Jueves, 29 de Septiembre de 2016
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Obituario

Havel, el que cuidaba el fuego mientras los demás dormían

La escritora checa Eda Kriseová escribió en 1991 quizás la primera biografía sobre Václav Havel. Alguien dijo que era demasiado pronto, puesto que la Revolución de Terciopelo había ocurrido recién en 1989. En los últimos 20 años se escribieron muchos  y muy buenos artículos y libros sobre el dramaturgo que derrotó al comunismo, pero Kriseová desveló en su libro algo único que cobra actualidad tras la desaparición de Havel.

Comparó al disidente anticomunista con uno de aquellos hombres que en tiempos remotos cuidaban el fuego mientras la tribu dormía. Nos recuerda que cuando la sociedad checoslovaca dormía el sueño de los conformistas y de las mentiras convertidas en ley por los jerarcas comunistas, Havel, desde el balcón de su apartamento a orillas del río Moldava, en Praga, se desvelaba cuidando la llamita que un día iluminaría el camino hacia la libertad y democracia.

El 17 de noviembre de 1989 los checoslovacos y el mundo percibieron los primeros destellos de aquella luz que poco a poco fue creciendo hasta permitir que la libertad y la democracia se filtraran por la roída Cortina de Hierro.

En la tierra de Kafka

Después de aquellos días convulsos de noviembre de 1989, y con los comunistas preparándose para salir en estampida, Havel insistió en la necesidad de crear un orden mínimo y dar protagonismo a la sociedad. Fue así como surgió el Foro Cívico, la primera agrupación política independiente en un país donde el gobierno comunista todavía no había sido sustituido por las fuerzas democráticas.

Con un discurso sencillo, pero contundente, Havel el primer portavoz de Carta 77, el movimiento disidente anticomunista que pidió cuentas al régimen totalitario y le exigió que no violara sus propias leyes, resultó el candidato idóneo para la silla presidencial.

Ni él ni su esposa Olga se lo tomaron en serio. Václav Havel tenía ideas muy claras sobre la democracia, la libertad y el respeto de los Derechos Humanos, pero no aspiraba a la silla presidencial.

Después de su investimiento como presidente de la República y con la sencillez que le caracterizó toda la vida dijo que la había ocurrido como a aquel personaje de La metamorfosis de Kafka que cuando se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en…presidente de la República, cargo que desempeñó durante 13 años.

¡Fuera soldados rusos!

Una de las primeras medidas del equipo encabezado por el dramaturgo convertido en presidente fue expulsar de manera pacífica a los miles de soldados soviéticos que ocuparon el país desde 1968, cuando Alexander Dubcek intentó poner un "rostro humano al socialismo".

Václav  Havel siempre desconfió del Kremlin. A diferencia del presidente de turno, Václav Klaus, Havel guardó una distancia más que pertinente y denunció que la democracia es algo muy diferente a lo que profesa Vladimir Putin.

Tras un exitoso trabajo de relojería, el 1 de julio de 1991 se firmó en Praga la disolución del Pacto de Varsovia. Václav Havel pudo entonces respirar tranquilo, pero no bajó la guardia y siguió con atención los pasos de Moscú.

El Dalai Lama, Cuba y los presos políticos

Defensor de los Derechos Humanos, Václav Havel desafió a China y a varios políticos occidentales. Fue el primer mandatario europeo en invitar al líder tibetano y Premio Nobel de la Paz, Dalai Lama, a una visita de Estado a Praga.

Convencido del "poder de los sin poder", fue firme en la lucha contra la injusticia y contra la violación de los Derechos Humanos en el mundo. Una semana antes de morir, invitó al Dalai Lama a Praga y juntos firmaron una declaración de solidaridad con todos los presos políticos del mundo, cualquiera que sea el país en que se encuentren.

Václav Havel se sumó a un sinnúmero de actividades de solidaridad con los presos políticos cubanos y con sus familiares, e invitó a Praga a antiguos presos de conciencia y a opositores: Oswaldo Payá Sardiñas, Elizardo Sánchez y muchos más. Pudo entrevistarse con algunos, mientras que otros no pudieron salir de la Isla por decisión del régimen de La Habana.

Viajó a Miami, escuchó a los opositores y exiliados cubanos, para expresarles que la democracia y la libertad son derechos de todos los hombres, al tiempo que recordó que una vez alcanzadas democracia y libertad hay que saber protegerlas para que no caigan en manos corruptas.

Havel apostó por el poder  y la fuerza de la sociedad cívica y nunca se cansó de repetir que "el que decide sobre el futuro del país son los propios ciudadanos, y no la derecha o la izquierda".

Esa parece ser la llamita que ha de cuidarse mientras los demás duermen.