitara otra operación.

Cabello o Izarra no pueden decir la verdad porque no están acostumbrados a negociar con ella, porque en la esencia misma del chavismo está el ser falaz. Si Chávez llegara a afirmar que el sol sale por el oeste, toda su corte de los milagros lo acompañaría en el error sin chistar. Este gobierno ha sido prueba rotunda de la frase de Montaigne: "El reverso de la verdad tiene mil formas y un campo ilimitado."

Frente a la agresión, la manipulación y la mentira, la oposición ha construido un valladar impenetrable: el respeto a la constitución, punto nuclear de cualquier reconstrucción nacional. Y la exigencia, en el tema de la enfermedad presidencial, de transparencia. Como se afirma en un comunicado reciente de la Mesa de la Unidad Democrática, "decir la verdad es un deber democrático con el pueblo venezolano (…), las perniciosas consecuencias de la opacidad informativa, se combaten con información responsable, clara y oportuna". "Somos la alternativa Constitucional. Nadie se pierde dentro de la Constitución, nadie gana fuera de la Constitución. Venezuela es una República y la garantía de su estabilidad, su paz y su progreso, está en el cumplimiento de la Carta Fundamental. Allí está la seguridad para todos los venezolanos, civiles o militares, investidos de autoridad o no. Las faltas de un Presidente están reguladas por la Constitución. Ella nos dice qué hacer. Actuaremos apegados a ella, como lo hemos venido haciendo, y expresamos nuestra seguridad, que si así procedemos los venezolanos, Venezuela será siempre el país para vivir y progresar en paz que todos aspiramos." Y es que la verdad siempre es obstinada.

El triunfo popular del 12 de febrero descompuso mucho al autócrata. La enfermedad física que retorna con su terrible sombra, la continua preocupación por su salud política, las perennes molestias con quienes le rodean, desconfianza ante todo y ante todos. Quizá tenga razón Lula cuando afirmara, según el periodista Merval Pereira, que "Chávez se va a perjudicar por su paranoia". Claro, por otra parte, Chávez a lo mejor recuerda el caso del cabito Castro, quien yéndose a operar a Europa en 1908, le dejó el coroto para que se lo cuidara a su compadre Juan Vicente Gómez, y más nunca pisó tierra patria en vida. Gómez, entretanto, gobernó por 27 años. Pensar en un posible reemplazo debe tener al Enfermo No. 1 muy angustiado. El actual vicedios pareciera ser Diosdado Cabello. Pero nos recuerda Benedetti, "el vicedios siempre es ateo".

Con todo eso tenemos que lidiar los venezolanos. Con la demagogia y la soberbia de una revolución de cartón-piedra y engaño, de decadencia civilista y cultura de cuartel, de individuos en el poder sin derecho a biografía, en palabras de Luis Castro Leiva. Pero el 12F demostró que estamos preparados. Es que los conocemos bien, como al alacrán del cuento.