Sábado, 1 de Octubre de 2016
00:18 CEST.
Periodismo

La prensa entre lobos

Unos 300 periodistas hondureños salieron este mes a las calles de Tegucigalpa a exigirle a las bandas de asesinos que no los maten. Que les permitan hacer su trabajo y regresar vivos a casa después de la jornada. Y al Gobierno del presidente Porfirio Lobo la orden urgente a la fuerza pública para que los proteja como está establecido en la Constitución.

Era una pequeña concentración de hombres y mujeres que hallaron un sitio para esconder sus miedos y salieron a defender el derecho a informar y a opinar en una sociedad enferma por la violencia. Un país con una tasa de asesinato de 82 personas por cada 100.000 habitantes y un rastro de sangre ancho y espeso.

Los comunicadores trataron de dejar un documento con sus reclamos en la Casa Presidencial, pero fueron desalojados a golpes y con gases lacrimógenos por un comando de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional.

Desde el año 2010 hasta el día de hoy han sido asesinados en Honduras 17 periodistas. La manifestación de los trabajadores de la prensa fue una manera de reaccionar ante la muerte a tiros, hace pocos días, de la presentadora Luz Marina Paz cuando viajaba en automóvil a la emisora donde hacía un programa de noticias.

La ausencia de investigaciones de los crímenes, la indolencia de las autoridades (dicen que están a la espera de ayuda de Estados Unidos y de España) y la atmósfera de terror que se vive en el país conspiran en contra de la libertad de expresión y hacen crecer la autocensura.

El asesinato es el acto final y tiene mayor resonancia. Sin embargo, la vida diaria de los periodistas está marcada por una corriente intimidatoria que incluye amenazas a ellos y a sus familiares (pistolas en la cabeza, mensajes por correo, llamadas telefónicas), tiroteos a sedes de diarios y emisoras, seguimientos y chequeos permanentes.

Los profesionales y los medios que sufren con mayor intensidad el hostigamiento son los que reportan casos de presunta corrupción en el cuerpo de la policía y publican piezas sobre la falta de transparencia en la Administración.

La marcha de los comunicadores por Tegucigalpa no fue bulliciosa y beligerante. Llevaban fotos de sus compañeros asesinados. Y coreaban, de vez en cuando, esta consigna: "No se mata la verdad matando periodistas".

 


Este artículo apareció en El Mundo. Se reproduce con autorización del autor.