Domingo, 17 de Diciembre de 2017
05:39 CET.
Opinión

Editorial: Cambio de gobierno en España

Después de Estados Unidos, España es el país con mayor peso en la política internacional respecto a Cuba. Este domingo, en España se ha producido una holgada victoria electoral del conservador Partido Popular (PP). ¿Qué significa este cambio de Gobierno? En el orden interno, corresponderá a los españoles discernir acerca de ello. Para los cubanos, representa el cierre del polémico mandato de José Luis Rodríguez Zapatero.

Durante las dos legislaturas socialistas, las relaciones entre Cuba y España experimentaron acontecimientos de diversos significados. Entre los positivos puede contarse la salida de la cárcel del poeta y periodista Raúl Rivero y de un grupo importante de presos políticos, en diferentes fases, gracias a la presión de la sociedad civil cubana y a las gestiones de Madrid y de la Iglesia Católica. Se produjo también la reanudación —siempre relativa debido a la obstinada política de Fidel Castro— del intercambio cultural y de la cooperación al desarrollo, a pesar de no haber sido reabierto el Centro Cultural Español en la capital cubana.

Por otra parte, los aspectos negativos de la política de Madrid hacia La Habana causaron honda preocupación en el exilio. En 2007, por iniciativa de España y del entonces comisario europeo de Desarrollo, la Unión Europea eliminó las sanciones impuestas a La Habana a raíz de la ola represiva de 2003. A partir de ese momento, el canciller español Miguel Ángel Moratinos intentó sin éxito suspender la Posición Común de la UE, extremo que luego corrigió discretamente su sucesora, Trinidad Jiménez.

A tono con los reclamos del PP mientras estuvo en la oposición, esta nueva etapa en la relación entre ambos países debería ser de solidaridad manifiesta con la disidencia interna y de respeto hacia el exilio. Y, a la vez, debería conservar los elementos positivos del intercambio pueblo a pueblo.

Al gobierno de Mariano Rajoy le tocará lidiar con una dictadura que ya ha visto pasar a cinco presidentes en tres décadas de democracia española, que mantiene encarcelados a casi un centenar de presos políticos y que sostiene un panorama represivo desolador.

No será fácil para el Partido Popular articular una relación diplomática mínimamente cordial con el régimen, debido a la predisposición histórica de los Castro hacia cualquier gobierno que los cuestione. Pero la política es el arte de lo posible. Hay mucho trabajo por delante: las relaciones comerciales y culturales; una operación humanitaria aún en marcha que incluye a más de 600 personas, entre ex-presos políticos y familiares llegados a España; la reanudación de invitaciones a los disidentes a la Embajada española en La Habana; así como la apertura del Consulado General en Santiago de Cuba, aprobada por Zapatero pero nunca ejecutada; entre otros asuntos.

Ha terminado la era de Zapatero y comienza la de Rajoy.

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